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¿Meter miedo para un cheque en blanco?

12:00 AM CDT on Saturday, September 27, 2008

El catastrofista discurso de George W. Bush se puede reducir a esto: "Consejos vendo, que para mí no tengo".

Bush habló de los peligros económicos que acechan a este país y de rebote a medio mundo. Pero ni siquiera mencionó hechos tan flagrantes como la ausencia de regulación de la banca financiera en Wall Street, de la incongruencia que supone reducir impuestos a los más ricos, ni del anacronismo mortal que supone la acumulación de déficit. Obvió los repetidos avisos del peligro de la burbuja inmobiliaria que simplemente cayeron en los oídos sordos de su gobierno.

A partir de ahí, la crisis estuvo servida. Los embargos de vivienda condujeron a la caída en picada de los títulos y activos financieros respaldados por las hipotecas (cuyo valor depende del pago de los créditos "alegremente" concedidos). Las pérdidas financieras derivaron en una peligrosa escasez de capital de las instituciones financieras (demasiados pocos activos para hacer frente a deudas gigantescas), que hundieron los créditos de forma dramática (Credit Crunch), acabando con la savia de la economía.

Ahora las instituciones financieras necesitan dinero líquido para volver a la ¿normalidad? Desde luego no a la normalidad de estos últimos años, algo que se deduce no de las palabras del presidente, sino de los sospechosos silencios aludidos.

La propuesta con carácter de urgencia es que los contribuyentes aporten de su bolsillo cientos de miles de millones de dólares, que sea el gobierno quien lo controle con libertad absoluta y sin ningún tipo de auditoría. Suena a fiasco anunciado, y ya van...

Estoy de acuerdo en la necesidad urgente de capital en Wall Street para volver a funcionar y que el dinero del contribuyente es quizás el único disponible. A cambio hace falta un compromiso sagrado de que el gobierno será como un libro abierto en la gestión del capital, responsabilizándose tanto de aciertos como de fracasos, que habrá de todo.

Para empezar, quienes pagan impuestos deben tener derecho a adquirir la propiedad de los activos que el gobierno pretende comprar, y si en la venta posterior se gana dinero, que sea el contribuyente quien cobre los beneficios. Habría que reducir la cuantía a pagar en las hipotecas o extender la vida de los préstamos. El gobierno debe prolongar los beneficios de desempleo, aumentar las partidas destinadas a los bonos alimenticios (food stamps) y financiar mejor las ayudas a los gobiernos estatales y locales responsables de servicios vitales como el cuidado de la salud, becas estudiantiles y ayudas a personas de edad avanzada.

Medidas de este tipo y otras son las que deberían incluirse como condición indispensable para que el dinero de los contribuyentes se utilice en beneficio de todos y no sólo de unos cuantos privilegiados y unas instituciones financieras cuya avaricia y falta de regulación han sido los últimos responsables del caos financiero.

De lo contrario, meter miedo en el cuerpo del contribuyente para a continuación exigir un cheque en blanco sin compromiso recíproco alguno me suena a fiasco en ciernes, es la misma coletilla tan desgraciadamente familiar de los últimos tiempos: "Consejos vendo, que para mí no tengo".

Pulgar escribe para

La Opinión de Los Ángeles.

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