| Hoja informativa | Ofertas Especiales  
Publicidad
El Clima de Hoy: Overcast, 77° F    Radar    Pronóstico
Publicidad


Reportaje: Estrategias contra el fracaso

11:05 AM CDT on Tuesday, June 17, 2008

Por MACARENA HERNÁNDEZ y GARY JACOBSON

La Iglesia Blessed Sacrament en Marsalis Avenue está a su máxima capacidad con motivo de la misa de las 8 a.m. un soleado domingo. Todavía siguen llegando fieles que se introducen con dificultad entre la multitud por la puerta del santuario.

COURTNEY PERRY/DMN
COURTNEY PERRY/DMN
El director de la Adamson Rawly Sánchez durante uno de los muchos abrazos que recibió en la ceremonia de graduación del 31 de mayo. Él suele compartir su propia historia para incentivar a los jóvenes: 'Mi madre nos abandonó, mi padre vendía droga. No quiero escuchar excusas. Si yo puedo, todos pueden'.

Muchos de los hombres visten pantalón de mezclilla, camisas y botas vaqueras.

Después de la comunión, la única persona que viste traje y corbata sube al púlpito. Es el director de la preparatoria Adamson, Rawly Sánchez, que pide a la feligresía que no deje de llevar a sus hijos a la escuela y los ayuden a aprobar los exámenes TAKS del estado.

"Necesitamos su ayuda", dijo en español.

No hay duda del fervor que Sánchez siente por el evangelio de la educación. El educador pronuncia su sermón por lo menos una vez al año en las iglesias cercanas a la escuela Adamson en Oak Cliff.

Cerca del 94 por ciento de los aproximadamente 1,240 estudiantes de Adamson es hispano, y cuatro quintas partes están clasificados como de bajos ingresos.

Después de la misa, el director saluda a los alumnos y sus padres afuera del templo.

"Estaba hablando de ustedes allá adentro", dice Sánchez a un estudiante.

"Yo no me preocupo por los TAKS. Usted no debería preocuparse tampoco", le responde el muchacho al director.

Estar al frente de una escuela preparatoria urbana como la Adamson es uno de los trabajos más difíciles en el área de la educación. Algunos expertos llaman a estas escuelas 'fábricas de desertores' por sus índices de graduación alarmantemente bajos.

En la Adamson la misión es aún más complicada por el elevado número de estudiantes inmigrantes o hijos de inmigrantes. Muchos de ellos deben dominar el inglés antes que cualquier materia, y deben dominar ambos aspectos para aprobar los exámenes TAKS y graduarse.

"Subestimamos la enormidad del hecho de que un niño no entienda el idioma", dice Sánchez, que es director desde hace cuatro años.

El superintendente del distrito escolar de Dallas, Michael Hinojosa, dio clases y capacitación en la escuela Adamson en anteriores etapas de su carrera.

Considera útil que el director de una escuela como la Adamson hable español para comunicarse mejor con los estudiantes y sus padres, y que es importante también ser sensible a las corrientes sociales. "Por ejemplo la cultura mexicana", dice Hinojosa, que de niño migró con su familia a Estados Unidos. "Están los mexicoamericanos, y por otro lado los mexicanos... Y a veces los latinos de segunda, tercera o cuarta generación desprecian a los inmigrantes".

Hinojosa dice que Sánchez tiene la personalidad ideal para la Adamson.

"Se ha de saber el nombre de todos los alumnos de la escuela", dijo el superintendente. "Ellos lo quieren y él los quiere a ellos. Realmente quiere estar ahí y terminar su trabajo".

Y falta mucho por hacer.

Aproximadamente el 60 por ciento de los estudiantes de la Adamson se gradúa a tiempo, concepto definido como de cuatro años a partir de su ingreso a noveno grado, según estadísticas correspondientes al 2006, las más recientes. En cuanto a los niños clasificados en etapa de aprendizaje del inglés –poco más de una cuarta parte de los alumnos de la Adamson– , el promedio es aún más bajo, del 36 por ciento.

Las bajas calificaciones en exámenes, especialmente en matemáticas, también han representado un problema.

A menos que Adamson aumente sus promedios de calificaciones este año, podría enfrentar consecuencias potencialmente graves –incluso el despido de personal– según las regulaciones estatales y de la ley No Child Left Behind (Que ningún niño se quede atrás).

"El año no fue nada exitoso", dice Sánchez. Adamson fue clasificada como académicamente inaceptable por el gobierno del estado en el 2007, después de tres años de haber sido clasificada como "aceptable".

Los promedios de aprobación en los exámenes TAKS de matemáticas cayeron en todos los grados el año pasado, especialmente en el noveno grado. Sólo el 30 por ciento aprobó en el 2007 en comparación con el 42 por ciento en el 2006.

Sin embargo, a principios de mayo, el director se mostró optimista sobre los resultados de este año. Pudo contratar a más personal docente para el año y su ánimo mejoró con los resultados de varios exámenes de práctica. Los resultados definitivos no se iban a conocer sino hasta poco antes del final del año escolar.

