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Autoridades ignoran a algunos indocumentados

12:00 AM CDT on Saturday, May 3, 2008

ASSOCIATED PRESS

El Paso – Josefa González ha cruzado la frontera sin los papeles correspondientes al menos 128 veces en los últimos ocho años. Y en todos los casos la Patrulla Fronteriza la trató bien y la ayudó a regresar a casa.

González es parte de un grupo de mujeres y niños indígenas del estado de Oaxaca, al sur de México, a los que no les interesa quedarse en Estados Unidos. Lo único que quieren es pedir limosna frente a comercios de El Paso, usando a los pequeños como carnada.

Al final de una productiva jornada, esperan que la Patrulla Fronteriza las recoja y las lleve del otro lado.

Todos los días se repiten historias como esta, que producen miles de arrestos que quedan en la nada, ya que nadie es procesado.

Los indígenas de Oaxaca se benefician del hecho de que las leyes dan a los agentes discreción para evitar la separación de adultos y niños, e incluso para no apresar a alguien que cometió alguna infracción.

"Podríamos apresarlos y procesarlos", dijo el agente Ramiro Cordero. "Pero antes de separar a una familia hay que analizar el aspecto humanitario en toda su complejidad".

En el año fiscal que comenzó en octubre fueron detenidos 500 oaxaqueños, mujeres y niños, algunos de ellos varias veces.

González y sus acompañantes, vestidos todos con coloridas indumentarias típicas de su región, cruzan el río Bravo con la ayuda de un guía. A veces los descubren, pero saben cómo evitar a la Patrulla Fronteriza, a pesar de que cruzan siempre por el mismo lugar. Con frecuencia los agentes se dan cuenta de que llegaron al ver las pequeñas huellas que dejan en la ribera del río.

Ya en territorio estadounidense, González, quien habla sólo un dialecto de los indios de Oaxaca, toma un autobús hasta un centro comercial a pocos kilómetros de la frontera, aunque lo suficientemente distante como para no tener que cruzarse con agentes de la Patrulla Fronteriza. Una vez allí, comienza a mendigar.

Los agentes fronterizos dicen que cuando el grupo está listo para regresar, se congrega frente a un local y se sientan a esperar. Saben que su presencia causará conmoción y que los agentes pasarán a recogerlos.

Efectivamente, al poco tiempo llegan y se los llevan. Les toman sus fotos y sus huellas digitales, y los acompañan a la frontera, donde los dejan en libertad.

"La mitad de las veces, si uno los ve a todos juntos, es porque están listos para regresar", dijo Cordero.

González fue arrestada 128 veces. A pesar del endurecimiento de las medidas para controlar la frontera, no obstante, nunca fue encarcelada.

La mayoría de los indocumentados no puede contar con la benevolencia de los agentes fronterizos. A diferencia de lo que ocurre con los oaxaqueños y otros mexicanos detenidos cerca de la frontera, todo indocumentado arrestado en el país es separado de sus hijos, algunos de los cuales son entregados a custodios a la espera de que se defina la deportación de sus padres.

Cordero dijo que los agentes tienen autoridad para "analizar las circunstancias" al decidir si hay que procesar a un indocumentado.

"Vienen a mendigar. No quieren quedarse en Estados Unidos", expresó.

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