La Habana, Cuba – Gerardo Guardiola mira más allá de los objetos materiales que desde hace poco están a disposición de los cubanos –teléfonos celulares, reproductores de DVD, comidas en restaurantes antes reservados sólo para turistas– y señala un cambio más fundamental que ha transformado su vida.
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Un cubano toma fotos con su teléfono celular en La Habana.
Los cubanos están tomando nota de la ola de cambios desde que el presidente Raúl Castro, de 76 años, asumió el mando después de suceder a su hermano Fidel, de 81, en febrero.
Mientras Cuba se prepara para celebrar el aniversario 55 del asalto al Cuartel de Moncada el 26 de julio de 1953 –un acontecimiento que encendió la mecha de la Revolución Cubana–, nadie está seguro hacia dónde va el país con los cambios que ha dispuesto Raúl Castro.
Sin embargo, en una serie de entrevistas, varios cubanos se refirieron con orgullo al aumento de las oportunidades económicas, a los nuevos incentivos en sus lugares de trabajo y al sentido de libertad y responsabilidad personal.
¿Se está filtrando el capitalismo al país?
"No sé qué es el capitalismo", dice María Inez, de 42 años, dueña de un puesto de tortas y hot dogs en la calle Obispo de La Habana Vieja, negocio que antes operaba clandestinamente en su casa. "Esto tiene más sentido. Es una forma más razonable de ganarse la vida".
Wayne Smith, jefe de la misión diplomática estadounidense en Cuba durante el gobierno del presidente Jimmy Carter y actual catedrático del Centro de Política Internacional en Washington, consideró que los cambios en Cuba son significativos.
"Cuba todavía está buscando su camino", dijo durante una entrevista en La Habana. "Los cambios podrán ser lentos y graduales, pero algo fundamental está cambiando a lo largo de la isla".
Funcionarios del gobierno cubano han insinuado que podrían venir más cambios, como menos restricciones para viajar al extranjero, permiso a los cubanos para comprar y vender casas y automóviles, y la legalización de miles de taxistas informales que circulan por la ciudad en coches clásicos estadounidenses.
Una medida recientemente decretada permite ahora ofrecer incentivos a los trabajadores por sus méritos, algo inaudito en un país donde el concepto de igualdad inhibe todo esfuerzo personal.
Otra disposición concede a los campesinos más tierra para cultivar, reduce la burocracia y da a los pequeños agricultores más libertad para trabajar.
Esperanza para inversionistas
Empresas e inversionistas estadounidenses, así como los integrantes de una delegación comercial agrícola texana que visitó la isla a finales de mayo están observando de cerca lo que acontece en Cuba.
"Durante casi cinco décadas Estados Unidos y Cuba han estado viviendo como extraños, pero ahora debemos aprovechar la oportunidad de subsanar las diferencias", escribió en un comentario el comisionado de Agricultura de Texas, Todd Staples, que estuvo al frente de la delegación.
"Yo sabía que la agricultura de Texas tenía algo que ofrecer para mejorar drásticamente la vida del pueblo cubano y abrir las puertas a los productores agrícolas texanos. Tenemos los recursos; ellos tienen una verdadera necesidad".
Aun cuando Fidel Castro sigue proyectando su sombra a través de su columna "Reflexiones" en el diario oficial Gramna, hay signos de que los cubanos se están adaptando a la era post-Fidel.
"Cuba ya se puso en marcha", dijo un diplomático estadounidense que prefirió no identificarse. "Los cubanos están pensando por sí mismos, y ese es un cambio muy importante... También hay una actitud de decir, '¿por qué no podemos enterrar esta leyenda y mirar hacia adelante?'".
Los cubanos, a través de los medios de comunicación oficiales, ahora cuestionan todo, desde aspectos como la calidad de los servicios médicos y la educación hasta el índice de desocupación oficial, pues dicen que la cantidad de cubanos sin empleo en realidad es mucho más grande.
En una visita a la Universidad de La Habana, el presidente de la Asamblea Nacional, Ricardo Alarcón, fue acosado por los estudiantes, un hecho sin precedentes en Cuba.
"Se ha desatado un debate, y la gente está hablando con bastante libertad", dijo Phil Peters, vicepresidente del Lexington Institute, un grupo de estudio en Arlington, Va. "Y aunque no es garantía de que el gobierno vaya a actuar, es un cambio significativo".
Para muchos cubanos los cambios son importantes, aun si los artículos y oportunidades de los que ahora pueden disponer siguen estando fuera de su alcance.
Con un salario promedio equivalente a 20 dólares por mes, la mayoría de los cubanos no puede darse el lujo de comprar teléfonos celulares o pagar una habitación de 120 dólares por noche en el Hotel Nacional, el mejor de Cuba.
"Lo importante", explicó Joselito Moreno, conductor de un taxi del aeropuerto, "es que finalmente podemos escoger".
Corchado escribe para
el buró de México de The Dallas Morning News.