"De una forma u otra va a haber lágrimas", dijo en mayo, ya sea de tristeza o alegría.

Fracasar no es una opción

Sánchez, de 40 años, llegó tarde a la educación. Durante siete años trabajó en la construcción, y a los 26 años regresó a la escuela, en Southwestern Assemblies of God University en Waxahachie.

Sus abuelos eran de México y hablaban español, cuenta Sánchez, pero él creció en Ohio y Michigan, y aprendió el idioma hasta los veintitantos años.

"Mi madre nos abandonó. Mi padre vendía droga. No quiero oír excusas", dice el director al recordar su infancia. "Si yo puedo, cualquiera puede".

Sánchez trabajó tres años como maestro en Waxahachie, luego un año en la secundaria Marsh del DISD y dos años como subdirector de la preparatoria Hillcrest antes de llegar a la preparatoria Adamson.

En su primer intento reprobó el examen estatal de certificación para director y lo aprobó en el segundo.

"Uno mismo tiene que haber fracasado para entender a un niño que atraviesa por la misma situación", dice.

Y convirtió una de sus frases académicas favoritas en el lema de la institución: "Fracasar no es una opción".

En la escuela Adamson, localizada tres millas al sur del centro, Sánchez supervisa a 85 profesores, una nómina de 125 personas y un presupuesto anual de unos 7 millones de dólares.

Percibe un salario base anual de aproximadamente 99,000 dólares, y el salario de sus maestros va de los 43,500 a 70,000 dólares, de acuerdo con documentos del distrito escolar.

De baja estatura y tenso, a Sánchez le da por hablar el lenguaje de la calle, a veces de igual a igual, y en otras como policía. Patrulla los pasillos, la cafetería y otras áreas de su escuela, siempre atento a los estudiantes y sus relaciones entre sí.

En ocasiones, para cerrar algún anuncio al final de la jornada, Sánchez toma el altavoz y les dice a sus alumnos: "Recuerden: los quiero mucho". Los alumnos le devuelven el afecto.

A principios del año escolar, durante el show anual de talentos en la Adamson, la estudiante que oficia de maestra de ceremonias bromea una canción para el director.

"I love you, baby", gritó la estudiante, señalando hacia la parte posterior del auditorio, donde estaba el director. Sánchez, diestro en el manejo del público, se levantó y flexionó sus bíceps como un hombre de acero.

Como director tiene mucha autonomía. "Y si no la tengo, la tomo", dice Sánchez, que este lunes empezó sus clases para un doctorado en la Universidad de Texas en Austin.

El próximo año hará más uso de su autonomía para establecer una jornada de clases más larga, con la esperanza de que beneficie a los inmigrantes y a todos los alumnos.

"Nuestros alumnos no suelen venir a las tutorías o a la escuela de los sábados", dijo, "por eso lo vamos a integrar a la jornada normal de clases".

Este año el horario de clases fue de las 8:45 a.m. a 3:35 p.m. El año que viene el horario será de 8:05 a.m. a 4:25 p.m. los lunes y jueves, y a las 2:55 p.m. los martes y viernes.

Los miércoles el horario será alternado. Para los estudiantes que están aprendiendo inglés, el horario de salida siempre será a las 4:25.

"En particular, para los muchachos inmigrantes vamos a establecer un décimo periodo todos los días sólo para el inglés", explicó Sánchez. "Haremos todo lo posible para que sus padres vengan con ellos" a fin de que ellos también aprendan el idioma.

Sánchez atribuyó a su personal docente la elaboración del nuevo horario de clases, y dijo, "siempre estoy intentando algo nuevo".

Una de las nuevas iniciativas para el año se dio a instancias de la maestra Marcia Niemann, responsable del programa de Inglés como Segundo Idioma (ESL) en la escuela.

Ella es la principal encargada de enseñar el inglés a los inmigrantes de reciente ingreso y ayudarlos a sobrevivir la preparatoria estadounidense.

Un día del pasado otoño, mientras Sánchez vigilaba la fila de la cafetería, la maestra Niemann promovió insistentemente un programa que, consideró, mejoraría el nivel de instrucción de sus alumnos.

Denominado "Lucha", el programa imparte instrucción en español a los estudiantes de inglés como segundo idioma de primero y segundo año en materias como álgebra y biología.

Dichas clases habían sido impartidas en inglés, según una estricta política, dejando que los alumnos batallaran con los términos y conceptos complicados como la fotosíntesis.

Con "Lucha", le explicó al director, "en tanto que aprenden inglés, estarán absorbiendo conocimientos sólidos muy útiles".

Bajo la coordinación de la Universidad de Texas, "Lucha" también ayuda a recuperar documentos de acreditación académica en México, ya que muchos inmigrantes llegan al país sin ellos.

"Así, cuando llega el momento de tomar los TAKS de salida", continuó Niemann en su defensa de la instrucción en español, "y han pasado tres años desde su última lección de biología, por lo menos recordarán los conceptos, ya sea que los hayan aprendido en español o en inglés".

