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Educación e Inmigrantes: Graduarse sí es posible

11:00 AM CDT on Tuesday, June 17, 2008

Por MACARENA HERNÁNDEZ Y GARY JACOBSON

No fue hace mucho que Juan y Elías compartieron el mismo camino. Los inmigrantes recientes de un área rural del centro de México vinieron a trabajar. Entrar a la escuela no era parte de sus planes.

COURTNEY PERRY/DMN
COURTNEY PERRY/DMN
Marcia Neimann pide a sus estudiantes que feliciten a Diego (centro) por su buen desempeño en el TAKS. La preparatoria Adamson mejoró los promedios del examen estatal en este año y esperan volver al a categoría de 'aceptable'.

Pero ahora, a mediados de mayo, justo unas semanas antes de que termine el año escolar en la preparatoria Adamson, sus caminos se separan.

Elías, un joven de 17 años de Ocampo que dejó sus estudios en la preparatoria Adamson en los primeros meses del año, está de vuelta en Oak Cliff y más determinado que nunca en trabajar.

Ahora trae una Ford Expedition 1999, y unos recibos de pago algo impresionantes de su trabajo en los campos carboníferos de North Dakota. Uno en particular, de 1,700 dólares, atrapó la atención de Juan. Era el pago de una semana, contando horas extra y bonos.

"Damn bro!", recuerda Juan que le dijo a su amigo. "Yo me conformo con 700".

Estudiantes como Juan y Elías, que llegaron a Estados Unidos como adolescentes tienen un mayor riesgo de abandonar los estudios. Sienten mucho la urgencia de trabajar, especialmente si sus padres tienen dificultades económicas o menos educación.

Aún cuando en México vivían a pocos kilómetros de distancia uno del otro en Ocampo, una región que envía muchos inmigrantes a Dallas, no se conocieron hasta que se encontraron en la Adamson.

Juan, de 16 años, quiere ganar dinero para comprarse ropa y un carro. Después de pasar un tiempo en una escuela alternativa del Distrito Escolar Independiente de Dallas, está de nuevo en Adamson a punto de completar su primer año escolar en Estados Unidos.

Una de sus maestros, Marcia Niemann, temía que su paso por una escuela alternativa le haría abandonar sus estudios. Los estudiantes que llegan al país siendo adolescentes son los que están más en riesgo de dejar la escuela.

Pero Juan dice que al igual que la maestra Niemann, uno de sus instructores en Village Fair le dio ánimo y le dijo que eventualmente podría ir a la Universidad.

Juan está empezando a creer que sus maestros tienen razón: él puede vencer a la adversidad.

"La verdad, cuando entré, no pensaba ni graduarme", dijo. "Ya este año miré que puedo lograr más cosas. Trabaje o no trabaje yo voy a entrar el otro año (a la escuela)".

El trabajo sigue siendo prioridad para Elías, que llegó a Estados Unidos a principios del 2007 y trabajó para una compañía minera un Arizona y una compañía eléctrica en Texas como ayudante de soldador, antes de inscribirse en la Adamson en noviembre.

Mejoró su inglés y en febrero dejó la escuela, primero por un empleo en San Antonio y luego por el de North Dakota.

Su padre está en una cárcel mexicana por vender droga, cuenta Elías, por eso le ayuda a su madre y a sus dos hermanas, una de ellas estudia la preparatoria en México.

"Mi mamá nunca me ha exigido nada", dice Elías, que habla de manera muy formal. "Al contrario siempre me anima a que siga estudiando. Pero como soy el único hombre en mi casa me críe con responsabilidad".

Su madre trabaja en una tienda de abarrotes en Ocampo, donde gana el equivalente a 90 dólares por semana.

"Él quería cuidar de nosotras", dice su madre, Lucy.

A los pocos meses de haber dejado la Adamson, Elías ahorró 13,000 dólares y gastó 6,000 en la Expedition, según relató. Ahora está esperando encontrar otro empleo temporal por contrato en cualquier lugar del país.

