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Crónica de un político insensible

12:00 AM CDT on Saturday, August 23, 2008

María Luisa Arredondo

Juan Camilo Mouriño es uno de esos políticos que están marcados irremediablemente por el signo de la controversia. De todos los integrantes del gabinete de Felipe Calderón es el que más suspicacias y críticas despierta, no sólo por las acusaciones de beneficiar a su familia con contratos de Pemex, sino por las declaraciones que hace adonde quiera que va.

Su reciente visita a Estados Unidos para participar en la Conferencia de Gobernadores Fronterizos no fue la excepción. El joven secretario de Gobernación levantó olas al declarar a La Opinión, un día antes de viajar a Los Ángeles, que los mexicanos que residimos en el exterior deberíamos invertir más en proyectos productivos en las comunidades que han sido afectadas por la falta de divisas en el vecino país.

El llamado, aparentemente inocuo, resultó más que escandaloso debido a que la situación por la que atraviesan numerosos mexicanos que viven aquí dista de ser la ideal. Muchos de los que enviaban remesas han tenido que suspenderlas o disminuirlas debido a que se han quedado sin empleo o bien la carestía los ha obligado a apretarse cada vez más el cinturón.

Por otra parte, aun quienes tienen negocios y colaboran con los gobiernos federal y estatal para desarrollar obras de infraestructura a través del programa 3x1, han visto disminuidos sus ingresos por la crítica situación económica de Estados Unidos. Esta situación, que para todos los que están medianamente informados es más que conocida, al parecer para el secretario de Gobernación es una novedad.

Al instar a los migrantes a continuar apoyando la economía mexicana, Mouriño no sólo mostró un desconocimiento total de la situación que vivimos los mexicanos de este lado de la frontera sino también tocó fibras por demás sensibles.

Los mexicanos no necesitamos que los políticos de nuestro país apelen a nuestro patriotismo para apoyar proyectos de desarrollo. Lo que necesitamos son garantías de que los recursos se manejen de manera honesta y que realmente se destinen para obras indispensables.

También se necesita, por otra parte, cierta reciprocidad. No es justo que el gobierno mexicano simplemente pida sin dar nada a cambio.

He aquí, para empezar, una lista de lo que, desde ya, se podría hacer: Primero que nada, destinar los recursos necesarios para mejorar la atención que se ofrece en los consulados mexicanos; hacer un esfuerzo mayor para que cuando viajamos a ese país las autoridades migratorias nos traten con mayor dignidad y respeto y, sobre todo, protegernos de los policías corruptos y de los delincuentes; dar un mayor respaldo para la obtención de la credencial de elector y facilitar el proceso para que podamos votar desde aquí, así como ofrecer incentivos económicos a quienes decidan invertir en México.

Ojalá el secretario reflexionara sobre algunas de estas ideas y para su próxima visita a este país nos sorprendiera con algunas medidas que mostraran que en Los Pinos hay interés por ayudar a las comunidades mexicanas.

De lo contrario, Mouriño seguirá levantando olas no solamente en México sino también por acá, lo cual, por cierto, no le hace ningún favor al gobierno de Calderón.

Arredondo escribe para

La Opinión de Los Ángeles.

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