A partir de hoy, esta columna aparecerá los lunes, cada 15 días.
Científicos y profesionales de la salud mental se han hecho esta inquietante y honesta pregunta y se han abocado al estudio del proceso terapéutico con el fin de legitimar su eficacia. Los resultados han sido sorprendentes y han echado por tierra los argumentos a favor o en contra de una u otra teoría o técnica terapéutica. Los estudios indican que los dos factores más importantes para lograr cambios en los síntomas y en los trastornos mentales son justamente los que constituyen la esencia misma del proceso: la calidad de la relación entre paciente y terapeuta y el compromiso emocional del paciente.
Repitiendo las palabras de la sicóloga chilena Alejandra Haeberte, "aunque el rol del terapeuta es significativo, es el paciente mismo quien más contribuye a su propio cambio."
Para que esto ocurra, para que el paciente logre cumplir con los objetivos que se propone, es necesario que se establezca una relación de confianza, una alianza terapéutica, por la cual la persona pueda expresar sus pensamientos y sentimientos más íntimos y personales en cada encuentro con su terapeuta. Este acto se parece a la confesión, ya que es necesario hablar de cosas tales como los deseos, aspiraciones, sueños, fracasos, culpas, de lo que se teme, lo que se añora, lo que gusta y disgusta.
El papel del terapeuta es el de "facilitador" y colaborador, quien escucha y ofrece puntos de vista diferentes que ayudarán al paciente a adquirir una perspectiva más rica, completa y realista de su propia vida.
Algunas personas sienten que hay una barrera infranqueable que les impide "exponerse" de esta manera ante otro ser humano, no logran superar el hecho de que el profesional es en el primer momento, un desconocido. Esta dificultad se agudiza en culturas como la nuestra, en la que se privilegian las relaciones familiares y los vínculos arraigados.
La tradición cultural que nos caracteriza, y que se extiende no sólo al núcleo familiar sino también a la familia más extensa (primos, tíos, abuelos), crea vínculos estrechos entre los miembros del grupo familiar y una especie de identidad compartida y una lealtad incuestionable. Existe un entendimiento profundo de la fuerza gravitatoria de estas relaciones. Predomina la conciencia de que la decisión tomada por una persona puede tener consecuencias significativas para la familia.
Es por eso que en la comunidad hispana, por ejemplo, las personas tienden a evitar la búsqueda de ayuda fuera del núcleo familiar. Si lo hace será más bien la consulta con amigos o con el sacerdote.
Para muchos grupos culturales en los que se considera la amistad profunda como condición previa para poder hablar de asuntos personales, la sicoterapia es percibida como algo extraño, absurdo, inadecuado.
Si has considerado la posibilidad de comenzar un tratamiento sicoterapéutico, ya sea porque ha reconocido que los problemas personales afectan su vida y la de sus seres queridos o porque se lo ha recomendado su médico, y ha sentido dudas o incomodidad al pensar que deberá revelar sus secretos más profundos ante un desconocido, quizás le ayude entender cual es la función del terapeuta.
Dicha función consiste en reflexionar sobre los contenidos verbales y no verbales que surgen de la relación con la persona que viene a la consulta.
El profesional debe tomar una posición "neutral", en la que se suspende el juicio (en el sentido de juzgar moralmente, o condenar) en beneficio de la introspección, la autoobservación y el descubrimiento de contenidos inconscientes. Es difícil que un amigo o un miembro de la familia logren tomar una distancia emocional que les permita la clase de percepción sin prejuicios, imparcial, necesaria para alcanzar los cambios deseados.
La sicóloga Haeberte afirma que "la sicoterapia bien podría ser considerada, más que como un mero tratamiento, como una suerte de relación muy especial y privilegiada, dentro de la cual las personas involucradas, en conjunto, construyen e intentan poner en práctica formas de vida alternativas.
Se pretende que el paciente aprenda y aprehenda determinadas habilidades tanto para su evolución general como para enfrentar las dificultades propias de la existencia humana".
Las cualidades del terapeuta que favorecen el éxito del proceso son: empatía, comprensión, calidez, aceptación incondicional, capacidad de persuasión y apoyo, baja hostilidad, comodidad con la intimidad, bienestar emocional general, congruencia, credibilidad y autenticidad. En un marco de tales características, puede generarse el vínculo apropiado como para que el paciente incorpore las intervenciones del terapeuta, en el objetivo de enriquecer su existencia.
Weisz es sicoterapeuta con práctica en Dallas. Puedes escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com o llamar al 972-248-8416.