El Paso – Funcionarios mexicanos intentan persuadir a turistas estadounidenses de que visiten Ciudad Juárez, promocionando la población en una campaña de nuevas vallas publicitarias como "la tierra de encuentros". Pero, de este lado de la frontera, el slogan parece un chiste macabro.
Más de 1,100 personas han muerto este año en Juárez en enfrentamientos entre bandas de narcotraficantes. Las matanzas son de tal magnitud que se ha prohibido a los soldados estadounidenses que visiten sus bares. Por otra parte, los hospitales públicos en El Paso han comenzado a recibir heridos de los frecuentes tiroteos en Juárez y personas en el lado norteamericano temen cruzar la frontera para visitar a sus familiares, ir de compras o realizar negocios.
"A todos nos gusta ganar dinero, pero el dinero que estaba obteniendo no recompensaba" por los peligros, dijo Fernando Apodaca, que pasó al menos un día por semana durante los últimos 18 años trabajando en Juárez como asesor de la industria automovilística. Luego de que su camioneta Cadillac Escalade le fue robada en un asalto el mes pasado, Apodaca se juró no volver a cruzar la frontera.
"Me pusieron un revólver en la cara. Esa es una tierra sin ley", dijo.
En Juárez, una ciudad de 1.5 millones de personas separada de El Paso por el Río Grande, se han registrado más asesinatos este año que los ocurridos conjuntamente en Nueva York y en Chicago en todo el 2007. Y esas ciudades tienen una población siete veces más grande que la de Juárez. Sólo el fin de semana pasado hubo 37 asesinatos.
Juárez ha tenido siempre fama de ciudad agitada. Pero hasta hace algún tiempo, los visitantes se sentían seguros en ella. La violencia comenzó a acrecentarse a comienzos de año luego de que el presidente de México Felipe Calderón lanzó una ofensiva nacional contra los barones de la droga.
Al principio, las matanzas eran entre grupos de narcotraficantes. Luego, soldados, policías y funcionarios del gobierno se convirtieron en los objetivos principales de los narcos.
Y con el transcurso del tiempo, más y más personas ajenas a las bandas o a las autoridades comenzaron a caer víctimas de las balas. En agosto, pistoleros enmascarados atacaron un centro de rehabilitación de drogadictos y asesinaron a ocho personas. Seis hombres fueron asesinados el anterior fin de semana en una fiesta familiar. Un niño de 12 años fue abatido a balazos en junio cuando viajaba en compañía de dos hombres que habían sido amenazados por pistoleros. El subjefe de policía de Juárez fue asesinado en mayo, cerca de su hogar, y recibió más de 50 balazos.
Atracos a mano armada, asaltos de conductores y secuestros para cobrar rescate son también frecuentes.
"Se trata de un medio ambiente caótico. Ningún cártel tiene control absoluto. Tampoco el gobierno está en control. Eso hace muy peligrosa la situación", dijo Tony Payan, un experto en crimen en la frontera que enseña en la universidad de Texas-El Paso.
Aunque la violencia no se ha extendido aún al otro lado de la frontera, está causando problemas económicos en El Paso, una ciudad de unos 600,000 habitantes donde sólo hubo 17 homicidios en el 2007.
Docenas de víctimas de ataques, algunos ciudadanos norteamericanos o residentes legales, han sido tratadas en el hospital general Thomason, el único nosocomio en una extensión de 250 millas que tiene equipos para atender a tales pacientes. Y eso les ha costado a los contribuyentes locales más de un millón de dólares hasta el momento.
Las autoridades del hospital han tenido que cerrar sus puertas en varias ocasiones ante temores de que pistoleros matasen a heridos que se estaban curando en sus instalaciones, algo que ha ocurrido en hospitales mexicanos.
Soldados de Fort Bliss tienen prohibido viajar a Juárez, cuyos clubes nocturnos eran en una época muy populares entre los efectivos militares estadounidenses.
El cónsul general mexicano Roberto Rodríguez Hernández dijo que la cifra de visitantes que cruzan a Juárez de El Paso bajó este año un 20 por ciento en relación al 2007.
Los negocios en Juárez están cerrando sus puertas o disminuyendo sus horas de atención al público debido a la violencia y a la reducción en la cifra de visitantes.
El Departamento de Estado estadounidense emitió un alerta de viaje el martes, advirtiendo a los estadounidenses sobre los tiroteos en pleno día en centros comerciales de Juárez. También sugirieron a los solicitantes de visas de turismo para ingresar a Estados Unidos que no paguen al contado en el consulado de Juárez. De esa manera, evitarán ser asaltados mientras aguardan en la fila.
Rosa Flores, de 30 años, ha vivido en ambos lados de la frontera y solía viajar a Juárez dos veces por mes para visitar a su familia con su hijo de nueve años y su hija de 11. Pero no ha vuelto a Juárez desde que se registraron dos letales tiroteos a unas 10 cuadras de la casa de un familiar que solía visitar.
"Es triste que no pueda llevar a mis hijos al sitio donde crecí", dijo Flores.
Caldwell escribe para Associated Press.