Las pechugas de pollo sin hueso y sin pellejo pueden ser excelentes en cuanto a valor nutricional, pero muy insatisfactorias en cuestión de sabor.
Un cocimiento rápido y uniforme es más fácil cuando las pechugas de pollo son delgadas.
Enseguida, aprovecha el proceso de cocimiento para hacer una salsa. Cuando en una cazuela se cuece pollo (o cualquier carne), en el fondo del recipiente quedan pegados pedacitos de carne dorados.
Cuando el pollo ya está hecho, esos pedacitos se pueden convertir fácilmente en una salsa.
Para hacerlo, arrastra los filetes aplanados en harina ligeramente sazonada con sal y pimienta.
Fríe las pechugas de pollo sazonadas en un sartén antiadherente con aceite de oliva mezclado con una pequeña cantidad de mantequilla.
Después de que las pechugas estén bien doradas y cocidas, transfiérelas a un plato y cúbrelas con papel aluminio para mantenerlas calientes.
Ahora regresa la cazuela al fuego y vierte un líquido: vino, caldo, jugo o agua.
Esto se llama deglaseado. Raspa la cazuela con una cuchara de madera y ponla a hervir a fuego lento.
También puedes ponerle otros ingredientes a la salsa, como champiñones, cebolla en cuadritos y hierbas.
Hierve la salsa a fuego lento hasta que se haga espesa (o ponle un poco de maicena mezclada con una o dos cucharadas de agua fría).
En esta receta de pechugas de pollo con piña y chile jalapeño, la fruta se acaramela con azúcar morena antes de añadirle ajo y chile picante picado.
Para terminar la salsa, la cazuela se deglasea con una mezcla de jugos de piña y naranja engrosada con maicena.
Pechugas de pollo fritas con piña y chile jalapeño
Tiempo de preparación: 30 minutos (15 minutos de actividad)
Raciones: 4
4 pechugas de pollo sin hueso y sin pellejo (aprox. 1 1/4 libras)
1/4 de taza de harina multiusos
1 cucharadita de sal
1/2 cucharadita de pimienta negra molida
1 cucharada de aceite de oliva extravirgen
1 cucharada de mantequilla
1 paquete de 12 onzas de pedacitos de piña (1 3/4 tazas)
1/2 taza de jugo de naranja
1/2 cucharadita de maicena
1 cucharada de azúcar morena
2 chiles jalapeños, sin semilla y picados
2 dientes de ajo, picados
2 cucharadas de cilantro picado
Acomoda las pechugas en una sola capa sobre una superficie de trabajo y cúbrelas con una envoltura de plástico.
Con un sartén pesado o rodillo, machácalas hasta que adquieran un grosor de aproximadamente media pulgada.
En un plato poco profundo, combina la harina, la sal y la pimienta. Arrastra las pechugas por ambos lados sobre la harina sazonada.
En un sartén grande antiadherente a fuego medio-alto, calienta el aceite y la mantequilla.
Echa en él las pechugas y cuécelas hasta que queden bien doradas por ambos lados y ya no estén rosas en el centro, unos 4 minutos por lado.
Transfiérelas a un plato y cúbrelas con papel aluminio. No limpies el sartén.
Mientras se cuecen las pechugas, exprime el jugo de la piña en una copa de medir. Agrégale suficiente jugo de naranja para hacer un 3/4 de copa. Revuélvele la maicena, y apártala.
Regresa el sartén al fuego medio-alto. Echa la piña drenada y el azúcar. Cuece, revolviendo constantemente, hasta que la piña empiece a dorarse, de 3 a 4 minutos.
Agrega los chiles y el ajo y revuelve de 1 a 2 minutos.
Pon la salsa a hervir a fuego lento y cuece hasta que se haga espesa y se reduzca un poco, de 4 a 5 minutos.
Revuélvele el cilantro y con una cuchara sírvela sobre las pechugas.