La depresión, en sus distintos grados, es una enfermedad cada vez más extendida cuyo tratamiento requiere ayuda médica y sicológica. A todos, en distintos momentos de nuestra vida, nos afectan el desánimo y el malestar.
CARTER ROSE/ESPECIAL PARA DMN
Cuando estamos bajos de ánimo es cuando más hay que hacer ejercicio.
Es importante saber reconocerlos cuanto antes para evitar que se agudicen y poner remedio urgente antes de que se conviertan en depresión.
El ejercicio es fuente de salud física, pero también síquica. Por ello es importante mantenerse en movimiento, hacer ejercicio y caminar lo más posible.
Cuando estamos bajos de ánimo es cuando más necesitamos mantenernos activos y, precisamente, cuando menos nos apetece. Haz un esfuerzo y plantéate otras alternativas de ejercicio.
Quizá sea el momento de cambiar tu tabla habitual de gimnasia por otra nueva, una que te exija más concentración y te lleve a fijar otros objetivos.
La natación, el deporte por excelencia, tiene entre sus muchas virtudes un gran efecto calmante. En lo posible, trata de practicar en estas épocas de desánimo ejercicios al aire libre. Haz bicicleta, patines, corre o simplemente pasea, pero procura no quedarte mucho tiempo en casa.
El baile y los deportes en grupo son dos remedios excelentes para levantar el ánimo y obligarte a salir del aislamiento.
El yoga y el tai-chi son ejemplos de prácticas milenarias cuyo objetivo es reforzar los lazos de comunicación entre la mente y el cuerpo.
Los movimientos lentos del tai-chi y las posturas del yoga crean en nuestro cuerpo y mente corrientes de energía. Estos ejercicios ayudan no sólo a corregir malas posturas y a mejorar nuestra salud, sino que también tienen un gran poder para mitigar la ansiedad y despertar el optimismo.
La meditación es otra práctica milenaria y universal para ponernos en contactos con nuestro yo interior. Todas las religiones y culturas establecen momentos de recogimiento y diálogo interno para curar los males del alma y el cuerpo.
Los alimentos con alto contenido de omega-3 y vitamina B actúan como fuentes de alegría.
Las investigaciones médicas señalan que personas con desórdenes mentales de todo tipo experimentaron una notable mejoría cuando se les suministró suplementos de omega-3, un ácido graso esencial que no puede ser sintetizado por nuestro organismo y que se encuentra en especial en ciertos pescados y en las nueces.
El grupo de vitaminas B es imprescindible para el buen funcionamiento del sistema nervioso. Están presentes en alimentos como cereales, legumbres, huevos, carnes y vegetales verdes. La carencia de estas vitaminas en el organismo provoca, entre otros, cansancio y desánimo.
Una dieta equilibrada aporta todos los nutrientes que necesitamos, pero en épocas de decaimiento conviene seleccionar más nuestros alimentos y evitar excitantes como el café, el té, el alcohol y las especias.
La alimentación equilibrada es buena también para prevenir las enfermedades y dolencias que aparecen cuando andamos bajos de ánimo. Nos sentimos con el alma enferma y además se enferma el cuerpo. Ello se debe a que el sistema inmunológico funciona con muchas deficiencias y parece que todos los virus y dolencias se confabulan para atacarnos. Una buena alimentación es una forma de reforzar las defensas.
• La acupuntura es una de las milenarias prácticas orientales que pueden ayudar a mejorar la salud del cuerpo y a equilibrar nuestra mente. También los masajes tienen efectos relajantes y beneficiosos para restablecer la paz mental.
• Dormir bien y las horas suficientes es imprescindible para recuperar la alegría. Hay muchas formas de combatir el insomnio, y conviene recurrir a ellas para recuperar con el sueño las energías y las ganas de vivir.
• Viste colores alegres, cambia los muebles de sitio, y date algún capricho. Son fórmulas que suelen funcionar cuando no tenemos ganas de nada.
• El chocolate, a la larga, actúa como un depresivo, pero de vez en cuando, y sin pasarse, ayuda a recobrar la alegría.
• Familia, amigos, vecinos, e incluso mascotas son siempre los mejores apoyos para ayudarnos a superar esas malas rachas que nos asaltan en el momento menos pensado y que nos dejan, literalmente, fuera de combate.