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Reportaje: Jóvenes desafían al destino

11:06 AM CDT on Tuesday, June 17, 2008

Por MACARENA HERNÁNDEZ y GARY JACOBSON

Los rumores sobre Víctor empezaron a circular un día antes de que se inscribiera en la preparatoria Adamson.

COURTNEY PERRY/DMN
COURTNEY PERRY/DMN
Misael (centro) baila con sus amigos en el Escapade 2009, en Dallas, en enero. Misael llegó a Dallas a trabajar hace dos años, pero poco después se inscribió en la preparatoria Adamson. Él continúa batallando entre la necesidad de aportar con la economía familiar y las exigencias académicas.

Es "brillante", llegó la voz desde el centro de admisión de inmigrantes del distrito escolar de Dallas. Es un genio de la computación. Uno de los estudiantes mejor preparados de los más de 12,000 que el centro ha procesado desde su apertura en 2003.

Cuando llegó a la Adamson, unas semanas después del inicio del segundo semestre, Víctor no decepcionó.

Marcia Niemann, la maestra titular de Inglés como Segundo Idioma en Adamson, dijo que Víctor es el estudiante de inglés más impresionante académicamente que ha visto en los cuatro años que ha trabajado en la escuela, y que escribe mejor inglés que algunos de los alumnos nacidos en el país.

Víctor viene de Monterrey, la tercera área metropolitana más grande de México.

"En Monterrey, si no sabes inglés no eres nadie", dice el autoproclamado nerd de 18 años.

En su país, sus padres cursaron dos años de universidad, y con ayuda de una beca, inscribieron a su hijo a una preparatoria privada donde pagaba 8,000 dólares al año. Víctor tiene entre sus planes asistir a la universidad.

La de Víctor es una formación y una expectativa educativa muy diferente a la de muchos inmigrantes recientes en la Adamson que provienen de pequeñas escuelas rurales mexicanas.

Niemann dice que la mayoría de los padres de sus alumnos tiene menos de nueve años de escolaridad, y un gran porcentaje de ellos mucho menos. Cuando llegan a Estados Unidos, algunos de esos estudiantes deben trabajar para ayudar a su familia aquí y en México.

Víctor llegó a vivir con una tía en Dallas luego de perder un semestre en Monterrey debido a complicaciones por una fractura en una pierna que sufrió cuando jugaba futbol.

"Si quieres llegar lejos tienes que tener herramientas", dice Víctor. "Y una de esas herramientas es el inglés".

La emoción por la llegada de Víctor levantó el ánimo de la maestra Niemann en las primeras semanas después del receso de invierno, un periodo en el que generalmente se siente preocupada porque algunos de sus alumnos se quedan en México cuando van a visitar a sus familiares, o consiguen un empleo y se salen de la escuela.

Un estudiante al que Niemann había estado dando especial seguimiento dejó de asistir a la escuela. Misael, inmigrante con dos años en el país, había estado batallando con sus estudios.

Ya le faltaban sólo dos meses para cumplir los 18 años, la edad en la que pueden abandonar la escuela sin el permiso de sus padres. Al igual que muchos de los alumnos de Niemann, Misael es oriundo de Ocampo, Guanajuato.

Misael participaba en los equipos de atletismo y campo traviesa, por eso, cuando la maestra Niemann se enteró de que se había salido de la escuela para trabajar, habló con su entrenador, Roberto Urbina, y ambos platicaron de cómo hacerlo regresar.

Si Misael no hubiera pertenecido al equipo sería poco probable que alguien lo buscara.

"Nada más prueban el dinero y quieren salirse de la escuela", dice Urbina.

Egresado en 1989 de la Adamson, Urbina llegó a Estados Unidos proveniente de Durango, México, cuando tenía dos años.

Él es uno de los hispanos del personal docente a los que la maestra Niemann busca cuando trata de hacer que sus estudiantes inmigrantes se sientan identificados con la escuela.

Sólo 16 de los 85 maestros de la Adamson son bilingües, dice el director de Adamson, Rawly Sánchez. Entre ellos está Urbina y tres instructores del programa de cadetes JROTC. La mayoría de los alumnos de Niemann terminan portando los uniformes verdes de cadetes del JROTC o en competencias de campo traviesa.Urbina localizó a Misael y programó una cita con integrantes del equipo en un restaurante cerca de la escuela. Cuando llegó, Misael se veía cansado. Había perdido peso desde diciembre. En su empleo de tiempo completo se dedica a limpiar alfombras.

"Ya sé que quieres dinero, campeón", le dice Urbina en español. A sus corredores les dice campeones.

"No es que quiera más dinero. Es que le quiero ayudar a mi jefa", dice Misael, refiriéndose a su madre, encargada de la cocina de un restaurante mexicano.

"Estudia y le puedes ayudar más", le dice el entrenador.

Urbina dice que Misael posee más talento innato que cualquier atleta que haya entrenado en los 14 años que lleva en Adamson.

