Dos horas le alcanzaron a José Luis Sánchez y a su familia para acomodar en dos camionetas Van las pertenencias más valiosas que acumularon en los últimos 10 años de sus vidas al norte del Río Grande.
ROBERTO M. SÁNCHEZ/AL DÍA
Nayelli (centro) y Keila (der.), esperan afuera de un closet mientras su hermana y su madre empacan las pertenencias de la familia, que tras 10 años regresó a México ante las adversidades económicas y el ambiente antiinmigrante.
Cuando su esposa, sus hijos y todas las maletas estaban en su sitio, Sánchez cerró por última vez la puerta de su diminuto apartamento en Mesquite.
Luego se puso al volante de uno de los autos (su hermano guiaba el otro), y emprendió el regreso a su tierra, poniéndole fin a su aventura de una década como inmigrante mexicano en Estados Unidos.
Sánchez, nacido en Nuevo Laredo, Tamaulipas, llegó a Texas en 1998 con su esposa, dos hijas y un hijo. Durante los primeros años, laborar en la construcción le dio suficiente para proveer a su familia, que incluso decidió expandirla. Tuvo dos hijas más aquí.
Luego de años de arduo trabajo y cuando sus hijos ya estaban integrados a la nueva cultura y perfectamente bilingües, su sueño americano empezó a desmoronarse.
En los últimos años, y de manera especial en los últimos meses, el trabajo comenzó con intermitencias y, sus ingresos a menguar a la misma velocidad con que se multiplicaban necesidades y desasosiegos.
"Alguien como yo, si no trabaja un día, tiene que ver de dónde le va a dar de comer a la familia al día siguiente. (Los trabajadores como yo en EU) nunca tenemos estabilidad, ni siquiera cuando la economía del país va bien, ¿imagínate ahorita?", dice Sánchez, que no tiene permiso de trabajo ni residencia legal y por tanto batalla para encontrar trabajo estable.
Entonces decidió regresar a México.
Su historia de regreso ha sido opacada por el casi inagotable flujo de crónicas sobre inmigrantes de todo origen que continúan llegando a este país.
Pero las historias de inmigrantes que deciden regresar por la mala economía o por un ambiente migratorio más restrictivo son cada vez más comunes. Testimonios personales y documentación de los consulados mexicanos en Dallas y otras ciudades del país confirman esa tendencia.
En Dallas, en lo que va del año, unas 400 familias, incluida la de Sánchez, acudieron al consulado de México para solicitar "documentos de transferencia" para sus hijos.
A los mexicanos que deciden regresar a su país, estas constancias les permiten reinscribir en una escuela a los hijos que cursaban primaria o secundaria en Estados Unidos tan pronto lleguen a México.
"Prefiero (regresarme) aunque tengamos menos, pero que tengamos siempre. A la mejor comemos sólo frijoles con tortillas, pero todos los días", dice Sánchez.
"Los que están aquí como yo, todo el tiempo viven deprimidos, escondiéndose. Aquí no nos quieren y los que nos quieren siempre están lejos", agrega Sánchez.
Enrique Hubbard, cónsul de México en Dallas, dice que es imposible seguirle el rastro a todos los mexicanos, con o sin documentos, que deciden volver a su tierra.
Pero afirma que el número de documentos de transferencia que son solicitados al consulado es un buen indicador de que muchos inmigrantes mexicanos han decidido emprender el regreso.
En los últimos años, el número de trámites de ese tipo que realizó el consulado en Dallas aumentó de manera sostenida.
En el 2005 expidió 162. En el 2006, 199. El año pasado, 270.
Las casi 400 transferencias que ha expedido en lo que va del 2008, llevan a Hubbard a pensar que al término del año, el número podría más que duplicar el total del 2007.
"La tendencia, sin duda, indica que el número (de familias regresando a México) se está incrementando", dice Hubbard. "... ¿qué tanto esto es parte de una gran oleada?, no lo sé, y va a ser difícil saberlo pronto".
De cualquier forma, Hubbard admite que las cifras podrían ser mucho mayores.
Primero, porque no todos los inmigrantes mexicanos que están regresando a su país tienen hijos en edad escolar, así que no necesitarían la transferencia.
Y porque podría haber muchas familias que sí requieran el documento pero no saben de él.
Esta parece ser una tendencia no sólo en la zona metropolitana de Dallas, sino también en el resto del país.
En el consulado de México en Chicago, el número de familias mexicanas que tramitan estos documentos de transferencia se ha incrementado en los últimos tres años completos. Y en seis meses del 2008, 391 familias han solicitado sus documentos, más que las 341 que lo hicieron durante todo el 2007.
Luego está la zona metropolitana de Phoenix, considerada una de las zonas mas difíciles para los indocumentados por la aplicación de sanciones a empleadores y los constantes operativos de deportación.
