Arlington La noche previa al primer día de clases fue emotiva para Luke, Mary y Cisco, tres de los hijos de María Marrujo y Albert Guzmán.
Los niños de 7, 6 y 4 años metían y sacaban útiles escolares de sus mochilas nuevas.
"Me gusta ir a la escuela, me siento entusiasmada", dijo Mary mientras acomodaba una caja de ocho marcadores de diversos colores en la mochila.
FOTOS: BEN TORRES/AL DÍA
María Marrujo (izq.) observa a su hija Jayla Guzmán, de dos años, mientras duerme. Marrujo vive con sus hijos y su esposo Albert Guzmán en el albergue del Salvation Army en Arlington.
Por la mañana, una camioneta de la agencia caritativa Mission Arlington pasó por ellos y por sus dos hermanas mayores, Tiffany y Destiny, de 11 y 10 años, para transportarlos a sus respectivas escuelas del distrito escolar de Arlington, y para llevar a sus dos hermanitas Jayla y Mia, de 2 años y de 11 meses, a la guardería.
Por la tarde, la misma van los regresó a todos al albergue del Salvation Army que ha sido el hogar familiar desde marzo.
"Todo estuvo bien y los niños están muy entusiasmados de ir a la escuela", dijo Marrujo, de 36 años, mientras sus niños convivían con otros en la guardería del Salvation Army.
La madre tiene esperanzas en el futuro, pero sabe que ella y sus hijos deben superar los retos del presente.
La familia terminó en el albergue luego que el jefe de familia perdió su empleo en una empresa de construcción. El padre encontró trabajo como guardia de seguridad en un club, pero es un empleo de medio tiempo que no le permite a la familia la independencia económica que necesita.
"Quiero ahorrar dinero para poder salir de aquí", afirmó con resolución. "Las cosas son difíciles para los niños, ellos ya no quieren estar aquí, quieren una vida normal".
Agregó que está por iniciar un empleo temporal de limpieza en las cafeterías escolares del Arlington ISD.
Tan sólo en las escuelas de Arlington, alrededor de 1,000 niños no tienen un domicilio permanente. Sus familias viven en albergues o temporalmente en casas de familiares o amigos.
De acuerdo a un estudio del Centro Nacional de Leyes de Vivienda y Pobreza, cada año unos 1.35 millones menores en el país que no cuentan con un hogar permanente, y un total de 3.5 millones de adultos enfrentan una situación similar.
En el condado de Tarrant, que incluye la ciudad de Arlington, hay cuando menos 4,000 personas sin vivienda, de las cuales el 28.8 por ciento son menores, según un estudio de un comité para eliminar la indigencia en la ciudad de Fort Worth.
Combaten conjuntamente
la indigencia escolar
Funcionarios escolares y de grupos caritativos como el Salvation Army y Mission Arlington están conscientes del problema de la falta de vivienda entre familias con niños en edad escolar, por eso tratan de conjugar esfuerzos para ayudarlos a sobrellevar la situación.
El albergue del Salvation Army provee recámaras separadas para las familias y las ayuda con alimentos y ropa. Mission Arlington patrocina el transporte escolar. Y los administradores del distrito escolar tratan de hacer lo posible para que los alumnos de familias indigentes no se sientan excluidos o señalados por sus compañeros.
El distrito escolar de Arlington también pone a disposición de los estudiantes indigentes a consejeros que les ayudan a sobrellevar, emocionalmente, su situación. También tienen programas de tutoría académica para que no se atrasen en sus materias por distracciones extraescolares. A través de su programa para "estudiantes en transición", el distrito también busca referir a sus familias a las agencias de gobierno que pueden asistirlas.
"El no tener vivienda puede ser traumático para un niño y algo que le puede afectar por mucho tiempo, ya que cuando crecen recuerdan que no tuvieron un hogar de niños", dijo Steve Berg, vicepresidente de la Alianza Nacional para Eliminar la Indigencia.
Este estigma psicológico también puede interferir con el aprendizaje, agregó.
De hecho, una de las familias en el albergue comentó que una de sus hijas ha reprobado el tercer grado dos veces, y que uno de sus hijos tiene problemas de incontinencia. La familia atribuye estos problemas a la instabilidad de su situación económica y de vivienda.
BEN TORRES/AL DÍA
Mary Marrujo, de 7 años, mira la televisión con sus hermanos luego de organizar sus útiles escolares para el primer día de clases.
Algunos adolescentes que llegaron con sus familias al albergue se han ido a vivir con otros parientes, ya que no quieren vivir entre indigentes, según sus familias. Esos adolescentes hasta pidieron iniciar el año escolar en otra preparatoria, ya que no quieren que nadie sepa que antes vivieron en un albergue, afirman las familias.
La familia de Marrujo vive y duerme en dos cuartos pequeños, que se conectan por medio de una puerta. La familia comparte la cafetería y el salón de juegos con otros residentes del abergue.
En una de las habitaciones hay una cama mediana y una cuna, mientras que la otra recámara tiene dos literas. En un cuarto hay una cómoda con un televisor encima, aparato que Marrujo trajo con ella al llegar al albergue. También hay fotos familiares enmarcadas y colocadas en un librero.
Pero la mayoría de las posesiones de la familia han sido donadas por el Salvation Army.
Las pertenencias no son muy importantes, afirma Marrujo, pero es difícil no poder proveer otras cosas que todo niño desea.
"No tenemos mucho dinero para gastar, así que no podemos salir y llevar a los niños a pasear", afirmó.
Pat Patey, portavoz del Salvation Army, dijo que el promedio de estancia de las familias en el albergue es de 95 días. "Tratamos de ayudar a la gente hasta que consiga empleo y un salario fijo", dijo Patey.
El Salvation Army también ayuda a familias con consejería para aprender a manejar sus finanzas, clases de cuidado infantil y otras.
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