En sólo siete años, la Agencia Federal de Investigación (AFI) pasó de ser la "policía moderna y científica" que México esperaba, a un cuerpo "indeseable, corrompido e ineficiente" que será disuelto. Sus agentes, muchos formados en el extranjero y en cuya preparación el país invirtió millones del presupuesto, serán fusionados y reintegrados a la PFP.
El fracaso de la AFI, uno más en la larga lista de proyectos gubernamentales fallidos, confirma que improvisación y ocurrencias dominan hace tiempo las acciones y políticas en materia de seguridad. Y explican, en parte, por qué estamos sumidos en la peor crisis de inseguridad y violencia de los últimos tiempos y por qué los delincuentes –narcos, secuestradores, asaltantes, traficantes de personas– se enseñorean por toda la República Mexicana y sienten que son ellos los que mandan.
Justo cuando el gobierno se ufana de capturar a tres presuntos responsables de arrojar las granadas terroristas de Morelia –sin explicar aún claramente los móviles tras los atentados o si hubo autores intelectuales, quiénes fueron y qué los llevó a atacar a la población civil–, las instituciones de seguridad federales se cimbran con la desaparición de la AFI y agentes federales acusan públicamente a sus jefes, el procurador Eduardo Medina Mora y el secretario de Seguridad, Genaro García Luna.
Creada en el 2001 para sustituir a la extinta Policía Judicial Federal, la AFI se presentó en el sexenio de Fox como la "gran solución" a la corrupción, ineficacia e infiltración del crimen en la policía investigadora federal. En cambio de sexenio o de secretario, se entendería que nuevos funcionarios llegarán a "reinventar" con sus geniales ideas –como ha ocurrido históricamente– las políticas, organismos e instituciones públicas.
Pero aquí el mismo "genio" que creó la AFI, y que la dirigió cinco de sus siete años de existencia, hoy decide desaparecerla. Genaro García Luna acepta así su propio fracaso y deja muchas interrogantes. ¿Cómo explica, por ejemplo, que en tan poco tiempo un cuerpo supuestamente con los más estrictos controles en sus integrantes hoy tenga que desaparecer por desprestigio y corrupción documentada de algunos de sus integrantes?
Si la AFI no cumplió sus objetivos y se corrompió en el camino, junto con el proyecto de disolverla y fusionarla tendría que estar la renuncia y la lista de responsabilidades del funcionario que se gastó cientos de millones de pesos en crear una agencia que fracasó de manera tan estrepitosa. ¿O sólo son responsables los agentes de la AFI y no quien los dirigió tanto tiempo?
García Soto es columnista de El Universal.