El consulado en Phoenix gestionó 249 en el 2006, y 330 en el 2007. Tan sólo de enero a junio del 2008, la cifra se disparó a 752, más que los dos años anteriores juntos.
La mayoría de las familias que están regresando a México plantean las mismas razones que José Luis Sánchez para irse: crisis económica e incertidumbre por su estatus migratorio.
Un sondeo aplicado por el consulado en Dallas refleja que 86 por ciento de quienes planean regresarse dicen que no tienen buenas oportunidades de trabajo, son afectados por la crisis actual, además del temor ante la incertidumbre de su situación migratoria o la deportación de un familiar.
El consulado reconoce que este sondeo carece de valor estadístico, pero lo encuentra útil para darse una idea de las razones por las que la gente se regresa.
El cónsul Hubbard dice que la desaceleración económica general les dificulta a los inmigrantes mexicanos el acceso al empleo y, consecuentemente, reduce sus ingresos.
También señala como razón el reforzamiento de las leyes migratorias que se ha dado en los últimos años.
"Algunas empresas se están volviendo más medrosas para contratar a personas sin documentos... Otros están viendo que están deteniendo a gente, como en Irving, o como ocurre en Farmers Branch y Carrollton, aunque en menor medida", dice.
Muchos, por temor, se están yendo antes de arriesgarse a que la familia se separe, agrega el cónsul.
Las estadísticas más recientes de deportados en todo Estados Unidos en los últimos podrían explicar este temor. Del 2005 a la fecha las deportaciones de mexicanos han crecido un 25 por ciento, de 108,900 en ese año a 136,370 en el 2007, según datos proporcionados por Carl Rusnok, vocero de la Oficina de Inmigración y Aduanas en Dallas.
Mark López, director asociado del Pew Hispanic Center, dice que no tiene una idea exacta de la magnitud del flujo de regreso, pero no le extraña que inmigrantes decidan dar por terminada su aventura al norte del Río Grande.
"Las personas de menores ingresos, y obviamente ahí están los inmigrantes, han sido afectados desproporcionadamente por la desaceleración económica", dice López.
Apenas hace dos semanas, el Pew informó que la tasa de desempleo entre los inmigrantes hispanos alcanzó el 7.5 por ciento durante el primer trimestre del 2008, comparado con un 5.5 por ciento durante el mismo periodo del 2007.
"Si existe la posibilidad de que la situación económica haga más difícil alcanzar el 'sueño americano', los primeros que se van a dar cuenta serán los inmigrantes", agrega López.
El cónsul Hubbard y el analista López coinciden en que el éxodo podría traer efectos económicos negativos especialmente a ciudades que han impulsado ordenanzas que ahuyentan a los inmigrantes, porque al alejarlos también ahuyentan su mano de obra y su poder de consumo.
"Si no los quieren de vecinos, tampoco los van a tener como compradores", dice Hubbard.
Otros piensan que la economía estadounidense es tan fuerte y plástica que no habrá efectos permanentes si los inmigrantes dejan el país.
"La economía de este país se ajustó a la presencia de indocumentados, sin duda se ajustará a su ausencia", dice Ira Mehlman, vocero nacional de FAIR, organización que se opone a la inmigración indocumentada.
"Si esta gente se está yendo, se comprueba lo que hemos venido diciendo desde hace años: si empiezas a hacer cumplir la ley para prevenir que consigan lo que vienen a conseguir aquí, se irán", dice Mehlman.
Mehlman dice que FAIR quisiera ver que el número de inmigrantes que dejan el país aumente, pero no por el mal curso económico, sino porque se siga haciendo cumplir la ley.
Mehlman incluso piensa que el regreso masivo de mexicanos a su tierra obligará al gobierno de ese país a realizar las reformas necesarias para echar a andar su economía.
"Que México exportara a sus ciudadanos desempleados, subempleados o que no estaban felices allá, le permitió al gobierno librarse de la presión para hacer cambios que beneficiaran a su pueblo", dice Mehlman. "Ahora que (su gente) está regresando, quizás ya no puedan evadir la responsabilidad".
Al momento de su partida, José Luis Sánchez y su familia no tenían idea de qué México encontrarían. De su familia esperaban todo, de su país natal no mucho.
"Seguro vamos a seguir viviendo al día", dice Sánchez. "Pero sicológicamente vamos a estar mejor. Con la familia, sin miedos, sin presiones. Vale la pena".
Agrega: "El sueño americano es sólo eso, un sueño".
Pero regresar a México es distinto, dice. "Porque ese sueño sí es mío; ya lo tenía... nomás voy a recuperarlo".
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La historia del regreso de la familia Sánchez es contada en imágenes.