Garland – Reynaldo Gómez llegó más de una hora antes de la primera campanada al Hella Shrine Temple de Garland el miércoles para presenciar el torneo Guantes de Oro de Boxeo.
Gómez llegó a la fiesta del boxeo amateur de Dallas con su padre, madre, esposa e hijo, Reynaldo José, de 2 años.
"Mi hermano Ricky va a pelear. Venimos a verlo cinco, siete de familia, tal vez más", mencionó sobre su hermano, que al final del día salió victorioso.
El torneo bien pudo ser de cualquier ciudad de México.
Pero en esta ocasión fue en un templo que por esa noche fue escenario del boxeo amateur, una actividad muy practicada en barrios y vecindades hispanas.
Los Guantes de Oro no solo son golpes arriba del ring, sino un evento familiar que fusiona tradiciones, música, fiesta y el español y el spanglish son idioma común.
"Esto es una tradición a la mexicana que va más allá del boxeo", consideró Gómez. "Es parte de nuestra cultura. Esto es como un 'Little Mexico'".
Más de 90 por ciento de los 350 peleadores en el evento de cuatro días eran de origen latino, consideró Reggie Wood, director del torneo.
Uno de los motores de los Guantes de Oro en esta ciudad es Gene Vivero, de 60 años, que ha estado involucrado con el torneo por más de 45 años y ha producido como entrenador tantos campeones que ni recuerda el número exacto.
Él también compitió y ganó en 1971; su hijo Chris Vivero se llevó el primer lugar en el 2000 y 2001, y dice que ya espera que su nieto recién nacido, Gabriel Zico Vivero, algún día suba a ese ring.
"Míralo, aquí está, ¿a poco no tiene cara de campeón?", dijo orgulloso mientras mostraba una fotografía del bebé de pocas semanas de nacido. "Seguro él es el bueno".
Según Wood, la asistencia promedio de lunes a jueves que duró el torneo fue de unas 700 personas que tuvieron que pagar $12 por entrar, excepto los niños como Gianni Faz, de 4 años.
"Algún día estará allá arriba, yo creo", anticipó Maira Faz sobre su hijo Gianni, quien lanzaba golpes al aire sentado en las piernas de su mamá cada vez que alguno de sus dos primos tiraba golpes sobre el cuadrilátero.
"Y eso hace cada vez que va al gimnasio con sus primos", añadió Faz. "Quiere ser boxeador".
Las cervezas se vendían a discreción alrededor del ring; sólo dos por turno, según un letrero. Las playeras, recuerdos y souvenirs "volaban" en los improvisados puestos.
La música era en español, a ritmo de banda y mariachi. Las únicas frases en inglés que sobresalían eran las de Dennis Rodarte, el anunciador de cada pelea y de la ceremonia de premiación.
Los ritos comenzaban antes de cada pelea con bendiciones, vendajes y porras... y terminaban en la ceremonia de premiación con la foto familiar del recuerdo.
David Swavey, director del Gimnasio de la Policía de Garland, ha participado de los Guantes de Oro por más de una década. Él afirma que el boxeo amateur es una de las mejores maneras de canalizar la energía y conducta de algunos jóvenes.
Puso de ejemplo a Armando Reyes, de 25 años y quien llegó al Gimnasio de la Policía de Garland a los 8 años, con un currículum de "travesuras" más largo que las 44 peleas agendadas por día en el Guantes de Oro 2010.
"Me llevó el teniente Swavey (cuando estaba) bien chico porque era un malandro", dijo Reyes. "Me sacó de las calles y de las pandillas. No sé dónde estaría en este momento de no ser por él y por mi entrenador (Américo Santos). Américo ha sido como un segundo padre para mi".
Reyes ganó campeonatos nacionales antes de ser expulsado por reincidir en mala conducta.
"Nuestro programa es así", dijo Swavey. "Les damos la oportunidad, pero si hacen mal uso de nuestra confianza o andan golpeando gente en otro lado, se van. Apenas regresó arrepentido y le hemos dado otra oportunidad".
Reyes regresó el miércoles a los cuadriláteros pero de manera efímera. Fue noqueado en el segundo round.
Pero el solo hecho de haber subido al ring es ya una victoria personal.
"Tuvimos mala suerte, porque nos tocó contra el campeón nacional", dijo su entrenador Santos. "Es su primera pelea (en mucho tiempo) y pues tiene que encontrar su ritmo y su pegada. Tiene que volver a empezar".
El boxeador no se desanimó.
"Sólo tengo que seguir preparándome, ya tendré otra oportunidad", agregó Reyes. "Desperdicié mucho tiempo y quiero recuperarlo".
Osvaldo del Bosque, otro de los entrenadores del gimnasio de Garland, coincidió en que el resultado es secundario.
"Nosotros queremos preparar mejores personas, que boxeadores", dijo Del Boque, de 37 años, cuyos dos hijos también compitieron esa noche. "Queremos que sean campeones en sus vidas".
Jerson Archiaga tuvo menos suerte el miércoles.
Archiaga, de 15 años, estaba programado para los Guantes de Oro, pero fue asesinado en un asalto el 14 de enero.
Horas antes había estado en el gimnasio de la Liga Atlética de la Policía de Dallas, preparándose para el torneo.
"Apenas comenzaba", dijo su entrenador Ray Ximénez. "Quería estar seguro de que estaba listo. Pero ya no tuvo oportunidad de competir. Era un buen muchacho... no merecía esto".
Miguel Núñez, de 10 años, dijo que los Guantes de Oro eran el primer paso para tratar de igualar a su ídolo, el peleador de Dallas Roberto Marroquín, quien compitió en múltiples ocasiones en el torneo y está invicto en 11 peleas profesionales.
"Quiero llegar alto, lo más que se pueda", dijo Núñez, mientras su entrenador, Gene Vivero, vendaba sus manos. "Me gusta pelear, me gusta competir aquí. Algún día voy a ser alguien famoso".
El Guantes de Oro de Dallas concluyó el jueves. Pero la etapa estatal será en febrero en Fort Worth, donde tratarán de ganar el boleto al campeonato nacional.