Cuando Luis Yáñez recibió una carta de USA Boxing en la que se le comunicaba que había sido expulsado del equipo olímpico estadounidense, su mente quedó en blanco.
"Pensé que era otra amenaza", dijo el miércoles sentado en un lugar fresco de un caluroso gimnasio en Oak Cliff.
El pugilista de 19 años nacido en Dallas recordó haber recibido muchas otras advertencias de que sería expulsado del equipo olímpico por infracciones mucho menores mientras realizaba su programa de entrenamiento en Colorado Springs, Colo. Lo mismo sucedió con otros boxeadores, dijo.
El sábado se enteró que el técnico del equipo estadounidense de boxeo, Dan Campbell, finalmente había hecho buena su amenaza.
Se suponía que Luis debía reportarse en el campamento de entrenamiento a principios de junio, pero decidió quedarse al lado de su hermana de 23 años, quién estaba en rehabilitación por consumo de drogas en Dallas.
El ultimátum llegó la semana pasada, y debía estar en el campamento de entrenamiento para el 26 de junio.
Sin embargo, ya había hecho planes para regresar el domingo, y al final su familia fue más importante.
"Ya sabes cómo somos los latinos cuando se trata de la familia", dijo. "Mi papá necesitaba ayuda, y sé qué se siente crecer sin mamá. No quería que sus hijos pasaran por lo mismo".
Luis y su abogado en Dallas, Domingo García, presentarán su caso en Colorado el jueves ante el comité judicial de USA Boxing, pero este no es el mensaje que Luis dijo querer transmitir cuando hablé con él la semana pasada.
Ganar la medalla de oro en las Olimpiadas había sido su lema durante los últimos cuatro años, desde que su entrenador, Dennis Rodarte, plantó la idea en su mente.
Luis había seguido entrenando en el gimnasio de Casa Guanajuato en Oak Cliff durante todo el tiempo que ha estado en Dallas.
Era el chico rudo de un barrio difícil que se había impuesto una meta igualmente difícil, y lo hizo a la manera difícil: luchó por ello, y está orgulloso de haber luchado.
"No fui escogido por una élite para ser competidor olímpico. Me maté para llegar hasta ahí".
Relató que en una ocasión el entrenador del equipo estadounidense le preguntó si sabía cuántos muchachos quisieran estar en sus zapatos.
"Le dije, 'sí, 302, y los vencí a todos'", recordó.
Para muchos el castigo impuesto a Luis es excesivo.
Sí, tal vez merece una buena reprimenda para recordarle que todos deben acatar las reglas. Pero expulsar a Luis del equipo equivale a hacerse daño a sí mismo con tal de castigar a otro.