Las tarjetas de felicitación y las flores siempre son bonitas, pero para muchas familias hispanas la mejor forma de festejar el Día de la Madres es cantando al son del mariachi.
El domingo varios grupos de mariachis estuvieron de maratón musical en el Norte de Texas, yendo y viniendo entre iglesias y casas particulares y hasta cementerios para decirles a las madres lo mucho que las quieren sus hijos y familias.
El domingo varios grupos de mariachis estuvieron de maratón musical en el Norte de Dallas.
12 de mayo del 2008
"Es algo muy bonito. Nos sale del corazón, del alma, de nuestros sentimientos, de nuestra cultura", dijo Héctor Murillo, trompetista de Mariachi Jaliciense de Dallas. "El día parece largo, pero en realidad dura poco porque vamos de un trabajo a otro, y antes de que uno se dé cuenta se hace de noche y seguimos tocando".
Y no es ninguna exageración. Los ocho integrantes de Mariachi Jalisciense tuvieron su primera tocada a las 7 a.m. del sábado –Día de la Madre en México– y continuaron tocando hasta las 3 a.m. del domingo.
Luego de un par de horas de sueño, la banda se volvió a reunir a las 8 a.m. del domingo. Tenían contratos para todo el día, casi hasta la media noche. Hoy lunes la mayoría de ellos, hombres de entre 20 y 76 años, volvió a su empleo normal.
El Mariachi Los Gavilanes comenzó su jornada a las 5 a.m. del sábado con planes de seguir tocando hasta el domingo.
"Todo lo que tienes que hacer es ir a Oak Cliff, o darte una vuelta por Jefferson Boulevard, y los puedes escuchar", dijo Félix Garay, director del grupo.
Para el Mariachi Jalisciense el primer encargo del domingo fue en un domicilio particular en Irving, donde los amigos Juan Rodríguez y Josué Zúñiga habían planeado sorprender a sus madres con una serenata.
Zúñiga, oriundo de la ciudad de San Luis Potosí, dijo que su madre no es la única de su familia a la que le gusta el mariachi. A él también le gusta esta música y la cultura que representa.
"Me recuerda a mi ciudad", dijo.
María Zúñiga trataba de contener las lágrimas mientras escuchaba las tradicionales canciones.
De ahí el Mariachi Jaliciense se fue a tocar en una iglesia de Arlington. Después regresaron a Irving, esta vez para complacer a una familia que deseaba honrar a su madre fallecida hace tres años.
Dos docenas de familiares y amigos de Ernestine Hernández formaron un semicírculo en torno a su tumba, mientras escuchaban, sonreían y lloraban al oír canciones como "Madrecita Querida".
La señora Hernández murió de cáncer de hígado a los 42 años. La música de mariachi le daba energía para seguir viviendo, recordó Connie Hernández, una de sus tres hijas.
Murillo, el trompetista, dijo que para su grupo es un honor ser parte de los momentos familiares, sean de felicidad o tristeza, o un poco de ambas cosas.
La única desventaja de pasar el Día de la Madre tocando es que no pueden estar con su propia madre.
"Pero celebramos a nuestra manera, porque estamos tocando y trabajando y haciendo nuestro alboroto", dijo Murillo.
Agregó que lo mejor de su trabajo es que más que un trabajo, es un placer.
Luego Murillo tomó su trompeta y regresó a la SUV de la banda. Era hora de abandonar el cementerio. Los esperaba otra tocada.
Hacker escribe para The Dallas Morning News.
Ana Barrera, de The Dallas Morning News, contribuyó a este reporte.