La madre mantiene fija la mirada sobre la maestra, que está vestida de chaqueta blanca y negra, blusa blanca, pantalones negros y zapatos del mismo color.
"Me siento un poco mejor de que sea de mi país", dice la madre sobre Flor Granillo, oriunda de Chihuahua y maestra bilingüe del Distrito Escolar Independiente de Irving.
"Bienvenidos a su primer grado", les dice Flor a sus estudiantes.
"¿Contentos?", pregunta.
"¡Sí!", responden en voz alta.
"¡Claro que sí!", dice la maestra, que se anima y responde su propia pregunta.
Flor tiene razones para estar contenta.
Durante dos años, ha superado una serie de obstáculos, como la certificación de maestra y las documentaciones migratorias y verificaciones de crédito para hacer su vida al norte del Río Grande.
Ella es parte de una migración sin precedentes al Norte de Texas, una región que tradicionalmente no es puerto de entrada para los inmigrantes. Hoy, sin embargo, aproximadamente uno de cada seis residentes del área de Dallas-Fort Worth nació en el extranjero.
Como mexicana, Flor Granillo no tiene posibilidad de acceder a las visas especiales o permisos de trabajo que se otorgan a las víctimas de desastres naturales en Centroamérica o a quienes huyen de países como Cuba, Camboya, Vietnam y Laos.
Aún así, ella es una de las afortunadas este verano, pues obtuvo una visa H-1B, que le permite trabajar con los documentos en regla en EU por un periodo específico de tiempo.
Fue su tercer intento por obtener la visa, un documento que siempre pensó que estaría fuera de su alcance.
En busca de oportunidades
Horas antes del amanecer de un reciente sábado de verano, justo antes de que el sol saliera sobre el horizonte con su acostumbrado calor calcinante sobre el pueblo fronterizo de Presidio, Flor Granillo se pregunta por qué necesita renovar su permiso de turista una vez más.
Está nerviosa. Saca documento tras documento, entre ellos una carta del Distrito Escolar Independiente de Irving que dice que esnecesario que comience a trabajar como maestra bilingüe para el año escolar 2005-2006.
En el cruce fronterizo un agente de inmigración estadounidense habla con ella en privado sobre sus razones para emitirle otro permiso. Ella cree que su oportunidad como maestra se está desvaneciendo.
"Un hombre decía que no y los otros dos que sí", dice. "No querían darme el permiso".
Una hora más tarde, Flor sale con el documento temporal que le dará protección legal hasta que llegue la visa H-1B.
Flor es una mujer alta e imponente de 41 años. Tiene casi 20 años de experiencia en México y está lista para demostrar lo que vale en el sistema escolar de Texas.
Cree que su traslado a los Estados Unidos traerá un flujo de mejores oportunidades para ella y sus tres hijos, Víctor, Allen y Alexis.
"Por los hijos uno está dispuesto a todo", dice.
El debate sobre si la economía estadounidense necesita trabajadores inmigrantes se está intensificando.
Lo mismo sucede con el resentimiento que se refleja en el creciente número de grupos de ciudadanos que buscan vigilar la frontera entre México y EU.
En agosto pasado los gobernadores de Nuevo México y Arizona decretaron el estado de emergencia en sus estados debido a los problemas migratorios.
Mientras tanto, el Distrito Escolar Independiente de Irving declaró la escasez aguda de maestros bilingües. Un tercio de los niños de la escuela del distrito usan el inglés como segunda lengua.
Algunos creen que EU hace que sea imposible que los inmigrantes entren al país de forma legal, inclusive en los casos de aquellos que pueden llenar puestos de trabajo donde hay escasez de trabajadores estadounidenses.
Tamar Jacoby, miembro del grupo de estudio conservador del Manhattan Institute, dice que EU necesita trabajadores inmigrantes con o sin habilidades para mantener estable la economía estadounidense.
"Llamar al sistema inadecuado ni siquiera se acerca al problema", dice Jacoby.
Como hay tantos mexicanos tratando de entrar a EU por vías legales, se ha vuelto arduo pedir a las autoridades la unificación de las familias.
Un nacional mexicano que trata de pedir la residencia permanente legal a través de un hermano o hermana estadounidense, seenfrenta a una espera de 18 años.
La diáspora mexicana en Texas
La demografía es destino, dicen quienes estudian los cambios demográficos. Y la diáspora mexicana ha moldeado y reformado Texas.
