El gobierno federal implementó este verano un nuevo operativo contra la
inmigración ilegal en la frontera entre México y Arizona llamado Arizona
Border Control Initiative, o ABC. Como sucedió con operativos anteriores
en otras partes de la frontera, los inmigrantes simplemente buscaron
puntos más aislados y peligrosos por donde cruzar. Diez años después del
inicio de los operativos, la mayoría de los migrantes siguen logrando su
objetivo, mientras que otros mueren en el camino.
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AL DÍA/Sharón Steinmann
Un grupo de migrantes viaja en autobús de Palomas, México, hasta
el poblado de Las Chepas, donde esperan poder ingresar ilegalmente por la noche
a Estados Unidos.
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Naco, Ariz. – Custodiar las fronteras le costó 1,500 millones de dólares
a los estadounidenses el año pasado, casi tres veces más que en 1994.
Hace una década, había aproximadamente 4,200 agentes cuidando las líneas
que delimitan al país. Actualmente hay más de 11,000.
Sin embargo, agentes de la Patrulla Fronteriza y expertos en inmigración
coinciden en que el aumento de recursos y personal destinados a
salvaguardar la frontera no ha frenado la ola de inmigrantes
indocumentados que ingresan diariamente a través de la frontera con
México. De hecho, en lo que va de este año, agentes de la Patrulla
Fronteriza han arrestado a más de un millón de indocumentados.
Hace una década, el gobierno estadounidense introdujo una serie de
iniciativas para custodiar más rigurosamente las áreas metropolitanas de
la frontera. Hold the Line, en El Paso, y Gatekeeper, en
San Diego, fueron diseñadas para dificultar el cruce ilegal a lo largo
de estas dos ciudades. Aunque las medidas han restaurado el orden
público en las principales áreas metropolitanas de la frontera, no han
frenado el flujo de inmigración ilegal hacia Estados Unidos.
"Si la pregunta es si la gente ha dejado de entrar por las ciudades, la
respuesta es sí", dijo Nestor Rodríguez, profesor de sociología y
codirector del Centro de Estudios Migratorios en la Universidad de
Houston. "Pero, si la pregunta es si estas medidas han detenido el flujo
de inmigración ilegal, la respuesta es no".
Un equipo de periodistas de Al Día recientemente pasó 10
días en la frontera, atestiguando nuevas tendencias en inmigración
ilegal.
Estos son los principales hallazgos:
• Un número récord de inmigrantes ha muerto este año en Arizona durante
su viaje hacia el norte. El desierto al sur de Tucson sigue siendo el
epicentro: por lo menos 120 personas han muerto desde el 1 de enero,
según médicos forenses de condados fronterizos.
• El número de menores indocumentados no acompañados que son detenidos
tratando de ingresar a Estados Unidos ha aumentado dramáticamente a r
aíz de las iniciativas de control fronterizo. Cuando finalice este año
fiscal (el 30 de septiembre), autoridades estadounidenses estiman que
habrán tenido en su custodia a unos 7,000 menores no acompañados. En el
2001, el Departamento de Justicia indicó que aproximadamente 5,300
menores indocumentados fueron detenidos.
• El contrabando de seres humanos, un negocio que hace unos pocos años
estaba dominada por redes pequeñas y desorganizadas, se ha convertido en
una industria altamente sofisticada. Por ejemplo, cientos de brasileños
pagan más de 10,000 dólares por un incómodo y extenso viaje que incluye
pasaje aéreo hasta la Ciudad de México, día y medio en un autobús que
los lleva a la frontera con Estados Unidos y una travesía en un tráiler
de un camión comercial hacia su destino.
• El énfasis de los operativos de control en las principales ciudades
fronterizas ha transformado la vida y la economía de remotos pueblos del
lado mexicano.
El negocio de la inmigración ilegal se ha convertido en pilar de
comunidades anteriormente pobres como Palomas, en Chihuahua, y Altar, en
Sonora, que se han convertido en ejes del transito de inmigrantes. En
estos pueblos los hoteles están llenos, los galones de agua cuestan
hasta 10 dólares y decenas de inmigrantes dormitan en el pasto de la
plaza del pueblo, esperando a que llegue la noche para intentar cruzar
la línea.
Los pobladores ya se han acostumbrado. Los curas, incluso,
cotidianamente bendicen a viajeros que están por cruzar el desierto y
podrían no volver a ver otro amanecer.
• A medida que el gobierno dedica más dinero y recursos a escudar la
frontera de Arizona, el flujo de inmigrantes indocumentados se desplaza
hacia las zonas desérticas y mayormente despobladas de Nuevo México y
Texas. Consecuentemente, Dallas y Fort Worth se han convertido en una
escala popular para inmigrantes que cruzan por esos sectores, un
fenómeno que ha sido evidenciado por los recientes hallazgos de decenas
de personas a bordo de tráileres cerca de Fort Worth.
"Cuando ejerces presión en un área, es obvio que va a verter
(inmigrantes) por otro lado", dijo T.J. Bonner, presidente del National
Border Patrol Council, un sindicato de agentes de la Patrulla
Fronteriza. Las autoridades "están conscientes de eso porque lo hemos
visto año tras año".
Oficiales de control migratorio implementaron este verano en Arizona un
nuevo operativo (Arizona Border Control) que busca frenar el flujo de
inmigrantes y los grupos de contrabandistas que los transportan.
Desde finales de los años 90 el énfasis de los operativos de la Patrulla
Fronteriza ha estado en la franja sur de Arizona. Sin embargo hay pocas
evidencias de que esté reduciendo la inmigración ilegal. Los inmigrantes
y las bandas de coyotes simplemente han encontrado nuevas rutas de
ingreso por Nuevo Mexico y el oeste de Texas.
Esta nueva iniciativa ha hecho que la gente tenga que depender de
coyotes, y los coyotes usan vías muy peligrosas, dijo Ouisa Davis, una
abogada de inmigración en El Paso. "A medida que cruzan por esas áreas,
lo único que estamos encontrando son cadáveres".
Hace 10 años, el principal riesgo que enfrentaban quienes cruzaban "sin
papeles" era ser detenidos y enviados de regreso a su país. Actualmente,
cruzar la frontera implica mucho más que violar la ley migratoria de EU.
Se trata de sortear con temperaturas extremas, estar expuesto a asaltos
y violaciones por parte de criminales y a merced de bandas rivales de
coyotes.
Pero la constante oferta de empleos sigue siendo el imán que impulsa el
perpetuo ciclo de la inmigración indocumentada.
Incluso con más operativos y una frontera cada vez más peligrosa,
detener el flujo de inmigrantes será prácticamente imposible, aseguran
expertos.
"Mientras la gente no se meta en problemas por contratarlos, no hay una
buena razón para dejar de hacerlo", razonó Gavin Weidman, un agente
supervisor en la estación de la Patrulla Fronteriza en Naco, Ariz.
A sus espaldas, en una celda en el centro de procesamiento de Naco,
Jesús Francisco Ordóñez, un mexicano de 30 años, dijo que las
iniciativas del gobierno de reforzar la frontera no serán impedimento
para personas como él, que buscan un mejor futuro para su familia.
"Venimos aquí a trabajar", dijo Ordóñez. "No venimos aquí a hacer daño".
elondono@aldiatx.com