Houston – "El peor desastre del mundo antiguo conservó un arte impresionante", dijo Frances Marzio mientras hacía un recorrido entre los restos de una de las erupciones volcánicas mejor conocidas de la historia.
Dispuestos en amplios espacios en el Museo de Bellas Artes de Houston (MFAH), elegantes estatuas, joyería y pinturas al fresco que datan del siglo Primero después de Cristo en Pompeya y poblaciones cercanas dan testimonio de la extraordinaria sofisticación artística del Imperio Romano temprano.
FOTOS: CORTESÍA MUSEUM OF FINE ARTS, HOUSTON
Una estatua en bronce de Apolo, el dios griego de las artes. Esta pieza fue encontrada entre 1966 y 1978, y es una de 450 reliquias que se exhiben en el Museo de Bellas Artes de Houston.
Marzio, curadora del MFAH, supervisó la instalación "Pompeii: Tales from an Eruption", la última escala de un recorrido de cinco años por varios países.
Las reliquias de Pompeya antigua han viajado por todo el mundo desde hace más de un siglo, pero esta exposición de 479 objetos hace énfasis en los descubrimientos de los últimos 15 años de excavaciones.
La explosión del Monte Vesubio, ocurrida en el año 79 después de Cristo, ha capturado la imaginación de escritores, artistas y cineastas desde el recuento testimonial de Plinio el Joven.
No lejos de Nápoles, el área circundante al volcán era próspera en agricultura –fertilizada por un suelo volcánico rico en minerales– y el comercio marítimo.
Los romanos acaudalados tenían casas de descanso en la zona.
El 24 y 25 de agosto de aquel año, sucesivas erupciones de ceniza, roca fundida y gases candentes devastaron una amplia franja de tierra en torno y al sureste del volcán.
"La temible nube negra era desgarrada por llamaradas que estallaban bifurcantes y tremorosas", escribió Plinio, "y al partirse revelaba grandes lenguas de fuego. Se oía el chillar de las mujeres, el llanto de los niños y los gritos de los hombres".
Sepultada bajo capas de restos volcánicos, Pompeya y los pueblos circundantes quedaron casi en el olvido hasta 1599, cuando los intentos de reencauzar el río Sarno dejaron al descubierto losas de mármol y muros cubiertos de pinturas al fresco.
Este mosaico de Pompeya (izq.) tiene una apariencia moderna. Al lado derecho, un molde de una de las víctimas de la erupción.
Pero no fue sino hasta mediados del siglo 19 que se emprendieron labores de excavación formales.
Aunque en la Pompeya de la actualidad se pueden apreciar trazos urbanos prácticamente intactos una serie de fotografías de tamaño casi real expuestas en Houston dan una idea del estado en que se encuentran-, aún falta por explorar todo un tercio del área.
Pero si otros restos del Imperio Romano fueron vandalizados y desgastados por el clima y la contaminación, Pompeya, Herculano y otras localidades cercanas se quedaron efectivamente congeladas en el tiempo.
Protegidos de la oxidación, tanto artefactos como restos humanos fueron preservados en ceniza volcánica.
Antes de entrar a la exhibición de Houston, en la galería superior del Caroline Wiess Law Building, prepárate para presenciar una escena perturbadora. El primer retablo es un revoltijo de cadáveres, sus bocas congeladas en un grito silencioso.
No son cadáveres auténticos, sino vaciados de elastómeros hechos con las cavidades dejadas por cuerpos de personas reales que corrían hacia el mar de Herculano en el vano intento de escapar.
Otros vaciados, de yeso y resina epóxica, son fantasmas de adultos, niños y hasta un perro, cuyos cuerpos dejaron moldes relativamente intactos bajo herméticas capas de residuos volcánicos.
Por perturbadores que sean, estos vaciados dan una dimensión humana a lo que de otra forma sería solo arte y arqueología extraordinarios.
Lo mismo ocurre con una vitrina que contiene unos instrumentos quirúrgicos, probablemente recogidos con premura por un médico previendo una ardua jornada que no viviría para obrar; y las herramientas que delatan el segundo oficio de un soldado como carpintero.
Como en cualquier catástrofe, en su huida los aterrorizados ciudadanos de Pompeya, Herculano y otras poblaciones tomaron sus pertenencias más valiosas y artículos portátiles.
Es por eso que se puede ver una variedad de anillos, brazaletes y collares finamente grabados, muchos probablemente importados de Egipto, así como monedas, algunas todavía incrustadas en roca volcánica.
Entre los artículos domésticos hallados se encuentra un elegante kantharos, o cántaro, con hojas y olivas en exquisito altorrelieve.
Entre los artefactos domésticos menos portátiles descubiertos hay una enorme caja fuerte hecha con placas de hierro y una cama comedor enmarcada en bronce.
Esta última se encuentra entre tres muros cubiertos de pinturas al fresco, coloreadas prominentemente con el distintivo "rojo Pompeya". Al centro, el emperador Nerón es representado como un Apolo de aspecto inocente tocando la lira.
Lo que sorprende aquí, como en gran parte de la exhibición, es la apariencia moderna, o al menos del siglo 19, de la estética. La decoración y diseños victorianos tardíos recibieron la influencia de los artefactos descubiertos en Pompeya.
Cantrell escribe para The Dallas Morning News
Para disfrutar:
"Pompeii: Tales From an Eruption" Caroline Wiess Law Building del Museum of Fine Arts, 1001 Bissonnet St., Houston. 1-713-639-7771, www.mfah.org. Hasta el 22 de junio.