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Soldados colombianos encaran una nueva vida

Regresan a colombia con rostros reconstruidos

09:24 AM CST on Tuesday, February 19, 2008

Por ISABEL C. MORALES/Al Día

Bogotá– El soldado campesino Elkin Vega, de 23 años, añora regresar a Dallas. Desde que volvió a Colombia en julio pasado sus días transcurren frente al televisor o durmiendo.

AP
Edgar Fuquene aún recibe terapia en Bogotá. Fuquene y otros soldados heridos en la guerra civil colombiana recibieron múltiples cirugías en Dallas.

No trabaja, ni califica todavía para ser pensionado. Ocasionalmente recibe un ingreso de apenas 20 dólares semanales por trabajos eventuales en un taller de hojalatería y pintura a unas cuadras de su casa en el barrio El Ferrol, al sur de la capital.

Cerca de ahí, en otro barrio más al sur, el cabo Edgar Fuquene, de 26 años, apenas tiene tiempo para recordar sus días en Dallas. En una oficina del Ejército en el Batallón de Sanidad, donde se realizan programas de rehabilitación para los soldados heridos en la guerra, Fuquene pasa el día llenando documentos, contestando el teléfono y buscando información en internet.

Para él, su tiempo en Estados Unidos le dio la oportunidad de sentirse valorado y tener el trabajo que ahora tiene. Pero regresar no es parte de sus prioridades, ya que hace seis meses se casó y quiere formar una familia.

Tras una estancia de cerca de dos años en Dallas, en donde fueron sometidos a múltiples cirugías y tratamientos de reconstrucción facial, los soldados Vega y Fuquene regresaron a su país literalmente con un nuevo rostro, pero también profundamente transformados por sus vivencias en Estados Unidos.

"Yo aprendí mucho allá, a pensar en grande, que no hay que limitarse en nada, que hay otros mundos y que no importa como esté uno de fregado, se puede salir adelante", dijo Fuquene, quien junto con Vega y los soldados John Barón de 22 años y José Campos, de 27, fue uno de los primeros beneficiarios de un proyecto entre la fundación United For Colombia y el Baylor University Medical Center para apoyar a las víctimas de la guerra en Colombia.

"La oportunidad (que Dios dio) al Baylor University Medical Center a través de personal médico para tratar a estos soldados nos permitió compartir nuestra misión que Dios puede sanar en todas circunstancias", dijo John McWhorter, presidente de esa institución.

La atención a esos soldados fue una donación que el centro médico Baylor hizo a United For Colombia (UFC), una organización no lucrativa con sede en Washington D.C., que desde el 2003, ha contribuido a rehabilitar a decenas de niños víctimas de las minas terrestres y a numerosos soldados desfigurados o mutilados por los explosivos de la guerra que por más de tres décadas ha vivido ese país contra las drogas y el terrorismo.

Pedro Felipe Franco, el cirujano maxilofacial que lideró los esfuerzos de los médicos voluntarios de Baylor, dijo que el momento en el que se realizó el proyecto de recuperación de los soldados colombianos fue perfecto, ya que en ese entonces no había tantos soldados estadounidenses heridos en Irak.

"Ahora es más difícil, están llegando muchos soldados de Irak o Afganistán. Lo hicimos en un momento crucial", dijo Franco.

La experiencia del Baylor y la fundación UFC fue la primera colaboración en su tipo y sentó un precedente para establecer alianzas con otros hospitales como la Clínica (Mayo Clinic) en Rochester, Minn., en donde actualmente reciben tratamiento ocho soldados colombianos.

Desde el 2003, cuando arrancó el proyecto de UFC unos 20 soldados colombianos han sido tratados en hospitales estadounidenses.

"Dallas para nosotros fue el primer lugar donde pudimos llevar soldados. Por la calidad humana de los médicos, de la gente que los acompañó es que han salido adelante. A partir de ahí tuvimos más acuerdos con otros hospitales", dijo Gabriela Febres-Cordero, fundadora y presidenta de United For Colombia.

El número de soldados tratados en Estados Unidos es muy pequeño frente a la magnitud de los saldos de la guerra contra la guerrilla y el narcotráfico en Colombia.

