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Nada con los tiburones ballena en el acuario de Atlanta

11:47 AM CDT on Saturday, July 5, 2008

Por GREG BLUESTEIN

Atlanta – Muy bien pudo haber sido el escenario para una película titulada Tiburón.

AP
Sumergirse en el Acuario de Altanta Georgia tiene un precio de $190 a snorkeleros y $290 para quienes quieran practicar scuba diving.

Seis snorkelers vadean en fila como patos, se desplazan justo bajo la superficie del agua mientras observan a los peces exóticos que salen disparados. Todo estaba muy tranquilo hasta que de las profundidades azules surgió el misterioso tiburón ballena.

El tiburón ballena es una de las criaturas más asombrosas y esquivas del océano, y es un misterio aún para los biólogos marinos que han dedicado su carrera a estudiarlos.

Pero aquí, en los confines del Georgia Aquarium en el centro de Atlanta, es imposible no ver a los enormes tiburones ballena, especialmente cuando uno está adentro de su pecera.

También es difícil evadirlos: las criaturas observaban con curiosidad a los visitantes y a veces se acercaban hacia ellos lentamente como una pesada locomotora.

Los visitantes nadaban en el tanque acuático más grande del mundo bajo el programa “Nada con Amables Gigantes” del acuario, en el que diariamente seis snorkelers y seis buzos se adentran en el contenedor con capacidad de 6.3 millones de galones.

Los visitantes son conducidos a encuentros cercanos con grupos errantes de mantarrayas?, tiburones martillo, meros gigantes y un sinfín de especies más.

Pero los desconcertantes tiburones ballena son el verdadero atractivo, y muchas veces con razón.

El acuario es el único fuera de Asia que alberga tiburones ballena, y el único del mundo que ofrece a los turistas la oportunidad de nadar con ellos.

Los directivos del programa lo promocionan como una forma innovadora y segura de hacer que el público entienda mejor a unos animales que de otra manera nunca verían.

“La inmersión es la mejor forma de establecer un vínculo entre las personas y los animales”, dice Bruce Carlson, director científico del acuario.

“Es una verdadera oportunidad para nosotros ampliar las posibilidades de que la gente conozca a los animales aquí en el acuario y una oportunidad de toda una vida para los visitantes, que podrán ver animales que tal vez nunca verán en su medio ambiente natural”.

Pero el ambicioso proyecto ha suscitado la preocupación de los críticos, que argumentan que los nadadores y turistas curiosos podrían causar tensión nerviosa a los tiburones ballena y los miles de animales que comparten el enorme acuario.

“Existe la posibilidad de que estos animales se estresen por el aumento del número de personas en su alrededor”, dijo Lori Marino, bióloga de la Universidad de Emory y estudiosa de las ballenas.

“No sólo puede afectar su salud física, sino su salud mental, y no sabemos cuánta tensión se está causando a los animales ni cómo podrían responder”.

El Georgia Aquarium es uno de los pocos lugares en los que se ha intentado alojar a estas criaturas y el único en Estados Unidos.

Hasta ahora su experiencia han sido irregular: dos de los tiburones ballena han muerto desde que el acuario abrió en el 2005, pero también ha invertido en proyectos de estudio del tiburón ballena en México y Taiwán.

Y por otro lado el acuario de Georgia se ha hecho famoso entre la comunidad científica por su labor con los tiburones ballena, gracias a los buzos que ya han acumulado miles de horas de trabajo alimentando y estudiando a estos animales.

Carlson dijo que dio luz verde al programa de turistas porque hasta ahora las actividades de buceo “no han tenido efecto en la conducta de los tiburones ballena”.

“Nosotros somos los expertos en eso, y podemos emitir un juicio porque probablemente pasamos más tiempo con los tiburones ballena que la gente que nos critica”, dijo.

“La mayoría de los que tienen contacto con ellos probablemente han tenido una experiencia de un minuto en el océano. La gente tiene que confiar en nuestro juicio en ese sentido. Hemos llegado a entender su naturaleza, y nos sentimos bastante confiados en que nuestra presencia no los está afectando”.

El acuario está navegando aguas inexploradas. Otros centros acuáticos ofrecen actividades de snorkel y buceo en sus tanques, pero ninguno ofrece un entorno tan extenso como el tanque Ocean Voyager del Georgia Aquarium.

Junto con los tiburones ballena, la exhibición acuática de agua salada contiene miles de ejemplares de animales distintos, como la colección más grande de meros gigantes, tiburones wobbegong y una docena de especies raras.

Las actividades de buceo no son para cualquiera. Durante una instrucción previa de 15 minutos, los guías hacen énfasis en el concepto de la conservación y advierten a los participantes que no deben tocar a ningún pez mientras estén en el tanque.

Entonces se enfundan en sus trajes de buzo, se ponen el equipo de snorkel, máscaras y aletas antes de echarse al agua.

Los snorkelers son obligados a nadar en fila recta por guías de buceo mientras personal equipado con cámaras subacuáticas documenta su travesía.

Además no es un viaje barato, ya que cuesta 190 dólares el snorkel y 290 el buceo, pero la respuesta del público ha sido alentadora.

Krista Massey, miembro del acuario y reseñista del programa, dice que estaba nerviosa cuando se sumergió en el agua.

“Tú sabes, hay tiburones martillo en el tanque”, dice. “Hay toda clase de depredadores a los que has tenido miedo toda tu vida, y de pronto te encuentras en su mundo”.

Sin embargo, no tardó en sentirse a gusto en el tanque, y la experiencia la hizo maravillarse de las criaturas que flotaban en su entorno.

“Lo que aprendes en ese proceso es mucho más de lo que la gente sabe de estos animales, y te enseña a apreciar otras cosas”, dijo.

Bajo la plácida superficie, tantos peces distintos que sería imposible nombrarlos se desplazan en grupos, criaturas exóticas como el tiburón cebra, mantarrayas nariz de vaca y peces guitarra.

No lejos de ahí, Mero el Gruñón, famoso del lugar, mira con desaprobación a través de una ventana.

Y por supuesto, había cuatro tiburones ballena, enormes bestias que se movían por todo el tanque a placer, navegando aterradoramente cerca de los asombrados visitantes.

Cuando la experiencia de 30 minutos se acercaba a su fin y los seis se alinearon para salir de la jaula marina, el silencio bajo el agua fue súbitamente roto por una advertencia de una guía.

“Manténganse aplanados”, gritó. “Con los pies arriba”.

Luego una corriente atravesó el agua. El amable gigante había nadado muy cerca una vez más.

Bluestein escribe para The Associated Press

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