Los cambios de los restaurantes Cyclone Anaya's serían un excelente modelo de estudio para un curso de mercadotecnia: ¿cómo una familia reconstituye un changarrito de comida Tex-Mex que se encuentra en serios problemas financieros y lo transforma en una empresa multimillonaria que sirve margaritas y enchiladas con una presentación glamorosa?
MIKE STONE\ESPECIAL PARA EL DMN
La tampiqueña fue uno de los puntos altos de la comida en Cyclone Anaya's. El corte de carne está cubierto de cebolla y chiles poblano y morrón, y acompañada por arroz, una enchilada, guacamole y frijoles refritos.
Eso es lo que Rico Valencia logró. Su padre, Jesús "el ciclón Anaya" Valencia, abrió un restaurante Tex-Mex en Houston en los años 60 después de jubilarse como luchador profesional. El local original de Cyclone Anaya's ganó una clientela fiel que lo mantuvo a flote tres décadas, hasta que un cambio en la demografía del barrio arruinó varios negocios. En 1994 se declaró en bancarrota y cerró.
Su hijo Rico Valencia, ávido empresario, que controla los derechos comerciales de la familia, pensó en el 2003 que los residentes de Houston tal vez darían la bienvenida a restaurantes Tex-Mex más elegantes y en barrios más exclusivos. Y así fue. El renovado Cyclone Anaya's Mexican Kitchen abrió dos sucursales en el 2005 e inaugurará otra en Houston. Además, la compañía se expandió a otros mercados.
Lo que nos trae de vuelta a Dallas, ciudad receptora de innumerables cadenas restauranteras.
La primera sucursal (se reporta que hay tres más en construcción) se instaló en Oak Lawn, en el local donde estaba el restaurante Nuevo León. Su letrero de neón ahora resplandece con brillo corporativo. Un tema circular prevalece en la decoración: con patrones en forma de remolinos, ¿ciclones tal vez? La decoración en las paredes y las mesas son esféricas.
El encanto que sedujo a los comensales de Houston funciona en Dallas.
No se puede negar que es un sitio para divertirse y pasarla bien, ideal para ir en grupo o para conversar con uno o dos amigos junto a comida con sabor casero.
La palabra clave sería la abundancia. La porción de casi todos los aperitivos, ensaladas y platillos es muy abundante. Los precios también pueden sentirse exagerados.
Lo que sería una de mis críticas principales del lugar: los precios de las margaritas. El restaurante no los enlista. Uno tiene que preguntar. El menú de bebidas incluye un extenso inventario y nombres peculiares como Súper Cyclone, Ultimate Rita, Platinum Top Shelf, Perfect Margarita. No todas cuestan lo mismo, y no existe una forma de saber hasta que preguntes o hasta que llegue la cuenta (entre $11 y $14 dólares).
El personal sirve margaritas grandes sin decir a los clientes que hay tamaños más pequeños. Esta actitud reservada sobre precios y cantidades es muy desagradable y ha sido señalada por otros críticos.
Muchas de las combinaciones y en especial la Platinum Top Shelf con Patrón Silver y Cointreau, tiene un sabor balanceado.
Y la comida, con excepción de la cocina Southwestern, es completamente Tex-Mex: nachos, guacamole, tacos, enchiladas y varios platillos de carne y mariscos con los usuales acompañamientos.
El ceviche mixto impresionó con su frescura. Al igual que los tacos de pescado a la parrilla logran una armonía digna de un día en la playa.
Pero no tomen esto como la recomendación universal sobre mariscos. En dos ocasiones pedí los nachos de cangrejo y las dos veces estaban remojados, aunque la carne estaba rica. Las enchiladas de langosta están rellenas de carne esponjosa y salsa de crema de chardonnay demasiado fuerte. Las enchiladas del mar, con camarón y tiras de chile poblano tampoco son excelentes.
Uno de los comensales que me acompañaba lamentó que sus fajitas de res fueran servidas en plato y no en parrilla. A mí me encantó la idea de salir del lugar sin que el olor de humo se impregnara en mi ropa.
La carne asada a la Tampiqueña representa lo mejor de la cocina. Falda de res con chile pimiento, cebollas, hongos y chiles chipotle, con una enchilada de queso, arroz, guacamole y frijoles (recomiendo los frijoles refritos con puerco).
Mi comida favorita en Cyclone Anaya's sería: guacamole, con extra limón para darle un sabor más ácido, luego un tamal Betsy que son los más ricos y sencillos. A pesar que el menú no los especifica, están rellenos de carne de puerco preparada en salsa de chile ancho, la orden es de tres, con queso derretido y cebolla picada. También pediría una Perfect Margarita, pero no sin antes hacer sentir mal al mesero por no revelar los precios.
Addison escribe para
The Dallas Morning News