Su aspecto es poco atractivo y sólo es comestible el 35 por ciento de cada una de estas hortalizas, pero la fea alcachofa reúne todas las virtudes imaginables. Se utiliza en la industria farmacéutica, cosmética y de licores.
Su consumo es aconsejable para niños y mayores. Es óptima para los diabéticos. Buena para el hígado y el corazón, calma la tos, es altamente diurética, casi no tiene calorías, y por si fuera poco, da tanta energía que se le considera afrodisiaca.
La alcachofa encierra entre sus hojas tal cantidad de buenas propiedades que actúa como alimento y, además, como gran protector de la salud. Es rica en fibra, antioxidantes, minerales y vitaminas B y C. Su consumo se recomienda para tratar dolencias tales como la leucemia, la diabetes, el colesterol alto, los problemas digestivos y renales, y para prevenir el cáncer.
Sin embargo, no es aconsejable para las madres lactantes, ya que disminuye la cantidad de leche y altera su sabor.
La dieta de la alcachofa es hoy tan popular que se le conoce también como la dieta de los famosos.
Thalía, Penélope Cruz, Cindy Crawford, Kate Moss y un largo etcétera de hombres y mujeres recurren a esta dieta, que consiste en consumir alcachofas como alimento principal durante una semana cada dos meses.
Los resultados son espectaculares. Se pueden perder libra y media en una semana y al tiempo desintoxicar el organismo. Asimismo, estimula la absorción de oxígeno a través de los poros de la piel, lo que la convierte en un tratamiento de belleza.
La alcachofa aporta muy pocas calorías y sí cantidades importantes de calcio, potasio, fósforo, hierro y magnesio.
Esta hortaliza es muy diurética, lo que ayuda a eliminar líquidos, tiene un suave efecto laxante, y acelera el metabolismo, por lo que las grasas se queman más deprisa.
Existen numerosas variantes de la dieta de la alcachofa, pero todas incluyen esta hortaliza como alimento principal, así como frutas, verduras, lácteos desnatados, pan integral, y carnes y pescados bajos en grasas.
Para evitar que la alcachofa pierda algunas de sus muchas cualidades, lo mejor es cocinarla cuanto antes y no tenerla demasiado tiempo en el frigorífico. En caso de que, una vez cocinadas, no se vayan a consumir antes de 48 horas, es aconsejable ponerlas en el congelador.
Las alcachofas tienen un color que va del verde claro al morado y, según la variedad, pueden tener forma redonda o de cúpula. Para ver si están frescas nada mejor que apretarlas y comprobar si se oye un leve crujido. Hay que seleccionar las más pesadas en relación a su tamaño, y las que presentan un aspecto compacto, brillante y bien formado.
Esta hortaliza se ennegrece con facilidad, ya que el contacto con el aire la oxida muy deprisa. Para evitarlo basta con sumergirlas en agua fría con el zumo de medio limón antes de cocinarlas. Se pueden hacer al horno, rebozadas, a la plancha, cocidas en poca agua con aceite, sal y unas gotas de limón o de vinagre- o tomarlas crudas.
La fama de saludable que acompaña a la alcachofa se debe en especial a cinco sustancias características de esta hortaliza.
Se trata de la cinarina, que le da su especial sabor amargo. Tiene un efecto diurético, estimula la secreción de bilis y ayuda a prevenir el desarrollo de tumores.
Otras sustancias son el cinarósido, que tiene una acción antiinflamatoria, y los ácidos orgánicos, que potencian la acción de las dos sustancias anteriores.
Entre los ácidos orgánicos se encuentra el clorogénico, que actúa como antioxidante.
Finalmente, los fitoesteroles limitan la absorción de colesterol en el intestino.
La alcachofa/de tierno corazón/se vistió de guerrero,/erecta, construyó/una pequeña cúpula,/se mantuvo/ impermeable/ bajo/ sus escamas...
Así comienza la Oda a la Alcachofa, que forma parte de las Odas Elementales escritas por el poeta chileno y premio Nóbel de Literatura de 1971, Pablo Neruda.
Esta planta pariente del cardo y que se da en climas templados ya era consumida por los antiguos egipcios. En la Grecia y Roma clásicas se conservaba en vinagre y se aliñaba con hierbas aromáticas.
Los españoles la llevaron a México, desde donde se extendió por toda América. Además de un alimento muy utilizado en ese continente, la alcachofa ha dado lugar a un verbo, alcachofar, que se usa como sinónimo de esponjar, hinchar, engreír, engordar, etc.