El lechón asado de La Cubanita es perfecto ejemplo de por qué la comida cubana nos aviva el espíritu.
REX C. CURRY/ESPECIAL PARA EL DMN
El Pargo de La Habana se sirve sobre hojas de plátano, con pedazos de chayote que se deshacen, salsa de papaya que vuelve a la vida, rodeado de arroz blanco y frijoles negros.
Un sólido trozo de lomo de puerco, rostizado lentamente, llega sobre una tabla, tan lustroso como cacahuates garapiñados. Saque sus cubiertos y a disfrutar. Ese es el regalo de este platillo, la textura laqueada y suave de la carne que se deshace en la boca: sin grasa y jugosa, de sabores complejos, que casi no necesitan de la salsa mojo, tipo vinagreta que la acompañan (aunque la salsa bien podría usar un poquito más de ajo y cítricos).
Pero la guarnición color grisáceo que acompaña al puerco ciertamente es la ideal: los moros y cristianos, una combinación calmante de frijoles negros y arroz blanco.
El lechón asado, especial nocturno que debería adoptarse en el menú regular, quizá no sea el platillo más hermoso, pero es sincero y es delicioso y nos muestra lo que es la cocina de alto nivel en La Cubanita.
Restaurantero de muchos años, Alberto Lombardi aprendió a desarrollar un concepto culinario con gran precisión. El espacio que una vez fue casa del restaurante Chez Gérard ha sufrido una transformación caribeña: sus cantineros preparan vaso tras vaso de mojito. En el fondo se escucha el canto de una mujer que interpreta "Through the Fire" de Chaka Khan con ritmo latino. Elegantes candelabros evocan las glorias pasadas de un vetusto cabaret de La Habana. El lugar está repleto y con ambiente festivo y no ruidoso, como todos los restaurantes de Lombardi.
REX C. CURRY/ESPECIAL PARA EL DMN
Arroz con Pollo at La Cubanita.
Después de tomar unos aperitivos, los meseros ofrecen mariquitas con guacamole, una botana con tres tipos de tostaditas de maíz guacamole, frijoles negros y salsa. Pero resista la tentación, está fue una de las pocas ofertas que me parecieron monótonas. Tome su tiempo para analizar en menú y será recompensado.
¿Croquetas de camarón y chorizo? Excelente opción: de sabor fuerte y muy sabrosas deleitan el paladar. Pruebe el chicharrón de pollo o un cóctel de camarón en salsa de tomate, pepinos y aguacate maduro.
Si va a cenar, para comenzar puede pedir un sándwich cubano y compartirlo: una deliciosa combinación de carnes, quesos, pepino y mostaza.
El menú combina las carnes y almidones típicos de Cuba con la comida estadounidense. Este es el momento en la reseña cuando el crítico pide a los lectores que se apeguen a lo tradicional. Pero no en este caso.
Una ensalada César cubana con piña a la parrilla y tostones de plátano podría resultar una combinación demasiado multicultural, pero esta superensalada con ingredientes como corazones de palmito, aguacate, mango, queso cojita y una vinagreta de fruta de la pasión es una hermosa mezcla, sin importar de donde provienen ni cuál fue su inspiración para crearla.
La ropa vieja, el tradicional platillo cubano de carne deshebrada, forma parte de unas deliciosas quesadillas. Sorpresa: esta carne es un excelente relleno. La suave carne se sale de la tortilla de harina y el guacamole y la salsa de la botana monótona que nos dieron los meseros encuentra su lugar ideal como notas graciosas de contrapunto.
Aunque yo prefiero los platillos clásicos más austeros y sencillos como el arroz con pollo, sedante mezcla de arroz al azafrán, jugoso pollo asado acompañado de cebollas, alcaparras y chile morrón asado. El Pargo de Habana ofrece una gama de sabores frescos: un pescado sobre hojas de plátano, con pedazos de chayote que se deshacen, salsa de papaya que vuelve a la vida, frijoles negros y arroz blanco lo rodean.
Por último puede probar un pastel de tres leches y quedar listo para una siesta dominical. O en silencio disfrutar una taza de café cubano, y soñar con la oportunidad de beber uno bajo el cielo azul en una terraza de La Habana.
Addison escribe para The Dallas Morning News.