En los últimos años, cientos de jóvenes han edificado en Dallas lo que hoy podría considerarse un 'paraíso' para el rock en español original.
Los músicos, promotores y fans que dan vida a este movimiento, tienen el mérito de haberlo construido pese a los retos y avatares que suelen acompañar a la condición de inmigrante que la mayoría de ellos comparte. El rock en español vive hoy el mejor de sus momentos en Dallas, sin embargo, algunas bandas creen que tendrían que emigrar, esta vez al sur, para alcanzar sus metas. Abajo, cerca de 200 discípulos de ese género musical nacido en los 50, contestatario y enérgico por definición, que lleva décadas sonando por el mundo.
BEN TORRES/ESPECIAL PARA AL DÍA
La Batalla de las Bandas, en diciembre pasado en FireWater, fue uno de los varios eventos que evidencian un movimiento de rock en español que se consolida en Dallas. Torbe fue uno de los grupos participantes.
Son, todos, estupendos alquimistas que hacen del modelado capilar, la mezclilla entubada, el cuero y los Converse pringosos, su medio predilecto de expresión; el grifo del que emana su identidad.
Arriba, en la tarima, juglares modernos con guitarras eléctricas, bombos, teclados y micrófonos, en el delirio total porque están a punto de ventilar con música sus "netas" más profundas.
Y abrigados por la noche, en este antro por guarida plagado de luces multicolores y tragos a mano, se funden todos en este rito que los puede conmover, porque lo que entra por sus oídos, aunque estén en la tierra de la hamburguesa y los Cowboys, es rock que retumba en español, el idioma del que nacieron sus nombres.
Entre 20 y 25 bandas empeñadas en crear rock original en la lengua de Cervantes han hecho de ésta una escena cada vez más habitual en Dallas.
Nunca como hoy, dice el promotor musical y representante de bandas Jorge Casiano, podía hablarse en el Norte de Texas de un "movimiento de rock original en español", porque nunca como ahora hubo tantas bandas en activo, y porque nunca les había sido tan fácil encontrar las guaridas para, una noche sí y otra también, volver a escenificar el rito.
"Las bandas que están haciendo rock en español, y la gente que las sigue, están haciendo algo que no pueden evitar", aunque vivan en un país donde se habla inglés, dice Casiano.
La mayoría de las bandas, explica, están conformadas por inmigrantes que aprendieron a hablar, a pensar y a soñar en español. "Su idioma es parte de lo que son, y no se puede dejar de ser, quien uno es".
Por eso a Casiano le emociona tanto la eclosión de este "movimiento". Porque la multiplicación de bandas y de sus seguidores significa, en su lógica, que toda esta gente está encontrando vías de expresión y asideros de identidad que antes no tenía. Su regocijo se entiende. El recorrido no ha sido fácil.
Muchas bandas que quisieron construir con su música y sus "netas" un movimiento similar en el pasado, y los adeptos que entonces encontraron en ellos sus asideros, se quedaron en el camino.
A mediados de los 90, cuando el rock en español en México, España, Argentina y otras latitudes era ya una revolución consagrada, algunas bandas intentaron replicar la quimera a nivel local. En aquella época, Efraín Kasshane solía escuchar en Dallas a Terapia intensiva, Sacramento, Cielo 69, Ciclo Cero...
"Son las (bandas) que recuerdo", dice, "todas se aferraban a tocar su propia música".
Cuando llegó al Norte de Texas, el plan de Kasshane era trabajar, juntar dinero y regresar a México para armar su banda "como Dios manda".
Pero ya no volvió y hoy, en cambio, sigue poniéndole voz a las rolas de Morvius, la banda con la que acumula casi una década aportando granitos de arena a la historia del rock en español en esta zona.
De aquellas bandas, dice Kasshane, sólo los recuerdos quedan. Se extinguieron, explica, porque no había muchos lugares que encontraran conveniente subir a sus tarimas a grupos casi tan desconocidos como sus canciones.
Se imponía, dice, el culto de los gerentes de los antros por los covers; esos temas de bandas célebres que pueden seducir a cualquier audiencia, si lo que la audiencia busca en la música no es más que un condimento sonoro para un buen trago de noche.
Casiano asegura que también se desvanecieron por la imposibilidad de encontrar espacios en los medios masivos de comunicación.
Sin embargo, para fortuna de las bandas, en años recientes el ambiente adverso, fue dejando de serlo.
Entre finales de noviembre y mediados de diciembre pasado, 10 bandas locales se enfrascaron en la segunda edición de La Batalla de las Bandas en Dallas. En la escaramuza musical participaron Torbe, Atelier, Charley y el Faro de Alexandría, entre otras, y tuvo lugar en el FireWater, un antro en el noroeste de Dallas que se ha convertido en guarida de los grupos.
El movimiento rockero en Dallas tiene sus seguidores. Decenas de personas asistieron a la Batalla de las Bandas II.
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El movimiento rockero en Dallas tiene sus seguidores. Decenas de personas asistieron a la Batalla de las Bandas II.
