Al regreso de mis vacaciones me encuentro con un panorama muy diferente en lo que a la contienda presidencial se refiere: ahora hay dos contendientes claros en los partidos que acostumbramos a ver como los principales – ojalá hubiera más opciones viables – y la carrera está a punto de comenzar.
Barack Obama y John McCain tienen el potencial de ofrecer una campaña interesante y relativamente libre de la basura que ha dominado otras competencias. Con basura me refiero a la campaña sucia que Bush hizo contra McCain en el 2000 en las primarias de su partido, en las que incluso se atrevieron a cuestionar el patriotismo de McCain, quien pasó cinco años de su vida como prisionero de guerra en Vietnam. Eso, viniendo de un personaje que volaba avioncitos de juguete en la Guardia Nacional de Texas y evadió esa guerra inconveniente gracias a las conexiones de papá.
Pero me distraigo. Con campaña sucia me refiero también a la que hicieron los llamados swift boaters contra John Kerry en el 2004, por ejemplo, cuestionando de nuevo el servicio militar de alguien que sí fue a la guerra, y fue condecorado por su actuación heroica, para favorecer a Bush, que no fue ni a la esquina. Pensar en este personaje me distrae de nuevo.
Pero ese era el genio de Karl Rove, un Maquiavelo de las campañas políticas a quien debemos agradecer que haya dado importancia al voto latino, pero cuyo récord en todo lo demás es nefasto para el país. Sí, era un genio en ganar elecciones, lo malo es que su talento favoreció a gente que ha ayudado a realizar uno de los peores gobiernos de la historia de este país.
En fin. Tanto Obama como McCain, aunque son políticos y tienen los defectos que tienen a menudo los políticos – como cambiar de posición en cosas que antes consideraban importantes y hacerse los locos – han sido relativamente limpios en sus campañas.
Ser limpio no significa no cuestionar al otro, o tener un debate intenso sobre un tema en el que se está en desacuerdo. Significa no hacer campañas fantasma para desacreditar personalmente al contrincante, o poner en duda su patriotismo, señalar su color de piel como un impedimento o cualquier otro tema que, francamente, en medio de la crisis en que está sumido este país, debería ser irrelevante.
Lo que los votantes, creo, quieren ver, es cuáles son las propuestas para lidiar con los temas que nos agobian a todos. El precio de la gasolina, el derrumbe en los valores de las propiedades, el costo de los alimentos, y en el fondo de todo, la guerra en Irak, que nos ha endeudado hasta el cuello a nosotros y a nuestros descendientes, sin mostrar un resultado concreto.
Aparte de eso, queremos saber quién va a encontrar y saber negociar una solución para la gran contradicción de vivir en un país de grandes oportunidades, pero en el que la falta de cobertura de salud universal pone a cualquiera a un paso de la ruina si tiene la mala pata de contraer una enfermedad grave.
Yo quiero saber quién va a mejorar la imagen del país en el exterior, quién va a ponerle un final a la guerra de Irak y a la vez a lidiar con los problemas que ésta ha generado: el surgimiento de nuevos focos terroristas alrededor del mundo y la mala voluntad de muchos de sus habitantes.
Marrero escribe para La Opinión
de Los Ángeles.