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Sabor asiático que cumple

02:59 PM CDT on Friday, March 28, 2008

Por JORGE CHÁVEZ RAMÍREZ/Al Día

Desde el inicio, el restaurante Caravelle, especializado en comida china y vietnamita, fue una grata sorpresa.

KIM RITZENTHALER/DMN
KIM RITZENTHALER/DMN
Uno de los platillos del restaurante Caravelle, en Richardson, es una combinación de brócoli chino con guisantes y una salsa de la casa que se acompaña con arroz frito.

La comida y el servicio sobrepasaron nuestras expectativas. Ubicado en una plaza comercial llena de restaurantes asiáticos en Richardson, el lugar suele estar lleno de gente, sobre todo a la hora de la comida y en fin de semana.

El amplio menú puede ser algo avasallador, así que recurrimos a una mesera que amablemente nos sugirió algunos de los platos más populares del menú.

La comida comenzó con una contundente sopa picante cargada de tofu, championes y carne de puerco.

Luego llegó un platillo de pollo agridulce ($5.50). Este fue el plato más aburrido. La salsa estaba dulce y acidita, pero no tenía la intensidad ni diversidad de sabores de los platillos siguientes.

Un plato de tallarines de arroz a la plancha con salsa de ostión y carne de res ($6.50) cumplió con lo que esperábamos. Los tallarines estaban ahumaditos, y cocidos en su punto. Además llegó acompañado de una buena dosis de vegetales, incluyendo un crujiente repollo chino (bok choy).

Luego llegó un plato de ejotes fritos con tiritas de bisteces de res en una salsa de frijol negro ($7.99). Este platillo fue de los mejores. La carne estaba bien sazonada y levemente picosita. Pero lo más memorable fueron los ejotes, que estaban tiernos pero aún crujientes, y con un sabor ahumado, como si en lugar de fritos hubieran sido asados. La compleja mezcla de sabores hizo que aumentara nuestro interés en el plato que faltaba por llegar.

Como el último platillo había sido una recomendación de la mesera, no recordábamos con exactitud, qué habíamos ordenado. Los clientes de la mesa contigua pidieron unas chuletas de cerdo fritas que se veían muy apetecibles y albergábamos la esperanza de que nuestro plato fuera similar.

Nuestras esperanzas de probar las doradas chuletas se evaporaron cuando la mesera anunció que ya casi estaba listo nuestro platillo de pollo con lemongrass ($6.99).

El lemongrass es una planta utilizada para hacer té de limón en América Latina, y también se conoce como hierba de limón o limoncillo en algunos países, pero en la cocina asiática se utiliza para sazonar platillos con resultados muy interesantes.

Cualquier decepción causada por otro plato de pollo fue rápidamente elminada con el primer bocado. El plato llegó cargado de filetitos superdelgados y bien jugosos.

A pesar de que el pollo representa un gran reto para cocinar, pues su sabor puede ser algo aburrido, el toque cítrico del lemongrass lo hacía memorable, y se conjugaba perfecto con delgadas tiras de cebolla salteadas.

El menú también tiene una gran variedad de platos fríos y ensaladas, y fideos con carne a la parrilla, en el que sobresale el puerco a la parrilla con vermicelli.

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