Sánchez aprobó el programa a partir del segundo semestre. Dijo que los resultados obtenidos hasta el momento habían sido mixtos, pero quiere continuar "Lucha" el próximo año.

"Creo que saldrá mucho mejor", dijo. Un cambio consistirá en que las clases serán más cortas.

"El programa de Inglés como Segundo Idioma es una cuestión de estrategias, no de español", apunta Sánchez.

Estrategias para ayudar

Sánchez tiene una idea ambivalente de No Child Left Behind, la ley federal de educación que controla el destino de su escuela.

Dice que la ley ayuda a algunos estudiantes, pero puede afectar a los inmigrantes, especialmente a aquellos que llegan al país en edad de preparatoria. La ley da a las preparatorias un plazo de cuatro años para graduar a sus estudiantes, sin importar su origen.

"Se necesitan dos años para aprender bien el idioma, así que a ese alumno le quedan sólo dos años para dominar las materias", dijo.

A Sánchez le gustaría en cambio que extendieran los plazos de graduación, probablemente hasta seis años para algunos estudiantes.

Algunos estudios sugieren que las personas que no hablan inglés necesitan de cuatro a siete años para aprender el idioma lo suficientemente bien para dominar el programa academico.

"Es definitivamente poco realista pensar que todos nuestros alumnos puedan terminar en cuatro años", dijo Niemann.

Debido a la escasez de maestros bilingües calificados y de Inglés como Segundo Idioma, especialmente en las preparatorias, muchas veces los alumnos no cuentan con maestros capacitados que los puedan ayudar.

En el DISD y en todo el estado de Texas, casi el 30 por ciento de los maestros que imparten Inglés como Segundo Idioma en las preparatorias no está certificado como tal.

En la escuela Adamson, los tres maestros que imparten Inglés como Segundo Idioma están certificados, pero, según Sánchez, sólo 16 de los 85 profesores de la escuela son bilingües.

En la lista de deseos de Niemann para ayudar a los estudiantes inmigrantes está el contar con más maestros asistentes capacitados en estrategias de enseñanza del inglés como segundo idioma; programar clases dirigidas específicamente a los inmigrantes adultos que recibieron una educación incompleta en su país de origen; y disponer de dinero y tiempo para llevar a los estudiantes de inglés a visitas de campo a colegios comunitarios y universidades.

También quiere clases bilingües sobre temas de salud como sexualidad para los estudiantes que tienen poco tiempo en Estados Unidos.

Incluso en el caso de los estudiantes que no tienen interés en graduarse, Niemann quiere ayudarlos a permanecer el mayor tiempo posible en la escuela.

"Trato de hacerles ver que el aprendizaje es un proceso de toda la vida", dice.

Un año clave

El noveno grado representa un gran problema para la Adamson y muchas escuelas urbanas.

Sánchez dice que la escuela Adamson empezó el año con 414 alumnos de noveno grado, pero que cerca de 100 estaban repitiendo el primer año de preparatoria por segunda o tercera vez, porque no habían podido acumular los suficientes créditos para avanzar.

La deficiente preparación académica en los grados menores y en álgebra es causa de que muchos estudiantes reprueben, y una vez que empiezan a rezagarse, los obstáculos pueden multiplicarse.

Los estudiantes promedio con frecuencia batallan académicamente y desertan cuando todavía están en el primero o segundo año de la preparatoria.

Los centros de reconexión, un conocido programa en Dallas para ayudar a los alumnos a recuperar créditos, funcionan sólo para los alumnos con conocimientos de inglés lo suficientemente avanzados para entender el material didáctico, dijo Niemann.

El problema se complica para los inmigrantes por la forma en que se atribuyen los créditos. La mitad de las clases de Inglés como Segundo Idioma que toman los alumnos de primer grado no se traducen en créditos para su graduación.

"Si eres estudiante de noveno grado por tercer año consecutivo, no tienes suficiente para graduarte" en el plazo de cuatro años requerido, dice Sánchez.

Hace tres años, Sánchez estableció un centro de noveno grado para su población general de alumnos de primer año de preparatoria. Están separados en una sección de la escuela, tienen una entrada aparte y credenciales de identificación diferentes.

Dice que el centro les ha ayudado a mejorar su rendimiento. Cerca del 85 por ciento de los alumnos de primer año de la Adamson están ahora en su segundo año, dijo Sánchez.

"Si no nos ocupamos de los freshmen (primer año), no llegarán a seniors (último año)", agregó.

Hernández y Jacobson escriben para The Dallas Morning News. La reportera Holly Hacker contribuyó en este reporte.

EDUCACIÓN E INMIGRANTESLea esta serie completa en nuestro sitio web con testimonios y videos
 Versión para imprimir |   Enviar a un amigo 

Dallas/Fort Worth: Fuente de RSS

Publicidad


Los más leído

Updated Fri 9.3.

DEA sigue pasos a 'Barbie'



Los más enviado