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Correa, la prensa y el gran atraco

04:47 PM CDT on Monday, July 14, 2008

Por JUAN F. JARAMILLO / Al Día
jjaramillo@aldiatx.com

Cuando un gobierno confisca dos canales de televisión es razón suficiente como para levantar las alarmas de la libertad de expresión. No importa cuánto se trate, es muy difícil defender una acción de esa naturaleza sin preguntarse sobre el futuro de la prensa y la democracia.

La semana anterior, el gobierno ecuatoriano, a través de la Agencia de Garantía de Depósitos, confiscó 190 empresas que se dice pertenecen al Grupo Isaías, un conglomerado al que muchos ecuatorianos responsabilizan por el colapso financiero del 2000. Entre las empresas confiscadas están dos canales de televisión Gamavisión y TC. Este hecho ha desatado las protestas de organizaciones de prensa nacionales e internacionales, como por ejemplo la Sociedad Interamericana de Prensa.

Sin embargo, los ecuatorianos no van a perderse de mucha información relevante producida por estos canales. Ambos son conocidos por sus bajos estándares de producción y sus noticias de crónica roja sumamente gráficas. La forma en que estos canales —y otros— cubren la política es con la difusión de declaraciones de políticos sin mayor contexto. Que quede claro: TC y Gamavisión no son exactamente modelos de periodismo.

Por ello, es confuso que ahora puedan convertirse en mártires de la libertad de prensa.

Durante la caída del ex presidente Lucio Gutiérrez (2003-2005), miles de manifestantes marcharon por las calles de Quito en contra de la remoción de la Corte Suprema, una medida inconstitucional. Los reporteros de TC transmitían en vivo, lejos de la acción, y decían que en Quito no pasaba nada. Por fortuna, los ecuatorianos tienen otras maneras de informarse.

En 1988, TC escondió información durante la jornada electoral. Mientras otros canales daban la victoria al socialdemócrata Rodrigo Borja, ellos hablaban de un virtual empate. Sus datos cambiaron una vez que el otro candidato, el populista Abdalá Bucaram, admitió la derrota en el set de su propio canal.

Estos ejemplos son solo botones de muestra de la manera en la que el Grupo Isaías ha tratado de influenciar a la prensa en el pasado.

Al menos un periodista ha sido despedido por su manejo informativo del caso Filanbanco. Filanbanco está en la punta del iceberg en este asunto.

Este banco, que fuera propiedad de los hermanos Isaías, desató la crisis financiera que eventualmente llevó a la caída del gobierno de Jamil Mahuad en el 2000. El gobierno de Mahuad entregó 800 millones de dólares —alrededor de tres cuartas partes de la reserva monetaria de ese entonces— para rescatar al banco. En contra de todo sabio consejo, Mahuad entregó el dinero a los Isaías.

Otro dato antes de seguir más adelante: Filanbanco y TC fueron los únicos que contaron los votos durante la jornada electoral de 1998, que ganó Jamil Mahuad en una elección controversial y con acusaciones de fraude nunca aclaradas. ¿Coincidencia? Después de recibir el dinero, Filanbanco quebró unas semanas más tarde y dejó a miles de cuentacorrentistas sin su dinero y, hasta ahora, luchando por recuperar sus ahorros.

Muchas ecuatorianos —me atrevo a decir que una mayoría— seguramente sintieron una sensación de justicia retrasada luego de conocer la confiscación de las propiedades del Grupo Isaías. Incluso venganza es un sentimiento válido. Pero el momento en que llega esta decisión es muy cuestionable. Han pasado ocho años desde el colapso bancario y los Isaías, hasta ahora, han evadido la justicia y viven felices en Miami.

La pregunta es: ¿por qué ahora?

La Asamblea Constituyente con amplia mayoría en favor de Correa tiene pocos días para terminar la nueva constitución y el gobierno ha perdido algo de su popularidad y ese es un capital que necesitan para ganar el referendo. Una de las promesas electorales de Corrrea es buscar justicia para las “banqueros corruptos”.

Sin embargo, la confiscación de canales de TV no es sólo peligrosa para TC y Gamavisión, pues da un poderoso y, acaso, tenebroso, mensaje para otros medios de comunicación que pensarán dos veces antes de criticar las acciones del gobierno. El presidente ecuatoriano es conocido por su intolerancia con la prensa y a eso se suma otro hecho reciente: La semana pasada, a una estación de radio en Guayaquil se le negó su licencia de transmisión y fue clausurada.

Además, si hay algo que Correa entiende es el poder de los medios. Él ha construido su presidencia en base a imágenes mediáticas. Al tener a los medios bajo control se corre el peligro de caer en una autocracia al estilo ruso, donde Vladimir Putin cuenta con el apoyo de la televisión y con poca oposición.

Antes de confiscar los canales de TV del Grupo Isaías el Estado controlaba ya un periódico, El Telégrafo— que también pertenecía a un banco que se fue a la quiebra—, y un canal estatal con menos de un año en el aire.

Correa insiste que su gobierno no está interesado en quedarse con esos canales. Pero incluso si dice la verdad, el gobierno habrá ganado tiempo para silenciar algunas voces antes del referendo.

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