Tan contenta que andaba yo esta semana disfrutando de los Juegos Olímpicos hasta que los chinos tuvieron a bien confesar que parte de los fuegos artificiales que se vieron por TV durante la ceremonia de inauguración fueron generados por computadora, y que la voz de Lin Miaoke, que cantó “Oda a la Patria” en realidad era la de Yang Peiyi, que al final fue eliminada del show por no ser lo suficientemente “bonita” para la ocasión.
¿Descaro?, ¿trampa?, ¿engaño? Ninguno de las anteriores. Para todos aquellos que se rasgaron las vestiduras cual fariseo en el templo de Yahvé, indignados porque los organizadores de Beijing 2008 les “mintieron”, permítanme recordarles que la Olimpiada es, además de una celebración deportiva, UN ESPECTÁCULO que cada cuatro años debe superar a la sede anterior.
Si eso significa utilizar efectos especiales y playback para ofrecer un show inolvidable, que así sea. ¿Acaso nadie se acuerda ya de la ceremonia inaugural de Barcelona 92? En esa ocasión, el atleta paralímpico Antonio Rebollo encendió el pebetero lanzando una flecha con su arco desde el centro del Estadio Olímpico de Montjuich. Después se supo que la flecha no cayó en la antorcha, como se vio en televisión, sino en las afueras del recinto olímpico.
Así que a aquellos que siguen criticando el “engaño” de Beijing, yo les sugiero que enfoquen su indignación en temas que realmente lo ameriten, como el conflicto Rusia-Georgia, la desaparición de la pequeña Caylee Anthony e incluso la doble moral y telaraña de mentiras del ex precandidato presidencial demócrata John Edwards.
Yo, por lo pronto, seguiré disfrutando las competencias y cruzaré los dedos para que ninguno de mis atletas favoritos dé positivo en dopaje. Eso sí me indignaría.
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