Metas realistas

En los cuatro años que lleva enseñando inglés a los inmigrantes recientes en la escuela Adamson, la maestra Niemann ha mantenido la esperanza, aunque sin dejar de ser realista, de que sus alumnos se gradúen. Sus alumnos llegan con poco inglés, por lo que deben dominar un nuevo idioma antes de poder dominar el programa académico.

Su estrategia consiste, en parte, en hacer que permanezcan el mayor tiempo posible en la escuela, aun si las probabilidades de que terminen sus estudios son escasas. Su filosofía es inculcar la idea de que el aprendizaje es un proceso de toda la vida.

"Eso me ayuda a mitigar mi frustración cuando dejan la escuela", dice Niemann.

De su primer grupo de 17 estudiantes de inglés como segundo idioma de hace cuatro años, comenta Niemann, siete todavía se quedaron en la escuela y siete se salieron antes de graduarse. Y de otros tres más perdió la pista.

"Nos va muy bien si logramos graduar al 50 por ciento", dice, y se apresura a agregar: "Pienso que definitivamente tenemos mucho margen de mejora".

De los 61 alumnos que cursaron las clases de Inglés como Segundo Idioma (ESL) que imparten las maestras Niemann y Laurie González en el transcurso de este año, 10, contando a Elías, se salieron de la escuela antes de que terminara el año.

Ocho avisaron a la escuela que regresaban a México, pero al menos tres permanecieron en Estados Unidos y empezaron a trabajar. Otros dos dijeron que se iban a otro distrito escolar. Una se cambió a Richardson, pero el otro todavía vive a unas cuadras de la preparatoria Adamson.

De los 10 que abandonaron la escuela, uno había tenido dificultades académicas y dos rebasaban la edad de su nivel escolar, por lo que vieron más conveniente irse a trabajar que repetir el año escolar.

Cuando un alumno abandona la escuela, la razón oficial que reportan las escuelas es importante porque ayuda a determinar el promedio de deserción académica de las mismas.

Un alumno que anuncia su regreso a México o su traslado a otro distrito escolar no es contabilizado como desertor académico en los informes oficiales del estado, lo cual debe ser reportado según la ley federal No Child Left Behind (Que ningún niño se quede atrás).

La maestra Niemann dice que las explicaciones que un alumno da a las autoridades de la escuela para abandonar sus estudios muchas veces no coinciden con lo que realmente hacen, y que la escuela no les da seguimiento.

Lágrimas y alegría

Los decisivos exámenes estatales TAKS –en matemáticas, ciencias, estudios sociales y artes linguísticas– concluyeron a principios de mayo.

Los exámenes de este año fueron especialmente críticos para la preparatoria Adamson porque en el 2007 sus promedios de aprobación en matemáticas cayeron en todos los grados. La calificación estatal de la escuela cayó a "académicamente inaceptable".

Si las calificaciones no mejoraban, la escuela Adamson enfrentaba consecuencias potencialmente graves, como el despido de personal, de acuerdo con los lineamientos del estado y de la ley No Child Left Behind.

Los resultados preliminares no llegaron hasta el 19 de mayo, y el director Rawly Sánchez estaba entusiasmado por el reporte.

"¡Estamos felices compas!", dijo a unos visitantes en el recibidor de su oficina a la mañana siguiente.

Los promedios de aprobación de la Adamson habían mejorado en todas las materias de todos los grados en comparación al 2007. En todas las categorías menos dos –lectura de noveno grado y matemáticas de onceavo grado– la escuela tuvo mejores resultados que en el 2006, lo que significaba que había recuperado el terreno perdido el año anterior.

"Muchachos, ustedes nos han devuelto el orgullo", dijo Sánchez a sus estudiantes a través del sistema de sonido.