De acuerdo a cifras del Ministerio de Defensa, entre agosto del 2002 y diciembre del 2007 un total de 9,213 soldados (del ejército, armada, fuerza aérea y policía nacional) resultaron heridos en combate. Sólo en el 2007 hubo 1,900 heridos de los cuales 60 por ciento fueron víctimas de minas antipersonales. Ese mismo año, 500 soldados murieron en enfrentamientos.

UFC estima que, en la actualidad, unos 760 soldados han sido considerados deshabilitados.

La alegría del espejo

En julio del 2006, Vega fue sometido a una última intervención médica en Dallas. Un equipo de doctores de Baylor, encabezado por el cirujano plástico Richard Y. Ha le retiró los expansores que le habían implantado en el rostro para estirarle piel y removerla hacia las partes calcinadas.

Días después del procedimiento, Vega no tenía la fuerza, ni las ganas de mirarse al espejo.

Tenía miedo. Antes de hacerlo respiró profundo y cerró los ojos. Cuando los abrió no pudo contener las lágrimas. La piel quemada y llena de cicatrices que había cargado por casi tres años en la mejilla, cuello y frente, había casi desaparecido de su rostro.

DEBORAH RAE TURNER-MACK/AL DÍA
Elkin Vega (arriba) observa la prótesis ocular de John Barón. Grant Gilliland, un especialista en cirugía reconstructiva de los ojos, diseñó la prótesis para Barón.

"Por dentro sentí una alegría tan inmensa. La felicidad más grande de mi vida", dijo el soldado Vega. "No lo podía creer después que el día anterior tenía todas esas bolsas por todo mi cuerpo, que me volvieron deforme", dijo.

En julio del 2003 en un ataque de la guerrilla en los llanos surorientales de su país, Vega sufrió quemaduras de tercer grado en la cara, cuello, oreja y brazos cuando una onda expansiva lo arrojó al suelo con todo y artillería. En Colombia fue sometido a ocho cirugías que no lograron reconstruirle el rostro, ni tampoco darle esperanzas de una vida normal.

Sus perspectivas cambiaron cuando en el 2005 fue seleccionado de entre cientos de soldados para participar en el proyecto de UFC y viajar a Dallas para un nuevo tratamiento.

"Esa era la única esperanza que yo tenía para poder mejorarme la cara y tan siquiera poder mover el cuello", dijo Vega. "Ese día que sabía que el doctor iba a ir, yo ni dormí, esperando que me seleccionaran", dijo.

Vega tuvo siete cirugías en el hospital Baylor. Las primeras intervenciones consistieron en estilarle la piel que tenía en buen estado en el pecho y el cuello implantándole unos expansores de tejido para crear piel sana. Cada vez que la piel crecía, se hacía un nuevo procedimiento para estirar esa piel hacia la parte quemada. También fue sometido a varias cirugías para ponerle una prótesis de la oreja izquierda y para reconstruirle la ceja.

El caso de Vega fue quizá el más difícil que enfrentaron los médicos de Baylor que atendían a los soldados colombianos.

Uno de los problemas fue que el soldado no tenía mucha piel para expandirla, y aunque eso dificultó que se cumpliera totalmente con la expectativa, el doctor Ha dijo sentirse bendecido por haber podido ayudar al proceso de recuperación del soldado.

"Si puedo hacer algo para hacer sentir mejor a alguien, eso significa mucho para mí", dijo Ha. "Esta especialidad me ha dado la oportunidad de ayudar a quienes podrían no tener este tipo de ayuda".

Una estancia prolífica

Entre una cirugía y otra, los soldados colombianos se adentraron en la vida cotidiana de este país y fueron expuestos a una variedad de situaciones como parte de sus tratamientos de rehabilitación emocional.

En agosto del 2005 por ejemplo, Fuquene y Barón tuvieron un encuentro personal con el presidente Álvaro Uribe, quien luego de una reunión con el presidente Bush, convivió con los soldados a quienes llamó "nuestros héroes.... hombres jóvenes que luchan constantemente por nuestro país y que sufren las consecuencias de la violencia y los ataques de la guerrilla".

