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Una embriagante polémica

12:00 AM CDT on Saturday, April 12, 2008

Ruben Navarrette

La última reyerta en la interminable guerra cultural entre México y Estados Unidos fue un absoluto sinsentido. De hecho, el lío fue en parte controversia y en parte coctel.

He aquí la receta para el conflicto: tómense dos partes de política migratoria, un poquito de historia de Estados Unidos rociada con el Destino Manifiesto, un chorrito de conciencia culpable, y agréguese una rodajita de paranoia a la antigua. Después agítese todo ello con una enérgica campaña publicitaria dirigida a vender vodka. Sírvase sobre hielo.

El fabricante sueco de vodka Absolut ha mezclado una serie de atrevidos avisos para mostrar a sus clientes cómo sería la vida en un mundo perfecto; un mundo mmm... Absolut. La mayoría de los anuncios son inofensivos como: "En un mundo Absolut, los amigos se reunirían más a menudo". Comparadas con otras campañas publicitarias ingeniosas, ésta es de primera línea.

Pero después la empresa imaginó un mapa de Norteamérica en el que –en un mundo Absolut– la frontera norte de México colindaría con la de Oregon, Idaho y Oklahoma. Es decir, un mundo en el que el límite territorial entre Estados Unidos y México estaría donde estaba antes de la invasión de tierras, a la que los historiadores estadounidenses se refieren benevolamente como la Guerra Mexicana de 1846-48. En el anuncio, México devuelve el favor y se come California, Colorado, Texas, Nuevo México, Arizona, Utah, Nevada y parte de Wyoming.

La intención era que el aviso fuera visto – como describió correctamente un ejecutivo publicitario – "sólo por ojos mexicanos". Pero en la era de internet, ese tipo de campaña con un blanco geográfico exclusivo, es imposible. Y, velozmente, el asunto se escapó de la botella de vodka y una imagen que al sur de la frontera pareció cómica, fue criticada por algunos en Estados Unidos por considerarla directamente como una traición.

Al frente de la carga están los sospechosos de siempre: los bloggers de derecha, los demagogos de las noticias de cable, las organizaciones restriccionistas, y demás. Muchos insisten en que la campaña publicitaria echó leña a la actitud de los mexicanos que creen que el suroeste le pertenece a México, y que la región debería ser devuelta a su dueño mediante una reconquista. Los que lloriquean más por el anuncio son los mismos que crearon la idea de una invasión por olas masivas de inmigrantes.

Muchos de ellos son también los que dicen a los latinos, cuando enfrentan un desaire racial o cultural, que lo superen. Y sin embargo, les cuesta mucho poner el ejemplo y hacer lo mismo.

También tienen demasiado tiempo en sus manos y un gatillo fácil cuando se trata de amenazas a su calidad de vida. Por supuesto, uno de los motivos por los que nuestros compatriotas tienen mucho tiempo libre y tan buena calidad de vida es porque no tienen ningún problema en confiar en la mano de obra indocumentada. Después disfrazan este hecho con un cuento de hadas sobre cómo Estados Unidos está sufriendo una invasión, para parecer así víctimas en lugar de cómplices.

En cuanto a la reconquista –o como yo la llamo, la ridiculista– ése es otro cuento de hadas. Un cuento que cae bien para elevar ratings; aumentar las visitas a sitios web y obtener donaciones, por medio del alarmismo, para organizaciones racistas.

Como he expresado antes, todo el que crea que hay una "conspiración" llevada a cabo por mexicanos y mexicoamericanos en nombre de México, no sabe ni papa. En primer lugar, ¿quién dice que México incluso quiera el Suroeste? ¿Para qué poseerlo cuando se disfruta de beneficios llovidos del cielo? Los trabajadores mexicanos en Estados Unidos mandan a casa casi 25,000 millones de dólares anualmente en remesas. En segundo lugar, los inmigrantes mexicanos no son exactamente discípulos leales del gobierno mexicano, al que muchos acusan de la corrupción y pobreza que causó que tuvieran que irse. Y finalmente, es probable que muchos mexicoamericanos le guarden rencor a México por expulsar a sus padres, abuelos o bisabuelos.

Aun así, estos son hechos meramente inconvenientes. Pero el temor no escucha a los hechos. Y tampoco lo hace el oportunismo, el nativismo o el nacionalismo.

Así pues, antes de que pudiera decirse "la última y nos vamos", la turba cultural de derecha pidió prestada una estrategia del líder sindical izquierdista César Chávez y anunció sus planes de boicotear el vodka Absolut, a menos que la empresa pida disculpas. Lamentablemente, eso es lo que hizo.

La empresa anunció esta semana que le decía adiós a sus avisos de México.

Toda la controversia fue tonta, y sólo los estadounidenses se emborracharon con esto. A los mexicanos no les importó en lo más mínimo. Después de todo, ¿quién se toma una margarita con vodka?

Navarrette escribe para The San Diego Union-Tribune.

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