Los investigadores tienen una idea definida sobre la cantidad de niños en edad escolar nacidos fuera de Estados Unidos.
Lo que no tienen muy claro es qué tan bien se desenvuelven estos jóvenes inmigrantes en los salones de clase: cuánto tardan en aprender inglés, con cuánta frecuencia repiten grados y cuántos se gradúan a tiempo.
Ello se debe a que en el país varía mucho la información que revelan los distritos escolares, lo que dificulta el trazo de comparaciones útiles y el análisis del progreso académico de los alumnos.
"Sencillamente la información que recogen las escuelas no es particularmente clara, especialmente en lo que concierne a los inmigrantes", expuso Richard Fry, investigador del Pew Hispanic Center. "Uno no sabe dónde nacieron, no sabes cuánto tiempo han estado aquí, no sabes nada de sus padres".
Según el conteo más reciente de la Oficina del Censo, correspondiente al 2006, el 7 por ciento de los niños en edad escolar en Texas –unos 325,000– nacieron en el extranjero. El promedio es de alrededor de 11 por ciento en Dallas-Fort Worth. La mayoría proviene de México.
Pero si uno busca detalles, buena suerte. Los distritos escolares no tienen obligación de preguntar a sus alumnos en qué país nacieron o cuándo entraron a Estados Unidos.
El distrito escolar de Dallas sí recaba esta información voluntariamente a través de un centro de ingreso de nuevos inmigrantes y refugiados.
Hay otros problemas. Por ejemplo, no todos definen "inmigrante" de la misma manera.
La Agencia de Educación de Texas emplea la definición del departamento federal de educación: un alumno nacido en el extranjero que ha cursado estudios en escuelas estadounidenses por menos de tres años.
Una vez que dicho estudiante llega al cuarto año, la etiqueta de inmigrante desaparece.
¿Y qué importancia tiene eso? Bueno, importa saber cuántos estudiantes de origen extranjero se gradúan o desertan de las escuelas públicas de Texas.
El estado informa que de 3,165 inmigrantes de la generación 2006, apenas la mitad se graduó en cuatro años, y casi una tercera parte desertó.
Pero esas estadísticas no lo revelan todo.
Por ejemplo dos estudiantes de origen mexicano que se inscriben en las escuelas de Texas para cursar noveno grado. El primero se gradúa cuatro años después, pero no cuenta como inmigrante porque ya excedió la marca de los tres años.
El segundo deserta después de noveno grado, y ya que todavía era considerado inmigrante, es contabilizado como estudiante inmigrante desertor.
Otro problema es que algunos inmigrantes, especialmente los adolescentes, nunca se inscriben en una escuela estadounidense. El censo los contabiliza como desertores académicos. Las escuelas no, porque para empezar nunca se inscribieron.
Hacker escribe para
The Dallas Morning News.