Los soldados también se reunieron con el popular cantante Juanes durante la gira que el artista realizó por esta ciudad. Juanes dirige la fundación Mi Sangre que lucha contra las minas antipersonales en Colombia. Además viajaron a Washington en donde se reunieron con estudiantes de Georgetown University y tuvieron numerosos encuentros con miembros de la comunidad colombiana en Estados Unidos.

En los periodos de recuperación estudiaban inglés y aprendían el manejo básico de las computadoras. Se familiarizaron con internet y descubrieron la magia del chat. Decenas de colombianos que viven en Dallas se volcaron hacia ellos.

"Yo no sabía ni siquiera prender el computador, muchas personas me ayudaron y me enseñaron. Fue así como aprendí", dijo. "Si pudiera regresar aprovecharía más el tiempo. Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde", dijo Vega en su apartamento en Bogotá.

Para Vega, sin embargo, la situación esta todavía lejos de la normalidad. No puede trabajar porque está en espera de que una junta médica del Ejército lo evalué para ser pensionado. Por ahora está inactivo como militar y aguarda el momento en que pueda volver a Dallas para continuar el tratamiento.

"Yo sí quisiera mucho regresar allá...ya estaba adaptado a esa vida, tenía mucho cariño y la vida muy tranquila. Me gustaría regresarme para terminar el tratamiento y estar con las personas que conocí", dijo Vega, mientras iba en un taxi por las calles de Bogotá, y se dirigía al Batallón de Sanidad donde cada mes tiene que ir a reportarse con un capitán.

Un nuevo comienzo

El cabo Fuquene se ha convertido en traductor de sus amigos del ejército de Colombia. Es a él a quien acuden cuando tienen alguna duda. El diccionario y los libros que compró en Dallas para sus clases de inglés durante dos años en Richland College son sus eternos compañeros y viajan en su mochila.

Cuando llegó a Dallas en julio del 2005, no entendía una sola palabra en inglés.

Por meses, Fuquene mostró un rostro deformado por los expansores y las cicatrices de más de 11 cirugías, una tras otra. En febrero del 2004, en una emboscada de la guerrilla, una mina terrestre explotó dejándole heridas que deformaron su rostro y le provocaron parálisis de un nervio facial y decremento sustancial de la visión.

En su estadía en Dallas se le reconstruyó la órbita ocular izquierda con material sintético, se le colocaron múltiples expansores de tejido para crearle nueva piel y se le reconstruyó el párpado izquierdo. Su tratamiento tuvo un costo aproximado de 70,000 dólares.

Los costos del tratamiento médico de los cuatro soldados en Dallas, que incluyeron servicios profesionales y de la clínica ascendieron a 500,000 dólares que fueron absorbidos por Baylor, los cirujanos y sus equipos médicos.

United For Colombia costeó la estadía de los jóvenes por el tiempo que duró su tratamiento. En promedio pagaron 400 dólares mensuales por soldado.

UFC se financia con donaciones públicas y de otras organizaciones. Recientemente recibió medio millón de dólares por parte del Departamento de Estado, para continuar con su labor de rehabilitación de soldados heridos en la guerra.

Según Febres-Cordero, la responsabilidad de la lucha contra la droga es de ambos países, ya que Colombia la produce pero es Estados Unidos quien la consume. "Creo que esta es una responsabilidad entre pueblos y entre seres humanos", dijo.

Fuquene está becado por la fundación Mi Sangre de Juanes y todas las noches estudia inglés, después que sale del trabajo.

"Lo que más extraño de Dallas es que uno pasaba desapercibido, la gente no se metía en su vida. Aquí todo el tiempo la gente (pregunta) por la cara de uno, y qué le pasó", dijo.

Orgullosos de su trabajo

Dallas y los médicos de Baylor le devolvieron a José Campos la confianza en sí mismo.

A diferencia de sus compañeros, él sólo pasó tres meses en Dallas, un tiempo suficiente para que Suzanne Verma, anaplastóloga del Centro de Prótesis Maxilofaciales del Baylor College of Dentistry le hiciera una prótesis de oreja.

