Es posible que la visita de John McCain a México haya tenido como objetivo discutir asuntos de seguridad nacional con el presidente Felipe Calderón. También es posible que su viaje obedeciera al deseo de congraciarse aún más con los votantes de origen hispano en EU.
Pero tal vez, sólo tal vez, podría ser que McCain haya viajado a México con el único propósito de obtener la bendición guadalupana. Buena falta le haría, pues el candidato republicano necesitará todos los apoyos que pueda obtener de aquí a las elecciones de noviembre. Su personalidad, su distancia de las formas más tradicionales del Partido Republicano y del conservadurismo estadounidense, sus posturas valientes pero poco ortodoxas en materia de financiamiento de campañas o de migración, por sólo mencionar dos, serán pesadas losas sobre una de por sí ya sobrecargada candidatura presidencial.
John McCain se ha construido una imagen de político valiente, distinto, dispuesto a hacer lo que otros no se atreven, franco y sincero cuéstele lo que le cueste. Desde que buscó, en el año 2000, la candidatura de su partido trató de diferenciarse de sus rivales con un estilo muy aterrizado y sencillo, buscando presentarse como un hombre común y corriente, igual que sus conciudadanos.
Sus experiencias en la guerra de Vietnam han sido para muchos definitorias en la formación política y humana de este hombre. Si a ésas le sumamos sus problemas de salud y la manera inmisericorde en que fue atacado por la campaña de George W. Bush en el 2000 tenemos la crónica de un héroe, a veces incomprendido, que no ha vacilado en seguir su camino, pésele a quien le pese y sea cual sea el costo político.
Lo mismo se podía decir de sus dos más recientes viajes internacionales. En el primero, a Canadá, y el segundo, a Colombia y México, McCain enfatizó dos temas que le pueden atraer muy pocos votos: el libre comercio y la migración. En el primer caso ha buscado marcar distancia con su contrincante demócrata, Barack Obama, que se pronunció durante las primarias por revisar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, mientras que en el segundo ha continuado con su postura –sensata y loable, por cierto– de que hay que encontrarle una salida lógica y humana al enredo migratorio en que se ha colocado a sí mismo EU.
La estrategia es arriesgada, máxime cuando los estadounidenses enfrentan los embates de la desaceleración económica y del aumento de los precios de la gasolina, llevando a muchos a preguntarse si lo que en verdad les conviene no será más bien protegerse del mundo que abrirse a él. Si ya de por sí McCain debe tratar de ser competitivo a pesar del legado negativo de Bush y de la personalidad que a tantos fascina de Obama, el elegir temas impopulares es ciertamente correcto desde el punto de vista moral y de honestidad intelectual, pero muy arriesgado en lo que seguramente será una lucha cuesta arriba para este septuagenario.
Desde la perspectiva de México, qué bueno que un candidato presidencial visite el país y se entreviste con el presidente. El hacerlo así coloca a México en el mismo nivel que aliados tradicionales de EU, como Canadá o naciones europeas. Esta subida de perfil es ciertamente ventajosa para México, siempre y cuando no vaya a convertirse en una desventaja política para McCain, pues nadie quisiera que se recuerde su viaje al sur como una pifia en la campaña por la Casa Blanca.
Ya veremos, pues, qué tanto y qué tan bien lo cuida la Señora del Tepeyac.
Guerra escribe para El
Universal de la Ciudad de México.