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El Royal Thai se esmera

09:39 AM CDT on Friday, March 14, 2008

Por BILL ADDISON

Una rubia con atuendo de negocios entra a toda prisa al Royal Thai a las 12:15 p.m., un viernes, pero se detiene en seco en la atestada antesala cuando ve a la gente en el interior.

REX C. CURRY/SPECIAL PARA AL DÍA
Con 16 años de historia, servicio amable y más de 100 platillos, este restaurante sigue siendo buena opción.

Una rubia con atuendo de negocios entra a toda prisa al Royal Thai a las 12:15 p.m., un viernes, pero se detiene en seco en la atestada antesala cuando ve a la gente en el interior. Una multitud emerge del área de recepción en semicírculos aletargados que llegan hasta el bar al otro extremo del local. La mujer desaparece entre el gentío, pero casi al instante se regresa a la puerta musitando palabras poco decorosas. No la culpo. Una espera de 40 minutos es mucho para la comida. Pero tal es la devoción por este restaurante insignia de la cocina tailandesa en la zona. Su enorme popularidad no ha hecho más que crecer en los 16 años que lleva de funcionamiento.

Una multitud emerge del área de recepción en semicírculos aletargados que llegan hasta el bar al otro extremo del local. La mujer desaparece entre el gentío, pero casi al instante se regresa a la puerta musitando palabras poco decorosas. No la culpo. Una espera de 40 minutos es mucho para la comida. Pero tal es la devoción por este restaurante insignia de la cocina tailandesa en la zona. Su enorme popularidad no ha hecho más que crecer en los 16 años que lleva de funcionamiento.

¿Qué inspira tal constancia? Un servicio invariablemente amable y atento, para empezar. Las edecanes poseen una envidiable facultad para calmar incluso a los comensales más impacientes.

Y cuando ya le asignaron su lugar, un equipo de meseros muy bien coordinado sabe leer las mesas: los clientes con prisa reciben un servicio express, mientras que los que gustan de pasar las horas en la mesa ven su vaso de agua vuelto a llenar cada 90 minutos.

El Pla Goong: camarones frescos mezclados con poro tierno, cebolla roja, pimiento, hierbas tailandesas, hojas de menta y jugo de limón.

Y además está el menú. El menú para la comida contiene lo básico de la cocina tailandesa (y con razón, habiendo tanto cliente que atender).

Sin embargo, la versión para la cena, que uno puede ordenar durante la comida, ofrece casi 100 opciones, desde los platillos seguros y previsibles hasta los esotéricos, entre ellos un par de platillos regionales que, felizmente, se apartan de la norma tailandesa.

Una presentación de carne de res única del noreste de Tailandia denominado "lágrimas de tigre" es uno de ellos. El nombre es directamente una traducción del tailandés y se refiere al jugo que gotea de la carne en la parrilla de un tradicional asado.

En ocasiones las lágrimas de tigre se sirven como ensalada, pero en este caso la carne es marinada en salsa de pescado y jugo de limón, asada a la parrilla y servida junto con una ensalada de papaya verde y arroz, el clásico acompañamiento de la cocina del noreste tailandés llamado issan.

Y si te gusta el panang curry, piensa en probar un platillo ligeramente menos conocido del sur de Tailandia, el massaman.

Ambos tienen en común una base sazonante para sus pastas de curry (galangal, limoncillo, ajo, semilla de cilantro), pero el massaman le da un giro dulce a la receta con especias como canela y cardamomo, y una saludable dosis de cacahuate tostado.

La versión del Royal Thai combina de maravilla con la carne de res. Su perfil de sabor, sino su textura, es similar a la carne deshebrada de Indonesia.

De hecho, se puede discernir cierto cruce cultural en el menú. La carne de res salteada con cáscara de naranja tiene un sabor chino.

El pad preaw wan, lomo de puerco en salsa agridulce con piña y tomate, recuerda mucho a la clásica sopa vietnamita que contiene esos dos ingredientes.

Pero el tom kha gai sabe singularmente tailandés. Muchos restaurantes ofrecen una versión diluida de esta sopa como antojito rápido, aunque la interpretación de Royal Thai se distingue por su meticulosa elaboración.

Su caldo es cremoso por la leche de coco, y unas hojas de limón kaffir perfuman la sopa con su agradable cualidad astringente como contrapunto del coco. Tal abundante riqueza y aromas hacen del pollo tierno un lujo.

El aperitivo es donde a uno le da por avorazarse. El saté es una digresión sin complicaciones, cierto, pero el tod mahn plahn aporta un aroma retador.

Son pasteles de pescado frito en aceite aumentados con ejotes y servidos con ensalada de pepino y un aderezo a base de vinagre. Si le gusta el pastel de bacalao, estos tienen un sabor aproximado.

Los dumplings de tulipán ofrecen una experiencia distinta. Cada pedacito negocia tres texturas: la blandura de la cubierta, la pulposidad del relleno de camarón y puerco, y lo crujiente de las castañas picadas.

Un baño en salsa de soya incrementa el ligero picor del dumpling.

Si no quieres engentarte, visita el Royal Thai entre semana por la noche (los viernes y sábados está tan lleno como a la hora de la comida). La comida no pierde su calidad a pesar de que haya mucha gente en el local.

Addison escribe para The Dallas Morning News.

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