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Matices para la acción afirmativa

12:00 AM CDT on Saturday, August 2, 2008

Ruben Navarrette

He escrito acerca de la acción afirmativa durante más de 20 años. Eso es, si uno empieza a contar desde la escuela secundaria cuando me vi obligado a escribir un ensayo sobre el tema, después de que compañeros de clase con notas peores que las mías sugirieran que "si (yo) no hubiera sido mexicano" no me hubieran aceptado en las universidades del Ivy League.

En aquella época, apoyé la acción afirmativa e incluso preferencias basadas en la raza aún más directas, porque estaba convencido de la idea del juez de la Corte Suprema, Harry Blackmun –en su disensión en el caso de 1978, Regentes de la Universidad de California vs. Bakke– de que "para poder superar el racismo, debemos primero tener en cuenta la raza".

La acción afirmativa podía significar algo tan inofensivo como que las entidades gubernamentales o las empresas privadas reclutaran postulantes en ferias de trabajo de minorías o que colocaran avisos en publicaciones de minorías. Las preferencias raciales entran en juego cuando esas entidades gubernamentales o empresas privadas van más allá y escogen a un postulante de una minoría en lugar de a un candidato blanco, igualmente calificado o mejor calificado, fundamentándose, en gran medida, en la raza.

Hoy en día, aún apoyo esas formas más suaves de acción afirmativa. Pero he llegado a oponerme a las preferencias raciales. No es porque me convenza el cuento de hadas de que los hombres blancos son las nuevas víctimas. Enséñenme un hombre blanco que insiste en que él hubiera sido admitido en una escuela de medicina si un afroamericano o latino no hubiera ocupado su lugar, y les mostraré 50 hombres blancos que fueron admitidos antes que él. La gente tiene que encontrar excusas más verosímiles para sus juicios.

Me opongo a las preferencias raciales porque perjudican a los mismos que se proponen ayudar, al bajar las normas, estigmatizar a los beneficiarios, perpetuar la noción de inferioridad y encubrir fallas educativas en el periodo esencial de kínder al décimo segundogrado. Además, si su objetivo es ayudar a los desfavorecidos, el blanco está equivocado porque –en el mundo actual– la desventaja a menudo no surge de la raza, sino de la clase.

Me hubiera gustado que John McCain hubiera dicho algo en este sentido, cuando George Stephanopoulos, conductor del programa "Esta Semana" de ABC, le preguntó recientemente si apoya una iniciativa de votación en su estado de Arizona, que acabaría con las preferencias basadas en la raza y el género. McCain respondió que sí, que él apoya la iniciativa porque –qué tal esto como frase pegajosa– "Yo no creo en las cuotas".

Hace 10 años, mientras se dirigía a un grupo latino en Washington, D.C., McCain desechó una iniciativa de votación similar, por considerarla "divisiva".

Pero la aparente voltereta ni siquiera es la peor parte. De lo que deberíamos estar hablando es del verdadero faux pas de McCain –no de la incoherencia sino de la falta de precisión.

Stephanopoulos fue igualmente impreciso. Al formular su pregunta a McCain, el anfitrión dijo que la iniciativa de Arizona "eliminaría la acción afirmativa".

No lo haría. Incluso si se aprueba dicha iniciativa, no prohibirá algunas de las formas más suaves de acción afirmativa –sólo las preferencias.

La campaña de McCain continuó insistiendo en el tema: "John McCain siempre ha estado opuesto a las cuotas de contratación ordenadas por el gobierno, porque él cree que sin tener en cuenta la raza, la etnia o el género, la ley debe aplicarse de igual manera".

Nuevamente, el asunto aquí no son las cuotas ni la acción afirmativa, sino las preferencias raciales. Respetemos, al menos, la complejidad del asunto.

A propósito, Obama también ha dicho que se opone a las cuotas y ha sugerido que sus propias hijas no deberían beneficiarse de preferencias raciales porque están lejos de ser desfavorecidas. Ésa es una postura matizada que sugiere que Obama ha reflexionado sobre el asunto. En este tema como en otros, McCain debería deshacerse de las frases fáciles y tomar nota.

Navarrette escribe en The San Diego Union-Tribune.

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