Misael se colocó entre los primeros lugares de su primera competencia de campo traviesa y llevó puesta su medalla durante todo el viaje de regreso. Después estuvo a punto de clasificar para la competencia estatal.

Por experiencia personal, Urbina conoce la importancia de identificarse con la escuela. De no haber sido por su afición al deporte, duda que hubiera entrado a la universidad, East Texas State (hoy Texas A&M-Commerce). Por eso les dice a sus atletas que si se quedan en la escuela y corren para él, ellos también podrán ir a la universidad.

"Tú tienes talento para ganar", le dice el entrenador a Misael sobre la competencia estatal.

"Sí, pero ya no se puede", responde Misael, como si ya estuviera decidido a desistir.

Abraham, el mejor corredor del equipo de este año, observa la conversación. También inmigrante mexicano, Abraham está por graduarse entre el mejor 5 por ciento de su generación. Ve a Misael como a un hermano menor, aún cuando éste es seis meses mayor.

"Lo que yo hice no es nada comparado con lo que tú puedes hacer", dice Abraham.

"Pero tú tienes madre y padre", dice Misael.

"Enójate y úsalo en la carrera", dice Urbina. "Dedícasela a tu mamá".

Unos días después, Misael regresa a clases.

"Le digo que siga corriendo, que siga bien en la escuela y algún día será alguien muy, muy importante", dice Abraham.

Historias y destino

Niemann trata de mantener a sus alumnos el mayor tiempo posible en la escuela, aun si sus probabilidades de graduarse son escasas.

Dice que Abraham y Misael son un ejemplo real de por qué algunos inmigrantes logran salir adelante en las escuelas estadounidenses y otros batallan.

La edad a la que un estudiante emigra es importante, lo mismo que el ingreso familiar, la calidad de su educación en su país de origen y la escolaridad de sus padres.

Abraham vino a Dallas a los 12 años, proveniente del estado de Durango. Su padre tiene preparatoria. Su madre no, pero ella siempre le ha dado mucha importancia a la educación. Un hermano mayor estudia la universidad en México. Ambos padres trabajan.

Migrar a Estados Unidos a una edad temprana, considera Abraham, le facilitó el aprendizaje del idioma.

Cuando cursaba su tercer año en la Adamson empezó a tomar clases de inglés para créditos universitarios (AP).

Aprobó los exámenes TAKS en el primer intento y está pensando inscribirse en la Texas A&M-Commerce o en Bacone College en Muskogee, Okla., donde espera seguir compitiendo.

Hasta este año escolar, estuvo clasificado como estudiante que aprende inglés. La maestra Niemman dice que él debería haber sido reclasificado hace dos años, pero no lo fue por un descuido.

"No sólo se va a graduar, sino que lo va a hacer al nivel más alto posible dentro del sistema de educación pública", dijo el director de la Adamson, Rawly Sánchez.

Misael, por otro lado, se estableció en Dallas con su madre en el 2006. Inicialmente sólo venía a trabajar, pero después de varias semanas se inscribió en la preparatoria Adamson a la edad de 16 años.

Los inmigrantes adolescentes son los más susceptibles de experimentar dificultades académicas en la escuela.

El padre de Misael, que terminó la primaria, vive en México. Ha tenido una presencia irregular en la vida de su hijo desde que era niño. La madre de Misael, Juanita, llegó hasta tercer año.

Muy delgada, como su hijo, Juanita dice que trabaja unas 60 horas por semana, con un salario de 8 dólares la hora, para mantener a sus tres hijos en Dallas y uno que se quedó en México.

"Entre los dos vamos a sacar a tus hermanitos adelante", recuerda Juanita que le dijo a Misael cuando decidieron venirse a Estados Unidos.

En México, Misael perdió dos años de la primaria. Uno de sus profesores de secundaria recuerda que Misael tenía problemas para concentrarse, una característica que la maestra Niemann también notó.

A los 13 años, cuando estaba en la secundaria, empezó a ayudar a un familiar a sembrar y cosechar frijol y maíz, por el equivalente a 60 dólares por semana. A los 14 años ocurrió una tragedia. Su hermana menor murió al caer de la caja de una pickup en movimiento. El accidente cambió a Misael, dice su madre.

Al poco tiempo de haber llegado a Dallas, Misael batallaba para controlar su temperamento en la casa y en la escuela, recuerdan su madre y la maestra Niemann.

"Estaba muy abrumado", dice Niemann, y no sabía si era por problemas de conducta o académicos, o ambas cosas. La barrera del idioma complicaba la comunicación.

Pero cuando se sumó al equipo de Urbina, las cosas cambiaron.

"Me calmó Urbina", dice Misael ahora.

Mantener a Misael en la escuela dice algo también sobre Urbina. Él reprobó varias veces una de las pruebas para obtener la certificación estatal como educador, pero nunca se rindió.

"Conozco maestros que pueden pasar la prueba, pero no pueden llegar a un niño", dijo.

El exámen TAKS

En gran parte del segundo semestre en cualquier preparatoria de Texas la principal preocupación son los exámenes estatales TAKS. Y los maestros y alumnos pasan mucho tiempo practicando para esas pruebas.

