Sus amigos pueden llamarlo un fetichista y las meseras lo pueden ver raro, pero David Turley no tomaría una cerveza con trozos de hielo flotando en ella.
Pero eso es lo que puede suceder en los restaurantes que insisten en servir su bebida favorita en tarros helados. Y así es como Turley no tiene ningún reparo en pedir otra, en un vaso sin congelar.
"Soy un tanto apasionado con eso", dice Turley, de 50 años, un trabajador de sistemas computacionales en Fredericksburg, Va. "La primera cosa que miro en un restaurante es el menú de cervezas. Lo considero una comida."
Andrew Dornenburg y Karen Page son aún más melindrosos. El matrimonio, autor de What to Drink With What You Eat?, han sido conocidos por sacar un termómetro infrarrojo del tamaño de una pluma para checar la temperatura de su vino antes de bebérselo.
"La temperatura es muy importante, más de lo que normalmente se cree cuando hablamos de sabor", dice Dornenburg.
"Veinte o aún diez grados pueden hacer una enorme diferencia en cómo el mismo vino pueda saber. Un vino delicado y 'caliente' a temperatura ambiente sabe mucho más 'redondo' y con mayor sabor a fruta que uno cinco o diez grados más abajo".
Inclusive bebedores casuales de vino saben que los vinos blancos son servidos más fríos que los tintos. Pero pocos se dan cuenta de la diferencia que unos cuantos grados pueden hacer, y no sólo con el vino.
Aquí está lo que algunos expertos en las bebidas dicen acerca de las temperaturas para varias de éstas, y los errores más comunes que la gente comete.
La mayoría de la cerveza es servida demasiado fría, dice Sang Yoon, un catador de cerveza, chef y dueño de Father's Office, un restaurante en Santa Monica, Calif.
Pero para la mayoría de las cervezas convencionales –producidas por las grandes marcas cerveceras– frío está bien. "Esas no tienen un gran perfil aromático, así que puedes beberlas realmente frías y no te estás perdiendo de nada", dice Yoon.
Las cervezas aromáticas son elaboradas con más ingredientes- las cervezas claras, por ejemplo- deben ser servidas alrededor de 40 a 42F, mientras que las cervezas con gran sabor, tales como las belgas, no sueltan su aroma hasta que alcanzan los 50F.
El vino es frecuentemente servido a una temperatura errónea, dice Natalie MacLean, editora de un periódico de vinos y autora de Red, White and Drunk all Over, la cual explora cómo el vino está hecho, comercializado, combinado con comida y consumido.
"Muy frío, la complejidad y los aromas de un vino se adormecen; muy caliente, sabe blando y a mucho alcohol", dice.
El viejo consejo de servir el vino tinto a "temperatura ambiente" viene de los días en los que el "cuarto" en cuestión era un castillo con corrientes de aire, asegura, mas no las casas de hoy en día, calientes y centralmente acaloradas.
El vino tinto debe de ser servido alrededor de los 60F, aunque algunos tintos ligeros, como el Beaujolais, son mejores si son servidos más fríos, dice. El vino blanco debe de ser enfriado alrededor de los 55F; el vaso debe de sentirse frío, mas no helado.
Dornenburg y Page van más a fondo, sugiriendo para la champaña y otros vinos secos o dulces, temperaturas de 40 a 50F, 45 a 55F para vinos blancos secos y rosados, y 55 a 60F para otros vinos blancos.
Cuando te encuentres en duda checa la etiqueta: muchas botellas indican la temperatura óptima para servirse.
"Recientemente estábamos probando un vino tinto italiano que no tenía nada de impresionante hasta que notamos que estaba a temperatura ambiente y su etiqueta sugería 63 grados. Lo enfriamos y lo volvimos a probar y ¡voila!, nos dio una mucho mejor impresión", dice Page.
Hay un poco más de libertad cuando hablamos de licor solo o de bebidas preparadas.