La presentación de bandas que tocaban en inglés era tradición en el FireWater, pero fue a principios del 2008 cuando Valdez convenció al dueño del lugar de que podría ser redituable abrir sus puertas a bandas hispanas que tocaran música original.
"Las bandas desconfiaban, supongo que no las habían tratado bien, y me costó trabajo convencerlas. Pero vieron que era en serio, y al final pudimos organizar la Batalla", dice Valdez.
Durante cada uno de los cuatro jueves que duró el evento, unas 200 personas se dieron cita en el FireWater. Al final, los honores y el dinero fueron para Los Hijos de Juan y La Seven, banda que durante cuatro años se encerró a componer sus temas y llegó al combate con sólo tres tocadas a cuestas.
Aunque fue un evento con especial poder de convocatoria, la Batalla ha sido sólo uno de incontables eventos que organizan esas y muchas otras bandas hispanas de la zona.
A esas tocadas las bandas han agregado una herramienta para difundir su música que las bandas de antes no tuvieron. Casi todas utilizan sitios como Myspace, YouTube o Facebook para difundir su música, para estar en contacto con otras bandas –locales o extranjeras– y para organizar sus presentaciones.
"Internet ha sido clave", dice Anwar Alonzo, baterista de Morvius. "Hizo más fácil que la gente que estaba buscando rock en español tuviera manera de encontrarlo".
Además, en el ciberespacio se desvanecen las fronteras que antes pudieron haber limitado la difusión y el desarrollo del rock en español que se hace en Estados Unidos.
"Como inmigrantes debemos apostar por el inglés para adaptarnos al país, pero para hacer música en español no hay límites", dice Alejandro Barbera, bajista de Los Hijos de Juan. "La tecnología permite que, aunque estés en Texas, tu música se pueda oír en España o Japón... ya no es importante en qué lugar estés".
Barbera afirma que en este país los medios –tecnología y equipos– para hacer música están al alcance de todos los que quieran trabajar por ellos, no como en su natal Argentina y, supone, como en el resto de América Latina.
"Este es el país de las oportunidades", dice Barbera, quien como la mayoría de los músicos del movimiento combina su pasión por la música con la vida de trabajo que suele acompañar la aventura migratoria.
"En Argentina es imposible armar tu estudio –como el que ya tienen Los Hijos de Juan– para grabar tu material... en este país el único límite es tu creatividad".
'El Pollo' Jofre, vocalista de la banda, ilustra la diferencia con una anécdota que vivió cuando tocaba hace años en Argentina: "Te lo juro por mi hijo... el bajista que teníamos se la pasó tocando con las mismas cuerdas durante 10 años, hasta que decidimos comprarle una nuevas. Eso no pasa aquí".
La multiplicación de espacios para tocar y la tecnología, sin embargo, no parecen ser suficientes para que Dallas se convierta en el lugar donde estas bandas podrían cumplir sus más grandes anhelos.
Algunas bandas comenzaron ya a voltear al sur. Casiano explica: "México es para los rockeros que hacen música en español en EU, lo que Hollywood es para cualquier actor del mundo".
Kasshane está convencido de que, si estuviera en México, Morvius deambularía hoy por más elevadas esferas musicales.
"Habría más competencia, lo sé, pero estaríamos inundados de sitios para tocar, con un público y disqueras más receptivos, en un lugar donde el rock en español hace mucho dejó de ser un experimento... Dallas tiene un límite".
El problema es que ir a probar suerte a México o a otros países hispanoparlantes, podría no ser tan sencillo.
Casiano calcula que en cada banda, dos o tres de sus integrantes podrían salir, pero no volver, al menos no por las rutas oficiales.
Pese a todo, Kasshane y Morvius planean ya una gira por México. Están dispuestos a probar suerte. Si su destino es quedarse, se quedarán, si tienen que volver, verán cómo lo hacen.
'El Pollo' Jofre, Alonzo, Barbera y Kasshane comparten la felicidad de ser parte del "movimiento".
"Estoy viviendo cosas que nunca viví", resume 'El Pollo'.
Pero coinciden también en que al final, será cada una de las bandas la que defina su destino.
Si una o dos de ellas logran llegar a la cima, aquí o en donde sea, el movimiento, dicen, habrá cumplido su cometido. "Si (el movimiento) se diluyera ahora, no importa", dice Barbera, "ya permitió el surgimiento de bandas que, si se ponen metas claras, si creen en su música, llegarán lejos".
Este "movimiento", pronostican, seguiría produciendo bandas, o un nuevo movimiento surgiría en el futuro y de él surgirán otros grupos.
Y si es así, la quimera podría seguir repitiéndose, en un antro o en otro, que servirá de guarida a los mismos o a otros alquimistas del modelado capilar y la mezclilla entubada, que seguirán conmoviéndose con el rock que retumba en sus oídos.
Y entonces, seguirán encontrando en esos ritos los grifos de los que emana a borbotones su identidad.
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