St. Louis – La campaña de John McCain necesitaba un tónico para sus dolencias.
El mismo día en que abandonó la contienda contra su rival Barack Obama en un estado en disputa y que los sondeos de opinión nacionales mostraban que iba rezagado en términos generales, su compañera de fórmula Sarah Palin tuvo una actuación en su debate que mitigó el dolor.
En su cita con el candidato demócrata a la vicepresidencia Joe Biden, la gobernadora de Alaska tranquilizó a los republicanos y conservadores, que ya estaban nerviosos por su falta de experiencia en el ámbito nacional y su conducta titubeante en dos entrevistas de televisión recientes.
Guiñó, sonrió y se mostró displicente mientras soltaba una letanía de quejas contra Obama en materia de impuestos, la guerra de Irak y energía.
Tomó notas y las revisaba puntualmente en su atril para formular sus respuestas.
Además cortejó a la clase media con un señalamiento populista sobre la causa de la actual crisis hipotecaria.
"Fueron los prestamistas agresivos quienes trataron de persuadir a los estadounidenses que era una buena idea comprar una casa de 300,000 dólares si sólo podemos pagar una de 100,000", dijo.
Pero aún si Palin revirtió parte del daño que se hizo a sí misma, Biden también se plantó firme.
Una y otra vez el experimentado senador de Delaware vinculó a McCain con el impopular presidente Bush y logró entablar un nexo con el público tanto a nivel personal como en criterios de política.
Disciplinado, Biden defendió a Obama de la embestida, pero se negó a trabar una discusión de respuestas recíprocas con Palin.
Al final de la noche una encuesta de CNN concluyó que la mayoría de los televidentes que presenciaron el debate consideraron que Biden había ganado, lo mismo que un sondeo de CBS entre electores indecisos.
Ganadora o no, Palin ayudó a McCain simplemente al no perjudicarlo aún más.
En comparación al estoico debate presicencial en torno a cuestiones de política la semana pasada, este encuentro fue un duelo de personalidades.
Donde Obama es sobrio y reservado, Biden puede ser emocional y expresivo; y donde McCain debatió con firmeza pero sin llegar a apasionarse, Palin maniobró sus líneas de ataque casi con gusto. El debate puso al descubierto dos facetas de Biden: el magistral senador que invocaba el nombre de colegas de antaño como Mike Mansfield y Jesse Helms y exponía con soltura detalles de política exterior, y la imagen de hombre sencillo que ha tratado de cultivar con su diario recorrido en tren entre Washington y Wilmington, Del.
En un momento de coincidencias con McCain y Palin, Biden habló de los padres que han enviado a sus hijos a la guerra, y tanto Biden como Palin trataron de seducir a los electores independientes e indecisos hablando el idioma del estadounidense común, aunque ambos dejaron de llevar una vida de clase media desde hace mucho.
Biden reconoció que ahora tiene una calidad de vida mejor que la de "casi todos los estadounidenses", pero intentó conectar con el público como padre de familia al hacer una emotiva alusión a la muerte de su esposa e hija en un accidente de tráfico en 1972 en el que además sus dos hijos varones sufrieron graves lesiones.
"Percibo un buen salario en el Senado de Estados Unidos. Vivo en una linda casa, que es mi única inversión. Estoy en una situación mucho mejor ahora", dijo. "Pero la idea de que, por ser hombre, no sé qué es criar dos hijos solo, tener un hijo que uno no sabe si.... va a sobrevivir... sí lo entiendo".
Y Palin, autodescrita como "mamá hockey", habló de otro gremio de madres cuando dijo: "Vayan al partido de futbol de uno de sus hijos y hablen con cualquier padre de familia que esté en las gradas y pregúntenle, '¿Cómo ve la economía?', y les apuesto que percibirán cierto miedo en su voz".
Dada la actuación de Palin, el debate ameritó una última pregunta: ¿Qué hace ahora la comediante Tina Fey?
Kuhnhenn escribe para The Associated Press.