En todos los aspectos el restaurante Lambert’s es el ideal del restaurante vaquero.
MICHAEL AINSWORTH/DMN
El filete de róbalo a la mantequilla beurre blanc bañado en salsa romesco es uno de los platos destacados del restaurante Lambert’s.
Este proyecto conjunto entre Lou Lambert y Grady Spears, dos chefs con fuertes raíces en la escena restaurantera de Fort Worth, juega con los clichés. Su comida, servicio y atmósfera combinan lo funky y lo urbano y reflejan su ciudad con sinceridad y afecto.
Las carnes asadas y ahumadas dominan el menú que se prepara con gusto. Decidimos ignorar por un momento las recomendaciones sobre el bistec para indagar sobre el rib eye de 14 onzas preparado con azúcar morena tostada. Resultó que también tenía mostaza de Dijon que balancea la dulzura y textura de la melaza.
Las chuletas de cordero no están muy detalladas en el menú pero no las deje pasar desapercibidas. Marinadas con hierbas sutiles y servidas con jalea de menta y jalapeño, esta carne tiene un sabor sencillo, directo y memorable.
En la cocina conocen el oficio de asar la carne tan bien que las carnes jamás tienen sabor a madera quemada. El prime rib ahumado y el pollo (libre de hormonas) asado y marinado con chocolate de Oaxaca son un buen ejemplo de la destreza de los cocineros.
Para una opción muy distinta piense en el filete de róbalo a la mantequilla beurre blanc bañado en salsa romesco (tomate, nueces, cebollas, pimiento, guindillas secas, almendras y avellanas tostadas), arroz pilaf con hierbas, rapini y aceite de albahaca.
El róbalo se encuentra entre los platillos que se sirven con muchas guarniciones. Pero los demás son ligeros (salsa de aguacate para el pollo, jalea para el cordero). Los platillos principales deben acompañarse con guarniciones típicas de un restaurante de carnes, que como se sabe son ricos en calorías como las espinacas en crema y ricotta, macarrones y coliflor al gratin. Temo decirles que todos están deliciosos.
Sin embargo no se recomiendan las enchiladas de chile rojo, la salsa está demasiado fuerte y es preparada con chile en polvo.
Guarda espacio para el postre. Más allá del pudín de pan, está un pay de crema con coco abundante y de mora con betún. Ambos tienen sabor casero y a la vez sofisticado, como lo es este restaurante y la ciudad que lo inspira.
Addison escribe para The Dallas Morning News