Tricia Crighton de la Asociación de Ginebra y Vodka de Gran Bretaña (Gin and Vodka Association of Great Britain) dice que las bebidas a base de ginebra y vodka son generalmente servidas frías, usualmente en hielo, para enfatizar el sabor fresco.
"El martini seco debe de estar muy frío y algunos taberneros guardan las botellas en el congelador para poder lograr esto", dice.
"Usualmente, unos cuantos hielos grandes enfriarán lo suficiente los cocteles y las bebidas preparadas".
A pesar de que históricamente han sido disfrutados bien fríos, una nueva generación de chefs de bar y especialistas en mezclas están creando cocteles más complejos en los cuales su sabor es mejor disfrutado si están un poco más tibios, Page y Dornenburg dicen.
"Mientras que cocteles bien fríos ayudan a esconder la sensación de calor que corre por tu garganta cuando tomas un coctel con alto grado de alcohol, los cocteles mejor preparados de hoy en día no tienen tanto grado de alcohol, así que pueden ser disfrutados un poco menos fríos", dice Dornenburg.
La temperatura ideal para el café va más allá del sabor, dice Ric Rhinehart, director ejecutivo de la Asociación de América de Café de Especialidad (Specialty Coffee Association of America).
Una temperatura entre los 195 y 205F en su preparación, es ideal para lograr lo que él llama la apropiada "química en tu taza", o la mezcla correcta de sólidos solubles que hacen al café, verse, oler y saber a café.
"Cuando elevas la temperatura significativamente, tiendes a obtener un poco más del extracto del sabor amargo", dice Rhinehart. "Cuando no alcanzas la temperatura ideal, dejas atrás algunos de los más placenteros, interesantes sabores y aromas.
Uno de los errores más comunes es no servir el café lo suficientemente caliente, dice. Frecuentemente el culpable es una cafetera que no calienta el agua lo suficiente y cuenta con un ciclo muy largo de preparación.
"Y también hay unas cuantas personas aunque hay muy pocas y están envejeciendo rápidamente– que todavía usan cafeteras de filtro", dice Rhinehart. "Las cafeteras de filtro son simplemente devastadoras para el café porque circulan de nuevo café ya preparado y llegan a temperaturas arriba de los 205 grados. Es sólo una terrible manera de preparar café".
Hay signos notorios cuando una taza de té negro es servida a temperatura por debajo de la óptima: el líquido se verá claro y habrá un anillo café el fondo de la taza.
"Ahí es cuando sabes que en verdad has cometido un error. Si lo pruebas, va a saber a agua caliente", dice Joe Simrany, presidente de la Asociación de Té de Estados Unidos (Tea Association of the USA).
"El problema es que no estás extrayendo todo el sabor que el té tiene para ofrecer", dice Simnray.
Agua a punto de hervir es requerida para extraer al máximo el sabor del té negro. Después de tres minutos de remojarlo, el té debe de estar alrededor de los 185F, dice.
Para té blanco o verde, temperaturas más frías son requeridas, alrededor de los 165 a 185F.
La temperatura óptima de la leche es una cuestión tanto de sabor como de seguridad, dice Gary Wheelock, de La Junta de Promoción de Lácteos de New England (New England Dairy Promotion Board).
Una temperatura por debajo de los 39F es esencial para prevenir arruinarla. Su organización elaboró un pequeño lema para los supermercados con el fin de recordar mantener la leche fría: "Debajo de los 39, está bien".
Con una bebida tan básica, hay mucho espacio para preferencias personales. Pero hay algunos errores comunes, dice Michael Mascha, autor de Aguas finas: La Guía para el Conocedor a las más Distintivas Aguas Embotelladas.
"Los norteamericanos beben agua muy, muy fría", dice, notando que al hacer eso entumen las papilas.
Aún así el agua es servida mejor alrededor de los 55F -como la temperatura con la cual sale del suelo- más que recién salida del refrigerador, dice.
"Siendo un producto natural, es una buena idea beberlo a una temperatura natural", afirma.
Ramer escribe para The
Associated Press.