Rolando Vela estaba hundido. Debía casi $55,000 por una docena de tarjetas de crédito, más que su salario anual como empleado del gobierno local.
El residente de Texas pedía adelantos de dinero con unas tarjetas para pagar otras.
Sus tasas de interés eran "indignantes", y vivía evadiendo las llamadas de los cobradores.
"Me estaba metiendo más y más en un hoyo", recordó. "Sentía que me estaba ahogando en deudas y no veía el final".
Es una sensación que conocen millones de estadounidenses.
Vela se convenció de que si pedía ayuda estaría reconociendo su fracaso, pero algunos amigos lo animaron a que se acercara a un asesor.
Necesitó cinco años y medio, pero esta primavera por fin se liberó de sus deudas, y en todo ese tiempo hizo más que pagar facturas pendientes.
A través de su participación en un programa del Servicio de Asesoría para el Crédito al Consumo del Sur de Texas, Vela aprendió disciplina financiera, cómo corregir sus errores en sus prácticas crediticias y llegó a entender cómo fue que se metió en ese lío.
Son lecciones que muchos deben aprender; pero como Vela, mucha gente duda en pedir ayuda, aun cuando tienen grandes problemas para mantenerse a flote.
La pena es el principal obstáculo, dice Bruce McClary, educador financiero de Clearpoint Credit Counseling Solutions.
Pedir ayuda puede ser especialmente difícil para personas que parecen llevar una vida financiera estable, "pero bajo la superficie están todos los ingredientes para una catástrofe financiera", dice.
Y aunque hablar de finanzas personales se ha vuelto más común desde que empezó la crisis económica, los tabúes persisten.
"Entendemos que es difícil atravesar esa puerta y mostrar todas sus penurias financieras a un total extraño", dice Gail Cunningham, portravoz de la Fundación Nacional de Asesoría Crediticia.
La recesión ha vuelto más frecuente que los consumidores en problemas busquen ayuda.
El número de personas que acudieron en busca de asistencia a las agencias de la Fundación Nacional de Asesoría Crediticia se duplicó en los últimos dos años a 3.2 millones en 2008.
El cliente promedio tiene unas seis tarjetas de crédito, y la deuda no asegurada –como las tarjetas de crédito– constituyó el 62% del ingreso total de sus hogares.
Ya que los consumidores estadounidenses están aprendiendo más sobre asuntos de crédito motivados por la crisis económica, podría asumirse que más personas tratan de pagar sus tarjetas de crédito, pero las estadísticas no son muy claras en ese sentido.
El adeudo promedio que cargan los consumidores por tarjetas de crédito aumentó casi un 5% en el primer trimestre del 2009.
INDICADORES
DE ALARMA
Utilizar la totalidad del crédito disponible en una tarjeta.
Pedir avances de dinero o usar la tarjeta para cubrir gastos cotidianos como el mandado o la gasolina.
No pagar mensualidades o hacer sólo pagos mínimos.
Cargar más una tarjeta que lo que paga cada mes.
Evitar abrir sus facturas o recibir llamadas de cobradores.