Cerca de 35 por ciento de la población del estado es latina. Para el 2020 se espera que los hispanos representen la mitad de Texas.
Hace poco, el Pew Hispanic Center, con sede en Washington, encontró que casi a la mitad de todos los mexicanos les gustaría vivir en EU y la voluntad de migrar parecía tan fuerte entre la clase media educada como entre los pobres. La encuesta, realizada entre adultos mexicanos, tenía un margen de error de 3 por ciento.
Flor proviene de la clase media educada en universidad. Sin embargo, ahora que está en EU se da cuenta de que no es completamente bienvenida.
Está disgustada por un artículo periodístico en el que un reportero de Irving se pregunta si hay "robo" cuando los inmigrantes indocumentados entran a EU y no contribuyen con el pago de ciertos servicios públicos. "No tengo todas las respuestas", dice el reportero, "pero sé que Dios es un Dios del orden y el resentimiento y el caos no son de Dios".
Flor lanza el artículo sobre un mueble. "¿Puedes creer la actitud de las personas sobre los inmigrantes?... Dallas y EU no existen como un entretenimiento para mí", dice. "Estamos aquí para salir adelante".
El inglés como segunda lengua
En los últimos 10 años el Distrito Escolar Independiente de Irving se ha triplicado en cuanto al número de estudiantes cuyo primer idioma no es el inglés, dice el vocero del distrito, Tony Thetford.
Hay grupos de estudiantes que hablan árabe, coreano, laosiano, francés y vietnamita. Algunos estudiantes de la India hablan gujarati y bengalí y otros hablan urdu.
Unos dos tercios de los estudiantes de la primaria Good Elementary hablan inglés como segunda lengua.
Un tercio de los 200,000 estudiantes del distrito habla inglés como segunda lengua. El mayor grupo es el de hispanohablantes. La mayor parte del crecimiento en el distrito escolar de Irving proviene de estos estudiantes, dice Thetford.
El cambio absorbe el vecindario alrededor de la primaria de ladrillos rojos Good Elementary, creada en 1959.
Está el Irving Sikh Center, Global Mission Church, con la señal de caracteres chinos y también Modas Paris: Tienda Latina. En la escuela misma, en una señal cerca del vestíbulo se lee: "¿Son sus hijos ciudadanos estadounidenses? Podrían ser elegibles para la cobertura de salud a través de Children's Medicaid... incluso si sus padres no son ciudadanos".
Es el primer día de escuela. Se siente olor a esencia de jabón en la humedad de esa mañana de fines de agosto. Cientos de pequeños se trasladan por la entrada de la escuela primaria. Les dan un abrazo y hasta bendiciones. Algunos acaban de llegar a EU y aún temen beber de las fuentes de agua.
La directora Tina Richard observa el caos. La escuela se está latinizando rápidamente. Este año 86 por ciento de los 800 estudiantes son hispanos. El año pasado llegaban a 82 por ciento.
Hace una década, cuando Richard llegó a la escuela, un poco más de la mitad de los estudiantes eran latinos. Hoy se considera que casi tres de cada cinco estudiantes necesitan educación bilingüe de transición.
Hacia 1995, cuando los estudiantes llegaban al quinto grado, si comenzaban las escuelas de Irving desde kindergarten, se les enseñaba en español no más de 10 por ciento de las veces.
"Realmente somos afortunados de tener a una maestra tan experimentada como Flor Granillo", dice la directora.
Los estudiantes más pequeños, los de los primeros grados, hacen su entrada por la puerta de la Sala 10 y Flor los saluda.
"¿Cómo te llamas?", dice Flor.
Una pequeñita, con una perfecta reverencia, susurra su nombre: Leslie.
Leslie Hernández luce como si hubiera salido de una tienda de Gap con su conjunto de pantalones caqui, camisa azul y zapatillas. Trae como accesorio una mochila rosada con un icono americano: una Barbie rubia.
Ingresa al salón de clase donde EU tratará de absorberla, donde el español dominará, aunque no todo el tiempo, y la bandera de las barras y las estrellas flameará sobre libros con títulos como Mi abuelito y yo.
La niña empieza a sollozar.
"Éste es su segundo año", dice su madre, María Hernández, que no puede ver a su hija desde la muchedumbre del pasadizo. "Pero no tiene miedo", asegura.
Solís escribe para The Dallas Morning News.