Un piso abajo de la oficina de Sánchez, en el salón de inglés como segundo idioma, la maestra Niemann celebraba también.

En su pizarrón escribió los nombres de cuatro de sus alumnos de primero y segundo año que aprobaron al menos un examen. Pedro aprobó dos, lectura y matemáticas.

"Estoy impresionada", dice Niemann. "Apenas la semana pasada me enteré de que sólo estudió hasta cuarto grado en México".

Pedro llegó a Dallas cuando tenía 12 años y estudió de sexto a octavo grado aquí. Al principio de su primer año batalló mucho.

Se sentaba en las últimas bancas del salón, donde permanecía callado. Su lenguaje corporal daba a entender claramente que no quería que la maestra Niemann lo llamara a participar.

Pero en el segundo semestre empezó a abrirse. Ahora participaba voluntariamente en la clase y en discusiones. Su dominio del inglés mejoró en el transcurso del año, lo mismo que muchos de sus compañeros.

La maestra Niemann dice que Pedro es inteligente y que sólo necesitaba tiempo para mejorar, pero también atribuye su progreso a una novia que lo animó a asistir a las sesiones de tutoría y a integrarse al equipo de fútbol americano. Pedro empezó a entrenar con el equipo en el segundo semestre.

Mientras la maestra Niemann comparaba los promedios de aprobación TAKS de los estudiantes de inglés como segundo idioma de la Adamson con los de otras escuelas de Dallas, una de sus ex alumnas entró al salón.

Sara estaba llorando. Estudiante de primer año, Sara previamente había aprobado dos exámenes TAKS necesarios para graduarse –inglés y estudios sociales– y había retomado matemáticas y ciencias.

Acababa de recibir la noticia de que había pasado matemáticas, pero que reprobó ciencias. En México era una buena estudiante y esperaba aprobar ambos exámenes esta primavera y no tener que preocuparse de los exámenes TAKS el año próximo.

La maestra Niemann le pide a Sara que no olvide lo mucho que ha logrado". "Has aprobado tres pruebas en cuatro años. Es increíble, es increíble", dijo.

Sánchez adjudica los avances de este año a sus maestros, que pasaron más tiempo trabajando uno a uno con sus alumnos, revisando su anterior desempeño en exámenes y en ocasiones hasta sus antecedentes en educación primaria.

Las evaluaciones no serán oficiales hasta este verano, pero piensa que Adamson dejará atrás su calificación de "académicamente inaceptable" y se volverá "aceptable" otra vez.

Este año se graduaron 37 estudiantes más que el año pasado (215 en lugar de 178), dice Sánchez, mientras que solo cinco más (55 en lugar de 50) no se graduaron por no haber aprobado al menos un examen TAKS.

El día esperado

El sábado 31 de mayo, más de 2,500 padres de familia, familiares y amigos asistieron a la ceremonia de graduación en el Ellis Davis Field House del Jessie Owens Memorial Complex en el sur de Dallas.

El segundo mejor alumno (salutatorian) de la generación, David Palomo, empieza su discurso en español en honor a los hispanos trabajadores, y luego recurre al inglés. Palomo llegó a Dallas proveniente de San Luis Potosí, México, a la edad de 6 años.

"Yo estoy aquí en este escenario representado a todos los latinos que trabajan día a día por un mejor porvenir", dijo Palomo. "Esta acción de mi parte representa que con ambición y seguridad todo es posible".

El alumno más destacado (valedictorian), Alejandro Rodríguez Reyes, pronuncia su discurso de despedida en inglés y menciona las dificultades que los alumnos de último año dieron a sus maestros. Rodríguez llegó a Estados Unidos cuando tenía nueve años desde el estado de Guanajuato, donde está Ocampo.

Después de la ceremonia, Alejandro explica cuál fue su motivación en su paso por la escuela.

"Mi papá siempre venía con las manos todas arrugadas, todas cortadas de su trabajo de construcción. Me decía que estudiáramos para no tener que pasar por el mismo camino que él pasó".

