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Dream act: Jóvenes en el limbo merecen una solución

12:00 AM CDT on Saturday, July 4, 2009

Pilar Marrero

Creo que una reforma migratoria integral está más que justificada por muchas razones, pero cada vez que escucho la historia de un joven como Walter Enrique Lara, pienso que más que nadie, los jóvenes indocumentados que fueron traídos a este país siendo niños, merecen una solución.

Y no se trata solamente de que sea un tema humanitario: es un tema práctico. Estos jóvenes exitosos, aplicados, biculturales y bilingües y que no se meten en problemas, son la base de la economía futura de Estados Unidos y de su sociedad.

En momentos en que hay que elevar la voz de alarma a la incapacidad del sistema educativo para producir una nueva generación de profesionales y trabajadores para las nuevas economías, me parece un desperdicio de tiempo y dinero el deportar a Walter Lara. Y como digo él, digo a muchos otros jóvenes como él.

Walter tiene 23 años y si algo no pasa, será deportado el próximo lunes a Argentina, un país que no conoce, del que vino cuando tenía 3 años.

Walter estudió y vivió hasta hoy en Miami, destacándose como estudiante con un promedio de calificaciones de 4.7 que muy pocos alcanzan. Hasta el último año de la secundaria, cuando sus padres le informaron de su estatus migratorio, que habían callado hasta entonces por protegerlo y no producirle complejos, el muchacho no sabía de las limitaciones que la impondría su falta de papeles.

Y aún sabiéndolo, no dejó de estudiar ni de esforzarse. No pudo acceder a las universidades que hubiera soñado y podido alcanzar por sus méritos, ya que el costo es prohibitivo para un indocumentado, al que le cobran como si fuera estudiante extranjero. Tampoco podía pedir becas.

Walter estudió en Miami Dade College y obtuvo un AD en "computer graphics" y animación. Su sueño era trabajar en la compañía PIXAR, pero sin un número de seguro social tuvo que conformarse con ser instalador de cable para Direct TV y hacer páginas de internet en forma independiente.

Un día que se dirigía a hacer una instalación, fue detenido e interrogado por ICE, y admitió que era indocumentado. Fue apresado y un abogado le aconsejó mal en firmar su salida voluntaria agregando, erróneamente, que podría volver a entrar con visa. Nada más lejos de la realidad, de ser deportado, no podría volver en 10 años.

Sus enormes méritos –1,000 horas de servicio comunitario, ningún problema con la ley, excelentes notas, deportista– han hecho que su caso llame la atención, y que hasta senadores como Bill Nelson, de Florida, hayan escrito a Janet Napolitano, la secretaria de Seguridad Interna, para pedir que se detenga su deportación. Es, por el momento, la única esperanza para él.

Sin embargo, Walter participa, con otros jóvenes, en redes de activismo por internet y en la lucha por lograr que se consiga el Dream Act, un proyecto de ley que ronda Washington desde 2001 para permitir la legalización de jóvenes indocumentados que cumplan ciertos requisitos.

La semana pasada 500 jóvenes en esta situación descendieron sobre el Capitolio en Washington para llevar a cabo una "graduación". Llevando togas y birrete, pidieron se escuche su deseo de seguir en este país que consideran el único posible y que se les permita vivir y contribuir con sus talentos y juventud.Yo no sé si será posible aprobar este año o el siguiente una reforma migratoria integral. Pero lo que sí se es que es de una miopía enorme que este talento joven, nada facil de cultivar, se desperdicie por la falta de visión la clase política. El público estadounidense apoya esta medida. ¿Por qué no tomar la decisión más inteligente?

Marrero escribe para La Opinión de Los Ángeles.

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