Tras la noticia de la liberación de Ingrid Betancourt y otros 14 rehenes en Colombia, llamé a los dos colegas colombianos más sabios que conozco, ambos periodistas de larga experiencia y buenos amigos, para sondear su opinión sobre el impacto que esto pudiera tener no sólo para Colombia, sino en la contienda presidencial de Estados Unidos.
En medio de la alegría que proporciona la liberación de personas injustamente privadas de su libertad, hay toda una serie de implicaciones políticas para América Latina, Estados Unidos y hasta para el mundo.
Pero primero que nada, hay sentimientos personales.
Mi amigo Rafael Buitrago inmediatamente comenzó a hacer balance de lo que ha sido la vida en Colombia durante décadas de conflicto armado, el crecer escuchando del peligro, la violencia, los secuestros, las atrocidades cometidas por las Fuerzas Armadas y por la propia guerrilla.
Para Buitrago, analizar superficialmente lo ocurrido, endiosar a Uribe –el único presidente de América del Sur que es aliado incondicional de Bush, gracias a los miles de millones que Estados Unidos invierte en el Plan Colombia– sería un error.
"Colombia es la única apuesta que le ha salido bien –a Bush–, al menos en este momento", señala el colega. "Y mientras tanto, la región andina está supercandente y se les ha escapado de las manos".
McCain, el candidato republicano, reaccionó jubiloso a la casualidad –¿lo fue realmente?– de estar en Colombia justo cuando el exitoso operativo se realizó. Esta vez, el entrenamiento militar de años y el dinero del Tío Sam sirvieron para ofrecer un final feliz, al menos temporal, en un conflicto antiguo.
Obama se montó al carro, prometió seguir apoyando en el combate a las FARC. Hasta Hugo Chávez, antiácido en mano por no ser el centro de la celebración, hizo un llamado a las FARC a deponer el fusil con la equívoca frase: "Ya pasó el tiempo de los fusiles... ojalá no nos obliguen a volver a él". Curioso, que un presidente amenace con tomar las armas, el mismo fusil con el que Chávez amenaza a la oposición de su país.
Dudo que a los estadounidenses les importe mucho que McCain haya sido confidente de Uribe la noche antes de la operación. Seguro que Uribe no le hubiera dicho a Obama lo que se venía, pero si éste llega a presidente, el mandatario colombiano va a tener que jugar con otras cartas y amigarse con el que, presumimos, no es su favorito.
Mi otro colega, Rafael Prieto, hace remembranzas personales de Ingrid Betancourt, a quien conoció cuando era muy jovencita, porque hizo política con la mamá de ella en los años 70. "Me dolió mucho su secuestro, la emoción de ayer fue indescriptible", dice el periodista, que vive hace años en South Carolina.
Más que todo, alegra a Prieto que Anderson Cooper de CNN haya elogiado a Colombia en vivo, dando otra imagen más positiva de un país largamente atacado por los medios estadounidenses. Sobre todo, agrega, la noticia "es buenísima para el pueblo, prueba que la alternativa de las armas ya no funciona... que después de ser una ilusión para muchos, las FARC se convirtieron en un grupo dedicado al narcotráfico y al secuestro".
En todo caso, lo más probable es que nada de esto importe en la elección presidencial de Estados Unidos. Como decía uno hace tiempo, "es la economía, estúpido". Aquí, a pesar de que tres de los liberados eran estadounidenses, la crisis que se vive es lo que preocupa a la gente.
Marrero escribe para La Opinión
de Los Ángeles.