Sánchez también toma el micrófono y les recuerda a los graduados que están terminando un trayecto que habían empezado juntos cuatro años atrás, cuando empezaron su primer año y él acababa de asumir como director.

"Mañana empezaremos otro recorrido", dijo. Unos minutos después, cuando los graduados cruzan el escenario en sus togas azules, Sánchez los saluda de mano a todos y abraza a la mayoría.

Para estas fechas del año muchos graduados que se encuentran en el país sin documentos se empiezan a preocupar de lo que sigue. La mayoría se integrará a la fuerza laboral.

Algunos terminarán en colegios comunitarios, donde podrán cubrir la colegiatura mientras trabajan. Aquellos que hayan recibido una beca y tengan altos promedios de calificación, irán a la universidad.

Esta última opción es remota para los inmigrantes indocumentados porque para obtener una beca muchas veces se requiere estar legalizado.

Por ejemplo, el Fondo Hispano de Becas [Hispanic Scholarship Fund], que se dice así misma "la más grande organización de apoyo a los latinos en educación superior", exige en su sitio de internet que los solicitantes sean ciudadanos estadounidenses o residentes permanentes legales.

Lo mismo sucede con los empleos que buscarán cuando se gradúen de la universidad.

Mirar al futuro

El 4 de junio, el último día de escuela para primero y segundo año, Juan, Misael y otros chicos están en la clase de biología de Jokasta Maldonado. La última campanada del año acaba de sonar.

Uno de los amigos de Juan dice a la maestra Maldonado que no está seguro si regresará el próximo otoño. Le preocupa seguir siendo clasificado como alumno de primer año . Tiene 17 años y podría ponerse a trabajar.

Otro muchacho dice que al menos otros dos compañeros de clase le dijeron que estarán trabajando de tiempo completo y que no regresarán a la escuela. Uno de ellos, empleado como ayudante en un restaurante, emigró de Oaxaca y tiene apenas un año en el país.

Nadie quiere volver a ser considerado de primer año.

"Todos ustedes van a regresar", dice Maldonado, adoptando un tono de predicador.

"¿Qué fue lo que el rey Salomón le pidió a Dios?", les pregunta en español.

"Sabiduría", dice Juan.

"Te pueden quitar todo, la casa el carro", dice Jokasta. "Pero aunque seas pobre, nadie te puede quitar tu educación".

El último día de clases no implica que la maestra Niemann se olvide de la preocupación por sus estudiantes. Esta semana ella supo que Juan obtuvo suficientes créditos para ser clasificado como alumno de segundo año (sophomore). Lo mismo Misael, un corredor de pista que dejó de ir temporalmente a la escuela a principios del segundo semestre, pero fue convencido de regresar por su entrenador y sus compañeros de equipo.

El camino adelante no será fácil. Misael, si regresa a Adamson por tercer año, tendrá 18 años. Esto implica que probablemente no se graduará hasta que cumpla 21 años. Juan tendrá 17 cuando regrese a Adamson.

Ambos enfrentarán mucho trabajo en el salón de clases, pero Juan dice que está listo.

Unos pocos días después de que terminó la escuela, Juan tiene un trabajo en la construcción junto a su padre. Gana 9 dólares la hora. Es muy optimista sobre la posibilidad de graduarse, pero duda que después de eso siga más adelante. La universidad, dice, es la ambición de su familia para su hermana más joven, que está en séptimo grado y es una sólida estudiante.

"Si ella no quiere (ir a la escuela) la familia completa hará que vaya", dice Juan. "Ella ira a la universidad. Yo sé que ella lo hará".

Hernández y Jacobson escriben para The Dallas Morning News.

EDUCACIÓN E INMIGRANTESLea esta serie completa en nuestro sitio web. También hay acceso a videos con testimonios de los estudiantes.

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