Parece imposible que una raíz empolvada y poco atractiva se pueda transformar en algo tan suave y delicioso y de un color hermoso. Esto es lo que pasa cuando cocinamos betabeles.
No sólo están cargados de vitaminas y minerales, los pigmentos que les dan ese color tan brillante, sino que contienen antioxidantes que nos protegen de las enfermedades, lo que hace al betabel una de las verduras más nutritivas que existen.
A pesar de tener el nivel más alto de azúcar que cualquier verdura, su nivel calórico es muy bajo (75 calorías por taza).
Ahora podemos ver una gran variedad de betabeles en los mercados, que van de color amarillo dorado hasta el rojo rubí.
Cuando los compras por manojo, obtienes el mejor precio, ya que tanto la raíz como las hojas son comestibles.
Busca los que son pequeños o medianos de piel suave y color profundo. Asegúrate que las hojas se vean bien. Los betabeles frescos deben ser pesados a pesar de su tamaño.
Para guardar, separa las raíces de las hojas y ponlas en bolsas en el refrigerador. Las hojas deben usarse pronto, pero las raíces duran unas dos o tres semanas.
Aunque los betabeles se pueden comer crudos –cortados en palitos para una ensalada– se pueden cocinar de muchas formas. Por ejemplo para hacerlos al vapor se pelan y cortan en cuadros, se colocan en una vaporera y se cuecen 15 minutos.
Para saltearlos, los puedes cortar en pedazos pequeños y ponerlos en un sartén con aceite de oliva a fuego medio con aceite de oliva y unas cucharadas de caldo o agua hasta que se suavicen, unos 8 ó 10 minutos.
Rostizados intensifican su sabor de tierra y su dulzura. Colócalos pelados en una charola para hornear y tápalos con papel aluminio. Hornéalos a 400F de 45 a 75 minutos, dependiendo del tamaño de los betabeles, o hasta que se suavicen. Déjalos enfriar durante 30 minutos.
Los betabeles rostizados son muy ricos solos o como guarnición. Esta ensalada de espinaca con betabeles asados y nueces es un ejemplo excelente.
Ensalada de espinaca con betabeles y nueces
| 2 | manojos de betabeles medianos lavados | | ¼ | de taza de nueces | | 1 | libra de espinaca | | 2 | cucharadas de aceite de oliva extra virgen | | 1 | cebolla morada pequeña, partida por la mitad y en rebanadas delgadas | | 2 | cucharadas de aceitunas picadas | | 1 | cucharada de alcaparras | | 1 | cucharada de ajo picado | | ½ | taza de vinagre balsámico | | pimienta negra al gusto |
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Calienta el horno a 400F. Coloca los betabeles en una charola y cúbrela con papel de aluminio. Rostiza unos 45 minutos hasta que los betabeles estén suaves. Descúbrelos y déjalos enfriar unos 30 minutos.Mientras tanto, en un pequeño sartén tuesta las nueces unos 5 minutos y luego déjalas enfriar.
Cuando los betabeles estén fríos pélalos y córtalos en cubitos de 1/2 pulgada.
Coloca las espinacas en un recipiente hondo.
En un sartén mediano, calienta el aceite de oliva a fuego medio. Agrega la cebolla y fríela de unos 3 a 5 minutos hasta que se suavice. Agrega las aceitunas, las alcaparras y el ajo, y fríe un minuto más.
Vierte el vinagre balsámico y los betabeles. Cocina 5 minutos. Retira el sartén y añade la mezcla de betabeles en la espinaca; revuelve y sazona con la pimienta negra, sirve con las nueces tostadas. Rinde 6 porciones.
Romanoff escribe para
The Associated Press.