"Uno con oreja cambia mucho", dijo Campos, que con sus ahorros y la pensión que recibe del ejército pudo montar un billar en la ciudad de Neiva, departamento de Huila y de ahí mantiene a su familia. "Esa oreja me cambio la vida", dijo.

Esa respuesta hace feliz a Verma.

"Ver a esa persona regresar a la sociedad y verlo sonreír y sentirse a gusto consigo mismo es de las grandes satisfacciones de este trabajo", dijo.

John Barón, quien perdió un ojo durante un ataque de la guerrilla, fue atendido por el doctor Grant D. Gilliland, especialista en cirugía ocular del Heritage Eye Center, que le colocó una prótesis ocular. Además tuvo varias cirugías para removerle una cicatriz que cruzaba su cabeza como una diadema y para reacomodarle el maxilar superior y reconstruir el hueso frontal con varios injertos de cráneo, realizados por Franco.

"Cuando él se fue de Dallas, estaba muy contento porque el tratamiento fue muy exitoso y completo", dijo Claudia Estrada, asesora del Ministerio de Defensa de Colombia.

Después de su llegada a Bogotá, Barón fue pensionado por el ejército. "Él dijo que se iba a trabajar al campo con su familia y que se mantendría en contacto. Pero no sé nada de él, desde entonces", dijo Estrada.

La reconciliación con su país

Por los soldados colombianos que se hospedaron en su casa, Jaime Restrepo volvió a querer a su país. Restrepo llevaba 17 años sin regresar a su patria, ya que la última vez que lo hizo le robaron sus pertenencias.

"No quería regresar, prefería ir a otros países después de lo que me pasó. Me sentí mal", dijo Restrepo.

Pero todo cambió en los nueve meses que los soldados vivieron en su casa. Cada día hablaban del país y de cómo la seguridad había regresado a las ciudades.

"Cuando ellos decían cosas bonitas del país, me fui enamorando y me entraron esas ganas por viajar y visitar a mi familia", dijo Restrepo, que en julio del año pasado volvió a Colombia. "Tuve los momentos más felices que he tenido en mucho tiempo. Me arrepiento de no haber ido antes".

Restrepo fue uno de los miembros de la comunidad colombiana en Dallas que se sumó al esfuerzo de UFC para rehabilitar a las víctimas de la guerra.

La misión de los cuatro soldados no fue sólo médica, con el tiempo lograron que la comunidad colombiana y latina se uniera más, que familias que no se conocían comenzaran a crear vínculos de amistad. Ahora continúan a pesar del tiempo y que los jóvenes ya no están en Dallas.

"Yo sé que la gente allá trabaja muy duro, y casi no tiene amigos. A mí me alegra, mucho que la comunidad se unió por nosotros", dijo Vega, en Bogotá.

Claudia Estrada, asesora del Ministerio de la Defensa, Área de Veteranos, del gobierno colombiano, dijo que la red de cariño que se conformó entre la comunidad latina y estadounidense en Dallas fue esencial para la recuperación de los jóvenes. "El apoyo y el interés de las comunidad por ayudar fue muy importante y sin ellos este proceso no hubiera sido tan positivo", dijo Estrada. "Su entrega y ganas de ayudar se notó".

Mientras los jóvenes estuvieron en Dallas la comunidad los invitaba a eventos familiares, culturales, los transportaba para llevarlos a las citas médicas, les daban tours por las ciudades, les enseñaban inglés y cómo usar la computadora. Estaban con ellos todo el tiempo.

"La comunidad colombiana me trató como un hijo. Les tengo que agradecer muchísimo. Ahora son mis amigos y si cualquier cosa pasa puedo contar con ellos", dijo Fuquene.

Restrepo asegura que por la comunidad conoció a amigos que nunca tuvo en sus cuatro años de estadía en Dallas.

"Para mí ellos fueron tan especiales que yo los volvería a recibir en mi casa. Ellos son los que están peleando por un mejor futuro y para que nosotros estemos bien", dijo Restrepo.

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