A mediados de febrero, la maestra Niemann distribuye barras de granola y botellas de agua durante una práctica de la prueba de lectura. Los estudiantes reciben golosinas y agua el día de las pruebas.

Ella quiere que la práctica parezca tan cercana a la realidad como sea posible. Ella compró las golosinas con su propio dinero.

Un escritorio está notoriamente vacante. Juan, también de Ocampo, fue suspendido el día anterior después de que el director Sánchez lo sorprendió peleando con otros dos estudiantes en el baño. Eventualmente, él iría a una escuela alternativa, con lo que perdería aún más de las clases con Niemann.

A ella no le preocupa que él pierda el examen. Lo que sí le preocupa es que Juan se frustre y decida abandonar la escuela. Él ha pasado mucho de su tiempo en Estados Unidos trabajando junto a adultos. Cuando tenía 14 años ya había ahorrado lo suficiente como para comprar una pequeña casa en Ocampo, Guanajuato. "Está acostumbrado a ser tratado como un adulto", dijo Niemann.

Para los estudiantes que hacen la práctica del examen, ella escribe instrucciones en el pizarrón: pueden usar diccionarios inglés-español, la maestra puede leer una palabra o frase y también las preguntas y opciones de respuesta.

"Tomen su tiempo", dice Niemann. "Usen su diccionario".

Los estudiantes están inquietos. Una chica que ha estado en Estados Unidos menos de un año se lleva un lápiz hacia su pecho.

"Me estoy muriendo aquí", dice en español.

Algunos estudiantes discuten, batallan con la palabra "chunky" en un pasaje. "Las mujeres prefieren la mantequilla de cacahuate crujiente sobre la más suave".

La maestra Niemann nota la confusión. "En Estados Unidos", dice, "hay dos tipos de mantequilla de cacahuate. Una es suave, la otra es...".

"¡Chunky!", dice un alumno,

Ese tipo de pausas para explicar inglés común son parte de su técnica para ayudar a inmigrantes recientes a tener sentido de las cosas americanas.

El entrenador Roberto Urbina nada con integrantes del equipo de atletismo de la preparatoria Adamson. En abril, el equipo tuvo una competencia en UNT.

En los primeros tres años en Estados Unidos, los nuevos inmigrantes tienen algunas excepciones para los exámenes estatales.

Sin embargo, para graduarse deben pagar los exámenes de egreso –lectura, matemáticas, ciencias y estudios sociales– en inglés, sin la ayuda de un diccionario.

"Los estudiantes se quejan de lo difícil que son las prácticas para las pruebas.

"Sí, es muy duro", dice la maestra Niemann a la clase. "Pero es lo que tienen que hacer para graduarse. Práctica. Práctica. Práctica. Tienen mucho tiempo para practicar".

Una carrera para ganar

En parte porque sus ausencias al comienzo del semestre lo atrasaron en clase, y en parte porque batalla con las más simples tareas, Misael reprobó algunas materias del primer periodo de seis semanas de calificación, entre ellas la que imparte la maestra Niemann.

Ello le quitó el derecho de competir durante la mayor parte de la temporada de pista.

Abraham empezó a ir con él a tutoría. Un día antes de la carrera de 800 metros del campeonato del distrito, en abril, Misael recuperó su derecho a competir.

Urbina temía por su preparación. La carrera de 800 metros exige mucho. Misael había estado entrenando por su cuenta y no con el equipo. ¿Estaría preparado?

Ante la mirada de Niemann, el entrenador, Abraham y otros compañeros de equipo, Misael tomó la delantera en la primera vuelta de dos. Woo hoo, gritó Urbina. "Ese muchacho es un guerrero".

Misael no ganó, pero terminó segundo, y lo más importante era que seguía en la escuela.

No ocurrió lo mismo con Víctor, el chico de Monterrey que causó sensación al principio del semestre.

Tres semanas antes de terminar la escuela, súbitamente regresó a casa. Quería estar cerca de su madre, que se recuperaba de una operación.

Para cuando Víctor se fue, ya dudaba que la Adamson fuera la escuela indicada para él. Las matemáticas eran más fáciles y le encargaban menos tarea que en su país.

Víctor, como muchos inmigrantes, se sorprendió de que la Adamson pareciera tan mexicana y lo mucho que se habla español ahí. Le preocupaba no tener oportunidad de practicar su inglés.

Víctor quiere volver a su escuela privada en Monterrey el año próximo. Después, dice, podría regresar a Estados Unidos a estudiar ingeniería de sonido.

Por ahora da unos consejos a sus ex compañeros de clase en la Adamson.

"Yo les diría que le echen ganas, que traten de aprovechar todas las oportunidades que les brinda la escuela", dice. "Y algo muy importante, siempre buscar llegar a ser más".

Hernández y Jacobson escriben para The Dallas Morning News.

EDUCACIÓN E INMIGRANTESEn nuestro sitio web podrá leer esta serie completa,

con acceso a videos y testimonios

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