A algunos expertos les preocupan los gobiernos populistas de izquierda en América Latina y aunque algunas de esas preocupaciones son legítimas, sería más fácil que intentaran entender los procesos políticos de la región como casos particulares y no como un problema regional.
Hay que olvidarse de los Chávez y los Morales por un momento y centrarse en el verdadero problema de la región: el presidente colombiano Álvaro Uribe.
A diferencia de los líderes populistas, cuyas diatribas alimentan titulares y asustan a los asesores en política exterior, el estilo mesurado y calmado de Uribe es más digerible entre los políticos estadounidenses. Pero si uno juzga acciones en lugar de palabras, Uribe ya no parece tan tranquilo.
El presidente colombiano ha sido acusado de tener nexos con grupos paramilitares. Este es un escándalo mayúsculo en Colombia y pese a que su primo fue arrestado hace un par de semanas, el mandatario mantiene altos niveles de popularidad.
Uribe es un meticuloso planificador. El sabía que el escándalo de la “parapolítica” lo podía acechar, por ello viró la atención hacia su punto fuerte: la lucha contra las FARC.
El 30 de marzo, el ejército colombiano dio un golpe tremendo al liderazgo de esta guerrilla con la muerte de “Raul Reyes”, uno de sus líderes y principal negociador.
Uribe quizás sabía que la muerte de Reyes podría afectar las negociaciones para liberar a varios secuestrados. Y, al juzgar por el hecho de que su ejército cruzó hasta Ecuador para el operativo, Uribe seguramente sopesó las consecuencias de invadir el territorio de su vecino. Ecuador rompió relaciones diplomáticas a raíz de este ataque.
Pero Uribe siempre está un paso adelante, como un maestro de ajedrez. Su lucha contra las FARC, cuyas tácticas de secuestro y narcotráfico son rechazadas por una mayoría en América Latina, es inmensamente apoyada por sus conciudadanos. Luego del ataque, el efecto inmediato se registró en su popularidad: por encima del 80 por ciento y ésta se ha mantenido en esos niveles a casi dos meses del operativo.
Acusar al mandatario ecuatoriano Rafael Correa de tener nexos con las FARC también debía ser parte del plan. Correa ha invertido mucho tiempo defendiendo a su gobierno, pese a que la OEA condenó el ataque colombiano.
Para entonces, Uribe ya había apelado al nacionalismo para mantener su apoyo, sustentado también en los medios de comunicación colombianos. Al mismo tiempo, logró que la atención se enfocará en Correa. La reacción del presidente venezolano Hugo Chávez —que movilizó batallones hasta la frontera con Colombia— sólo alimentó su causa. Es algo que debió pasar por su cabeza, ya que los presidentes de Ecuador y Venezuela son aliados cercanos.
Pero como siempre, Uribe estaba un paso adelante. Qué puede ganar Uribe de todo esto? Las FARC ya eran una guerrilla debilitada antes del ataque del 30 de marzo. Uribe pudo haber esperado por más liberaciones —como la de Ingrid Betancourt— antes de ordenar el ataque Pero el manejo de los tiempos es clave para un maestro ajedrecista. Aunque Uribe no lo dice abiertamente, en Colombia es un secreto a voces que el actual presidente busca una nueva reelección, pese a que constitucionalmente está prohibido de hacerlo.
Pero dados sus niveles de popularidad, cuenta con que pocos legisladores se opongan a a una reforma a la Carta Magna.
Si tiene éxito, Uribe seguirá los pasos de otro de los grandes maestros de ajedrez de la política latinoamericana: el ex presidente peruano Alberto Fujimori.
Fujimori también tuvo éxito en su lucha antiterrorista, y cuando quería levantar su popularidad, solo tenía que invocar la causa contra el terrorismo. Esto fue común en especial en los últimos años de su gobierno.
Uribe aún está lejos de convertirse en Fujimori, pero un tercer periodo lo pondría en ese camino. Colombia es uno de los pocos gobiernos estables en América Latina y su clase política ha sabido estar por encima de las circunstancias. ¿Por qué arriesgar eso? Quizás sea tiempo de un enroque.
Latin American Perspective
Uribe, the chess master
Many observers are worried about Latin America’s left-leaning populist governments. While some of their concerns are legitimate it will be more helpful to understand the political process within each particular country and not see it as a regional trend. Forget about Hugo Chávez or Evo Morales, the real cause for concern is Colombia’s Álvaro Uribe.
Unlike populist leaders whose verbal diatribes become media sound bytes and scare some foreign policy advisors, Uribe’s poised and calm demeanor is usually well received by American politicans. But if one begins to judge actions instead of words, then Uribe becomes increasingly dangerous.
The Colombian president has been accused of having links with paramilitary groups. This is a huge scandal in Colombia and even though his cousin was arrested some weeks ago, the president’s popularity has remained unchanged.
Uribe is a careful planner. He knew that ‘parapolitics’, as the scandal is known, may come to haunt him, so he switched gears and focused on his best asset: His successful fight against the FARC guerrillas.
In March 30, The Colombian Army caused a tremendous a blow to the FARC guerrillas by killing “Raul Reyes,” one of its main leaders and its main negotiator. Uribe probably knew that killing Reyes might harm the ongoing talks to free kidnapped victims and since his army crossed the border into Ecuador to kill the FARC leader, he probably also weighed in the consequences of invading a neighboring country --Ecuador broke diplomatic relations a few days after the attack.
But Uribe is always a step ahead, like a chess master. His fight against FARC, whose tactics of kidnapping and drug traffiicking are despised by a majority in Latin America, is strongly supported by Colombian citizens. The immediate effect was in his popularity. His approval rating soared over 80 per cent, almost two months after the attack.
Accusing Ecuador’s president Rafael Correa of having ties with the FARC army were also part of the plan. Correa spent a lot of time defending his government even as OAS, the regional body, condemned Colombia’s attack. Meanwhile, Uribe had already pulled the nationalism card, keeping his strong support. At the same time, he made Correa the focus of the attention. The reaction of Venezuela’s president, Hugo Chávez –who moved his army closer to the Colombian border-- only help his cause. He probably thought about it, since Ecuador and Venezuela’s presidents are close allies.
But as always, Uribe was step ahead. What can Uribe gain from all of this? The FARC was already a weakened guerrilla before the March 30 attack, he could have waited for more kidnap victims –like Ingrid Betancourt—to be freed.
But timing is everything for a chess master. Uribe does not talk about it openly but in Colombia’s political circles there is already talk about his reelection. But since he is already in his second tenure, a reelection requires a constitutional ammendment. He is betting that few legislators will oppose his move given his approval ratings.
If he succeeds, Álvaro Uribe will be following the footsteps of one of the best chess masters of Latin American politics: Perú’s Alberto Fujimori.
Fujimori was also successful fighting terrorism and whenever he needed a spark in his popularity he used the terrorism card, especially in the latter years of his regime.
Uribe is still far away from becoming a Fujimori, but a third term is dangerous for Colombian democracy. Colombia is one of the few stable governments in Latin America and has a capable political class.
Why risk that? Maybe is time for castling.