Nunca ha sido santa de mi devoción, pero ayer sentí auténtica lástima por Pilar Montenegro, al verla cantar —con playback— su “veintiúnico” éxito “Quítame ese hombre”.
Quizá andaban cortos de contenido en “Despierta América” o a lo mejor quisieron hacer su obra de caridad semanal al darle chance a esta mujer de recordarle al público que todavía existe.
Para empezar, sigue instalada en ese look grupero de top y pantalón ajustado que popularizaron Ana Bárbara y Ninel Conde y que ya ninguna de las dos utiliza; luego, se ve que le ha entrado con singular alegría a los tacos, tortas y tamales porque el revelador atuendo me permitió verle una que otra lonjita que la ex Garibaldi no se ha preocupado por eliminar.
No culpo a Pilar por seguir haciendo su luchita para pagar las cuentas y seguir vigente, pero quizá debería dejar la cantada y considerar ser la imagen de alguna marca de calzado o maquillaje, incursionar en la conducción o de plano romper el cochinito y poner un negocio.
Pero es obvio que la señorita está terca en recuperar la gloria perdida y se niega a aceptar que su pequeño momento ya pasó. Cuando eso sucede, uno ve momentos televisivos patéticos como el que me motivó a escribir esta columna.
Les deseo un maravilloso fin de semana. Yo me dedicaré a buscar “Quítame ese hombre” en iTunes.
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